La corrupción y algunas de sus aristas (I)

Por: René Portuondo

 

Es difícil hablar de corrupción en Cuba, pues casi todos los cubanos hemos tenido-o tenemos- alguna necesidad que se ha visto resuelta en el mercado negro. Este, como todos saben -aunque a veces lo ignoren- se nutre de las  desviaciones que ocurren de recursos del sector estatal. Estas, muchas veces no solo nutren el inmenso mercado paralelo de medios de consumo, sino también muchos de los insumos de las actividades del sector cuentapropista-o privado- por brindar mejores precios.

De la corrupción que trato aquí es la que está centrada en las capas intermedias y bajas del aparato administrativo y empresarial cubano, que en su mayoría es  la más difundida y la que mayor impacto tiene sobre la vida económica y social del país.

Para no caer de partir de generalizaciones, ilustraré con un ejemplo. Existe en Cuba -y fundamentalmente en la Habana- el problema del desvío de los portadores energéticos-combustibles-, tales como petróleo y gasolina. Este ha sido ampliamente tratado por los organismos rectores de la política económica de la provincia y por nuestros medios de comunicación, pero la solución al mismo se vislumbra aún muy distante.

Centrémonos en un sector: los taxis privados. Es casi imposible estimar cuánto es el desvío real que ocurre de instituciones estatales para surtir este gran mercado negro, es por ello que quiero mostrar el otro lado de la cuestión: la demanda de combustible de esos taxis privado[1] .

En la Habana circulan cada día cerca de 5000 boteros en sus diferentes rutas y formas (para extranjeros, para cubanos a 10 CUP, o carreras de 5 CUC. Cada uno de estos boteros consume como promedio -según una estimación conservadora- cerca de 20L diarios de combustible, lo que por los 5000 existentes hace un total de cerca de 100000L de combustible diario. Anualmente esta cifra -descontando domingos y festivos que no se trabaja a su pleno potencia- es de 300 días, daría un total de 30 millones de litros de combustible, solo para la Habana y para este sector específico.

La gran mayoría -por no decir todo- de esos 30 millones de litros salen del sector público, desviados hacia el mercado negro en donde se cotizan a un valor entre 8 y 12 CUP (utilizando la estadística digamos que con media en 10 CUP). Esto significa un valor total anual de casi 300 millones de CUP circulando en el mercado negro solo en compra de combustibles desviados de las instituciones del estado.

En cifras frías, lo anterior representa -solo en lo que deja de ganar el estado por la compra de este combustible en los CUPET- un monto de cerca de 30 millones de CUC anual, solo para la Habana. Aquí haremos abstracción de los incumplimientos y prejuicios que puede traer para el sector estatal estas desviaciones, tomando por un momento que esto no daña el desempeño de ninguna entidad estatal, para no tener que caer en el cálculo de estas pérdidas.

La oferta se origina por la desviación de combustible asignado a rastras, camiones, trenes y otros vehículos estatales, además de maquinarias, como grupos electrógenos entre otros que tienen una asignación de combustible; acto realizado  por la acción individual de muchos de los operarios y responsables de dicho bien. No es posible hablar de una organización estructurada para el desvió sistemático de portadores energéticos-al estilo mafia organizada-, pero sería una ilusión infundada no percatarse que en un negocio que mueve cerca de 300 millones de pesos anuales pasa desapercibido a ojos directivos y funcionarios.

Ese combustible a bajo precio del mercado paralelo permite obtener márgenes de ganancia muy jugosas para dueños, choferes de estos taxis y los costos de los mismos;  permite mantener el precio de 10 CUP para cubanos -alto para una inmensa mayoría- pero que podría ser mucho mayor en una estructura de costos multiplicada por 4 como ocurriría si todo el combustible tuviera que ser comprado a los precios actuales del mercado estatal.

Este hecho crea una complicidad muy fuerte entre el que desvía el combustible, el que lo vende, el que luego lo consume en su negocio y el que luego consume esos servicios, crea una aceptación tasita de esa actividad ilícito. Todo el mundo sabe que el petróleo no se obtiene de maneras lícitas, pero eso no impide que la gente se monte a las 7:30 de la mañana en un botero, al mirar la opción de un P a esas horas. (No abundare más en este tema aquí pues, sobre esta aceptación social tácita del robo y otros temas relacionados será la segunda parte de este post)

Siguiendo con las estadísticas, esos 300 millones, significan 30 000 salarios anuales medios (tomando a 687 el salario medio), a la par que corresponde con el 0.6% del dinero que oficialmente esta circulante en la economía cubana en CUP según datos de la ONEI para el año 2016 en donde el Circulante Monetario fue de cerca de 45 000 000 000 CUP. Poniéndolo en perspectiva podemos ver de que no hablamos de cifras pequeñas, aunque en comparación con toda una economía si puede parecernos minúsculo.

Aun así esos 300 millones forman parte de la canasta de consumo probablemente de cientos de familias y tienen un efecto expansivo muy fuerte en la economía, al menos de La Habana, puesto que de ese dinero se destina en su mayoría a compras tanto en el sector estatal como en el mismo sector privado

Ahora ese monto de 300 millones que es solo la parte superficial de este gran negocio, multipliquémoslo por todos los taxis del país, y por todos las diferentes malversaciones que ocurren en la economía nacional y nos quedará un panorama bastante triste de lo que podría ser nuestro futuro si no hacemos algo pronto. Peor aún nos daremos cuenta del peso que tiene en nuestra economía el mercado negro, que representa sin lugar a dudas más del 30% de nuestro PIB y llegaremos a una conclusión que es aterradora, nuestra economía en las condiciones actuales necesita el mercado negro, el cual yo no defiendo, pero no puedo dejar de reconocer su papel en las actuales circunstancias.

 

[1] Estudiamos la demanda pues en un modelo agregado, oferta = demada. Esto ocurre puesto que todo acto de compra es a la misma vez un acto de venta. Como es imposible estimar cuanto se sustrae realmente del sector estatal, se estima entonces cuanto compran los taxis privados en base a sus necesidades y luego se extrapola esta cifra partiendo del supuesto que estos combustibles en el mercado negro tienen origen en el sector público de la economía. No es una estimación perfecta pero sirve de un referente aproximado.

 

 

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