La necesidad de un “hombre nuevo”

Por: René Portuondo

“Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada.”

Che

Entre las muchas ideas que hoy relacionamos con la figura del Che, resalta su convicción de la necesidad de un “hombre nuevo” que se forme y a la vez impulse el desarrollo de la nueva sociedad socialista. Esta idea ponía nuevamente al hombre en el centro de las trasformaciones. Se alejaba de las concepciones deterministas y productivistas del socialismo soviético, el cual entendía la construcción socialista: 1-) como una tarea de desarrollo de las fuerzas productivas, 2-) como resultado natural del desarrollo de la humanidad tras un el “inminente” colapso de la sociedad capitalista, que sucumbiría por sus inmensas contradicciones.

Al pasar de los años la idea del “hombre nuevo” fue mutando, pasando de una generación a otra de revolucionarios, siempre atada a la icónica figura del Che, que le daba un manto místico y de caballería andante -como todo lo relacionado con el Che-.

El hombre nuevo del socialismo a pesar de sus muchas interpretaciones, es la expresión más palpable de una relación que ha estado siempre a lo largo de cualquier trasformación social: el cambio que necesariamente sufren aquellos que la llevan adelante y cómo hacer que esta se generalice más allá de aquellos.

El hombre nuevo es la primera piedra de la concepción de que el socialismo no es solo una forma diferente de repartir el excedente, sino es también un sistema capaz de crear las bases de su propia reproducción, su base material, pero sobre todo su base humana.

Todos los sistemas socioeconómicos se han estado caracterizado por una forma muy específica de organizar su producción, pero también por un tipo único de ser humano que genera ese tipo de organización. El hombre de periodo feudal y el hombre periodo esclavista, poco tenían que ver con el hombre bajo el capitalismo, no solo por el desarrollo de las tecnologías, sino porque el ser humano carece de un determinismo genético que lo fuerce a ser de tal o mas cual forma, la conciencia del ser humano es solo un producto de su entorno social.

En las épocas más modernas, los defensores de un capitalismo eterno y los promotores del capitalismo como “orden natural de las cosas” defienden su tesis de que el ser humano es por naturaleza de la forma que se nos presenta bajo las muy específicas condiciones del capitalismo. El hombre económico de Adam Smith, es el primer intento de construir dentro de la economía un concepto de sujeto, que faltaba en muchas de la teoría de su época. Lo que se le ha olvidado a los heraldos del orden natural, es que ese hombre económico no surgió flotando del aire ni bajo de una nave espacial, sino que se fue gestando a lo largo de muchos años en donde las relaciones propias del capitalismo fueron naciendo en las entrañas del régimen feudal.

Al igual que el hombre económico smithiano, el hombre nuevo del Che, es el intento de esbozar una concepción de sujeto para el socialismo, no tanto aquí desde un punto de vista económico, sino también social, cultural, moral, etc; es la idea de un ser humano pleno y diferente al que se produce a lo interno de las relaciones de producción capitalistas. No es el ser que inicia la revolución y el cual es en su gran mayoría es más parecido a la sociedad que trata de superar que a aquella que quiere construir, sino aquel ser que se forma dentro de esa nueva sociedad, la potencia y la desarrolla.

El hombre del socialismo no es solo una fase de la construcción del socialismo, es su necesidad más imperiosa y al mismo tiempo la vara desde donde se mide qué tanto hemos avanzado en esas trasformaciones, dejando atrás al hombre fragmentado que se produce a lo interno del capitalismo.

No es una tarea que podamos dejar para mañana, ni tampoco que podamos ponerla en un plan de trabajo para el próximo quinquenio. Construir un ser humano nuevo no es como construir un nuevo hotel, aunque haya algunos que lo vean así y hasta le den más importancia a lo segundo.

El hombre que es producido por sus circunstancias solo es consciente de la trasformación que en ellas se ejerce, produciéndose entonces como un ser diferente, si es al mismo tiempo el productor de esas circunstancias y no un mero espectador de las trasformaciones que otros deciden y operan. El hombre nuevo es el producto lógico de una sociedad nueva, su existencia nos confirma o nos niega la existencia de esta nueva sociedad.

El Che era firme defensor de ese hombre nuevo, de ese hombre socialista del siglo XXI. A ese hombre no lo encontró en sus viajes por la Unión Soviética, ni por la deslumbrante RDA, ni la disidente Yugoslavia. Era el hombre que esperaba que surgiera en una Cuba socialista, no viciada por el veneno que ya comenzaba a infestar a aquellas revoluciones por los resultados de una incorrecta aplicación de la lógica de la vanguardia.

Pensar en el hombre nuevo sigue siendo pensar en crear las condiciones que permitan su reproducción.

 

 

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