La Revolución soy yo

Por: Alejandra K.

¿La revolución está llegando a su fin? Esa es una pregunta que inquieta a más de uno en los días de incertidumbre que atraviesa Cuba, cuando se encuentra a solo unas pocas semanas de tener que elegir a los hombres y mujeres que dirigirán los destinos de nuestro país por los próximos cinco años.  Por primera vez en todo nuestro período revolucionario tendremos una elección en donde la dirección histórica, aunque formará parte, no serán los que ocupen los principales cargos del estado y del gobierno.

En este escenario a más de uno le asalta la incertidumbre de cuál será el futuro que correrá esta isla, que además está envuelta además en una férrea y constante campaña de descrédito y amenazas en donde enemigos confesos y otros no tanto de nuestro proceso, profetizan al mundo que “a los comunistas nos está quedan poco” y venden el llegar de una “Cuba nueva”, una “Cuba Posible”, una Cuba capitalista. Pero hay algo que nuestros adversarios ignoran y que a veces a algunos de los nuestros también se les olvida, la REVOLUCIÓN, no fue Fidel, como no es hoy Raúl.

Estas palabras pueden molestar a más de uno, pero deberán ser tan ciertas como tan francas si queremos sobrevivir a lo que viene. El propio Fidel se encargó de advertirnos en lo en los primeros años de la revolución,  donde para la gran mayoría era imposible pensar en esta sin él. Pero hoy ese momento ha llegado y sus palabras son más importantes de lo que lo fueron en aquel entonces, pues es ahora cuando es necesaria tenerlas presente.

Desde el inicio de nuestro proceso, decir Fidel, decir Raúl, decir estado, decir gobierno, decir partido, es decir Revolución. Pero bajo esta idea se construye un pensamiento distorsionado, el cual delimita a solo estas personas o instituciones el todo proceso, excluyendo muchas veces en la apariencia la parte esencial del proceso, que no es más que las profundas y complejas trasformaciones que en el ocurren.

Ninguna trasformación social, dígase lo que nosotros entendemos por “la revolución”, puede ser determinada por una persona o por un grupo reducidos de estas. Pues una trasformación, si es verdadera, involucrará y arrastrará a todos y cada uno de los sectores de una sociedad, convirtiéndolos no solo en parte del proceso, sino que los convertirá a ellos mismos en el proceso. Y eso es lo que pasó aparentemente en Cuba, la guerra insurreccional que coronó en la derrota de la dictadura bastitana, devino en un proceso social que aunque personificado en la figura de Fidel, era mucho más grande que una sola persona, era del tamaño de pueblo que la llevaba adelante, o al menos eso pensamos.

El día 19 de abril cuando quede establecido el nuevo gobierno que dirigirá la vida de cubanos y cubanas por los próximos 5 años, se pondrá a prueba la fortaleza de nuestro proceso y si verdaderamente estamos en condiciones de llevarlo adelante sin las figuras que le dieron comienzo.

Esta prueba  que será constante por los próximos años, será sin dudas el criterio de valoración en el futuro de los años pasados, si el proceso revolucionario es revertido en los primeros años tras la salida de la generación histórica, eso será señal inequívoca de que este proceso nunca logró ser algo más allá que las personas que lo impulsaron, lo que diría bien poco de los años de esfuerzo y sacrificio que nos ha costado llegar hasta aquí.

Queden electos quienes queden, llevarán sobre si un inmenso compromiso y responsabilidad, mucho mayor de los que los podrían suceder, pues es ahora donde el futuro se dibuja más incierto y donde para muchos solo lo conocido es sinónimo de seguridad.

Mayor aún será la responsabilidad del pueblo, del ciudadano de a pie, que sin representar su vida, en la mayoría de los casos, parte significativa del proceso deberá tomar sobre si el inmenso compromiso de perpetuarlo, de ser continuadores del mismo.  Si los electos fallan, si los grandes traicionan, si los más comprometidos se des-comprometen, es en ese momento crucial donde todo se define, es ahí donde no basta con esperar intrusiones -que puede ser que nunca lleguen-. Es ahí que hay que hacerle caso a Fidel, y gritar con hechos y palabras a todos “La Revolución soy yo”.

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