Diplomacia buena y diplomacia mala

Por: Miguel Alejandro Hayes Martínez

En estos días está de moda en el seno de nuestra sociedad acusaciones a una serie de personas que han adquirido algunas comodidades en su vida. Según sus detractores, es condenable su postura diplomática para la obtención de tales condiciones.

Debido a que no es precisamente el fanatismo político o la metafísica de izquierda-derecha algo con lo que ocupo mi pensamiento, me atrevo sin distinción, ha cuestionarme la diplomacia en general.

Es un hecho que desde los surgimientos del hombre, los diferentes pueblos y culturas han tenido que conectarse y negociar (en un sentido amplio de la palabra). No todo fue conflicto armado, y los espacios vacíos los ocupó el comercio y el diálogo. Estas negociaciones de límites, reglas, acuerdos y alianzas se mantuvieron en mayor o menor medida y alcanzaron su madurez y mayor complejidad con los estados burgueses modernos.

Así, como casi toda profesión, en el capitalismo surge todo un arte necesario para el equilibrio de las naciones del mundo, la diplomacia. Si bien hubo un Marco Polo, un Casanova, fue el estado moderno burgués quien más desarrolló la diplomacia y así lo hizo notar en su enmarcada división social del trabajo.

Pero el mundo no se detuvo, las transformaciones sociales abrieron su alternativa al capitalismo, y con él, esa modernidad socialista. La cosmovisión socialista, no daba tregua al burgués, porque se pasaba el tiempo preocupada porque este empujaría al capitalismo de nuevo. Mucho de ese sistema capitalista debía ser replanteado, incluyendo esa división social del trabajo que se subordinada al gran capital.

De entre esas trascendentales mentes del socialismo están esas que impulsaron el estructuralismo como cosmovisión, como el genio Trotsky. Dicho estructuralismo, conducía a ciertas visiones que entendían cómo se reproduce y se auto-producen los estratos y grupos sociales a la par que se reproduce la producción social.

De ahí, que se pensara-con mucha objetividad- que la forma en la que alguien encuentra como reproducirse favorablemente como individuo concreto dentro de una sociedad, quiera seguirla haciendo y mantenerse en esa condiciones. Algo tan sencillo, como que quien esté cómodo en una sociedad, intentara conservarse dentro de esta. Esto puede convertirse en un peligro.

Volviendo al socialismo, ¿qué ocurre en el socialismo cuando ese instinto de reproducción se manifiesta en determinados grupos o clases dirigentes en el socialismo? El Che afirmaba que el mayor enemigo de una revolución es precisamente la comodidad.

Ese revolucionario acomodado, con casa grande, chófer y demás, está en riesgo de preferir reproducirse en su comodidad, y no  continuar y ser parte de la transformación social, incluso aceptando el momento en que deje de ser figura dirigente.

Entre las primeras tareas-actividades- que generan ese acomodamiento en el socialismo, es esa de la diplomacia. Si bien esta es muy necesaria y ha dejado grandes huellas en la historia, la propia dinámica de vida del diplomático en el socialismo, lo aísla, lo separa de esa realidad generadora interna que condujo a la revolución. Este, está más cerca del discurso de la revolución que el de la existencia o no de la realidad que generó esa revolución. Comprendo su necesidad, pero ya el genio del socialismo Trotsky afirmaba: ” La verdad es que no acierto a comprender que haya revolucionarios a quienes tanto gusta ser embajadores y que nadan en el nuevo ambiente social en que viven como el pez en el agua. “

La diplomacia socialista, nació no muy distante de la burguesa. Creó un rol que daba espacio a aquellos del arte de la palabra, de tendencia a la demagogia. Mientras todo un pueblo se esfuerza por construir el socialismo, esa clase diplomática disfruta del encuentro burgués. Creo que debería reconceptualizarse como debe ser ese diplomático socialista.

Hasta ahora, esos acomodados  que mencionábamos al inicio hacen lo mismo que un  diplomático socialista(o burgués): intentar mejorar sirviéndose de un discurso, sin embargo solo estos son atacados o acusados por tal actividad. Creo que solo los diferencia- a los socialistas-, que unos están autorizados a ejercer la diplomacia y los otros no.

 

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