No me aferraré al triunfalismo de “se avanzará” solo porque sea de izquierda

Analizando el triunfo de la izquierda latinoamericana con Andrés Manuel López Obrador

Por: Miguel Alejandro Hayes Martínez

Todavía recuerdo esa elección donde AMLO perdió oscuramente contra Felipe Calderón. Tras tantos años, en un momento donde la izquierda regional va perdiendo espacios de poder frente a derechas, una nueva esperanza -cargada de especulación y sensacionalismo- rodea la futura gestión del recién electo presidente.
Después de intentar no contaminarme con la avalancha de escritos sobre el tema, me pregunto hasta qué punto toda esa aura que ahora lo rodeo, no será más de lo mismo, de ese espectáculo que se montan los medios alrededor de los políticos. Presiento que esta historia ya yo- y muchos más-la hemos vivido.

Una vez, conversando con un destacado activista social cubano, este me recordaba lo mucho que necesita el hombre aferrarse a algo. Quizá de esta tendencia llevada a sus límites, surgen los fundamentalismos, los extremismos, los fanatismos y el dogmatismo. La producción de realidades y contextos políticos, no escapan de esas tendencias.

El excepcionalismo norteamericano, en sus variantes izquierdistas es un vivo ejemplo de ello. Este no se limita de pensar lo bueno que hubiese sido el mundo de continuar Kennedy, avanzando con el acercamiento iglesia católica y una “desmilitarización”. También está el caso del cual se alardea lo que hubiese sido como presidente Wallace. Sin embargo, el primero redujo los gastos atómicos para mejorar al ejército regular, y el segundo, bien bailaba respecto a temas como el racismo. Pero la leyenda prevalece.
Mucho se dijo sobre el depuesto Arístides, un hombre que se venera hoy en Haití de forma tal, que recuerda la mítica figura de Mackandal al más puro estilo de Carpentier. Tal presidente de izquierda, sin embargo, fue partícipe de esos pasos neoliberales que tanto han afectado la agricultura de ese país. Otro más, que no iba a hacer gran cosa, pero que se mitifica.

Si salimos del continente -para no ser duros-, hay que mirar a Europa. Vimos un Tsipras arrasando, -identificado con Cuba y todo-, y bueno, todo el mundo sabe el trágico final: más rollo que película.

Otro caso de una izquierda que perecía comerse el mundo, es Podemos. Primero con un Monedero con debilidades para sostenerse en la palestra política y ahora Iglesias, que si bien me agrada bastante, no solo cambió su imagen, sino que recientemente rompió con su discurso de indignado para adquirir su aburguesada y millonaria casa.

Podría seguir recordando casos, pero creo que está un poco claro. Hasta ahora esa izquierda no ha podido cumplir -al menos- la expectativa de aquellos que se aferran. Salvo raras excepciones, las mejoras sociales han sido pan de hoy y hambre de mañana. Por lo que esa gran restructuración social que se promete no ha sido cumplida. Entiendo las limitaciones de esos grandes políticos de izquierda, unos por no poderse enfrentar al poder imperial desde una pobre nación, y otros por enfrentar al gran capital desde adentro para quedar inmóviles.

Creo que esa historia enseña algo. De todos modos la sabia de Marx es clara: el trabajo se subordina al capital. El capital imperial hoy es cada vez más fuerte. México es esa nación que como ya se dijo, es digna de lástima, tan cerca de Dios. No me conformo con las buenas intenciones de un candidato ganador en México. Muchos como él no han podido con el poder al que enfrentaron. No creo que esta vez, un candidato electo en un sistema de juego burgués vaya a romper la dinámica de los poderosos. Esa historia ya la viví, no me aferraré al triunfalismo de “se avanzará” solo porque sea de izquierda, porque hace falta mucho más que eso.

De todos modos, si ese gobierno lograra subvertir ese estado de las cosas tan corrupto y desigual de su país tuviera éxito y lograra cumplir esas promesas, deberíamos replantearnos el papel de la revolución socialista.

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