Catolicismo e independencia (I)

A 150 años del histórico grito de Yara

Por: Julio Pernús
La verdad suele alumbrar los parajes más recónditos de la vida, por lo que no avanzamos mucho si pretendemos enterrarla; de seguro, al final resucitará y seguirá marcando los destinos de nuestra historia. El año 1868 podía haber sido uno más dentro de la realidad colonial cubana, pero un aristócrata bayamés, Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo, decidió insuflar de amor su corazón y arengar a todo un pueblo a pelear por su libertad. Enorme gesto de valor, que lo incrustaría para siempre dentro de los anales del independentismo cubano y lo haría en lo adelante convertirse – luego de hacernos saber que Oscar no era su único hijo- en el “Padre de toda la Patria”. Con este ensayo intentaremos dar algunos elementos sustanciales del papel de la Iglesia católica dentro del proceso independentista cubano.
Como casi todo suceso histórico, la materialización del vínculo del catolicismo con el alzamiento de La Demajagua, debe ser comprendido de forma procesal. Ya que aquí hay bastantes historias por donde cortar. Aunque parezca bien lejano, nuestro recorrido se inicia en el año 1492, cuando la Iglesia católica llegó junto a los colonizadores a la tierra más hermosa vista por ojos humanos. Los primeros frailes que arribaron a Cuba tenían como misión lograr una fructífera evangelización de los habitantes nativos, considerados en aquel entonces, personas sin alma. La desaparición delosaborígenesyladestruccióndesuculturaoriginalenfaseprimitivadedesarrollo,nos remiten a una realidad muy compleja donde se hace notar el uso de la fuerza en pos de la imposición de una fe.
Los colonizadores explotaron sin piedad a las tribus que subsistían en nuestra Isla, por lo que fue ríspido sugerirles un acercamiento a la religión cristiana en medio de un exterminio masivo, en función de la búsqueda insaciable de riquezas. La defensa de los aborígenes encontró en Fray Bartolomé de las Casas , encomendero convertido por la predicación de los frailes dominicos, a una figura histórica relevante; él supo articular su accionar en favor de aquellos seres considerados casi como un instrumento más de trabajo. Esto es algo que siempre debe guiar un pensamiento reflexivo de la Historia, la comprensión de los hechos en su contexto. En esta etapa es innegable que hubo una instrumentalización forzosa de la evangelización como método coercitivo de apoyo al poder. Y que figuras como el fraile Montesinos o el propio las Casas, no eran mayoría dentro de los religiosos misioneros.
Tras el aniquilamiento de los pobladores autóctonos de Cuba, comienzan a llegar de forma forzada provenientes de África, miles de hombres y mujeres de piel negra. Durante casi cuatro siglos la esclavitud negra en la Isla fue lo que José de la Luz y Caballero llamaría en el siglo XIX: “nuestro veneno, nuestra lepra social, nuestro pecado original” (1).Los clérigos establecidos en la “Mayor de las Antillas” asumieron la esclavitud casi como un fenómeno natural de aquellos tiempos. Aunque no podemos deslindar la importancia de pensadores católico como el sacerdote cubano José Agustín Caballero que al iniciarse el siglo XIX, firmaba bajo los seudónimos del “Amigo de los encarcelados” y “El amigo de los Esclavos” (2) . Él, dio un ejemplo de acción social más allá de las doctrinas eclesiales, abogó por una gradual abolición de la esclavitud y por la consecución de un gobierno criollo.
Entre los pupilos a los que les sembró las semillas de la igualdad, justicia e independencia destacan: José Antonio Saco, Félix Varela y José de la Luz y Caballero. A pesar de notables excepciones que abogaron por erradicar el flagelo de la esclavitud, el propio documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), desarrollado en 1986 hace notar en su escudriñamiento de la historia eclesial que: “faltó, por parte de la Sede Apostólica y de la mayoría de los moralistas, una condena explícita del comercio y esclavitud de los negros.” (3)
Un espacio diferente dentro de toda la nación cubana del siglo XVIII y XIX es el seminario “San Carlos y San Ambrosio.”Allí, “por primera vez, cobra expresión consciente y clara la voluntad de mirar los problemas de Cuba con ojos cubanos. Esa mirada crítica tendrá como medida y patrón el cambio de la realidad desde la labor eclesial.” (4)
La figura del sacerdote cubano Félix Varela en esta etapa de nuestra gesta colonial siempre debe ser recordada por su defensa coherente de la patria. Hombres como él y José de la Luz y Caballero, fueron capaces de descubrir y enjuiciar aquellos males que afeaban el rostro de la preciada joya colonial española. Ellos desde su coherencia de fe y patriotismo denunciaron las calamidades a las que eran sometidos los negros, y abogaron por una abolición gradual, (no podemos obviar que persistía el temor de vivir en Cuba una réplica de la Revolución Haitiana).También exigieron una independencia inmediata de la metrópoli. Pero se hace necesario seguir interpelándolos desde aquella lejana realidad, porque cuando intentamos hacer historia de las mentalidades no podemos sumergirnos en etiquetar de un solo color un hecho histórico siempre matizado por luces y sombras.
Una gran parte de los intentos eclesiales con el propósito de tener un clero más criollo, fueron revertidos tras la muerte del destacable obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa: “su muerte fue acompañada de la progresiva suplantación del clero criollo por clérigos españoles, lo que condicionó a mediados del siglo XIX un viraje profundo en la orientación ideológica de la Iglesia en Cuba a favor del estatus colonial.” (5)
Uno de los consagrados que predijo con más claridad la incontenible eclosión de una gesta independentista fue el obispo Jacinto María Martínez, quien escribió en su diario:
“Nosotros los representantes del clero dijimos al gobierno español con toda franqueza lo que habría de resultar de los brutales abusos de poder que se cometían contra los criollos en la Isla. Quisiera Dios expusimos, que un pueblo que ha visto como, solo puede mandar quien tenga más fuerza. No aprenda esta lección y la ponga en práctica algún día. ” (6)
En medio de un proceso complejo de españolización del clero, se producen los históricos acontecimientos del 10 de octubre de 1868 en La Demajagua. La gesta independentista hizo estallar el relativo equilibrio de la sociedad colonial y polarizó todas las fuerzas políticas. En esta etapa debemos destacar que se utilizó la labor de varios sacerdotes y religiosos, para legitimar un mal entendido nacionalismo que utilizó la religión en función de los intereses coloniales. La extrema derecha le cerró el paso a toda corriente de pensamiento contrastante con su línea dura frente a la insurrección. Este ambiente de fuertes tensiones sociales no podía dejar de impactar en las relaciones entre la Iglesia y el Patronato Regio (7) . En la colonia esto representaba una intromisión constante de los gobernadores en los asuntos de la Iglesia.

Notas y Bibliografía
(1) Suárez Raúl (Coordinador); Fe por Cuba; Editorial Caminos, La Habana, 2016.Página 203
(2) Ramírez Calzadilla, Jorge; Iglesia Católica en Cuba; http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Cuba/cips; revisado el 3 de diciembre del 2017.
(3) Documento Final e instrucción Pastoral de los Obispos; Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). Editorial Amigo del Hogar; Santo Domingo, 1988, p. 14.
(4) Monseñor. Polcari Suarez Ramón; Historia de la Iglesia Católica en Cuba; Tomo I, editado por Ediciones Universales de Miami año 2000. P. 203
(5) Cuevas Torres Eduardo: Obispo Espada, Ilustración, reforma y antiesclavismo, página 25; Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990
(6) Ibídem (4) página 236
(7) Instrumento por el que se regulaban las relaciones entre la Iglesia y el Estado, de hecho situaba a la institución eclesial en dependencia de los intereses políticos de la Metrópoli.
Cuevas Torres Eduardo: Obispo Espada, Ilustración, reforma y antiesclavismo, página 25; Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.
Juan J. Pastrana; Ignacio Agramonte. Documentos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974
Monseñor. Polcari Suarez Ramón; Historia de la Iglesia Católica en Cuba; Tomo I, editado por Ediciones Universales de Miami año 2000. P. 436
Suárez Raúl (Coordinador); Fe por Cuba; Editorial Caminos, La Habana, 2016.Página 203.
Ramírez, J; Impactos de las guerras independentistas en el campo religioso cubano, en revista Temas, La Habana, no. 12 y 13.1998.
Ricardo Segreo Rigoberto; Iglesia y Nación en Cuba (1868-1898); Editorial Oriente; Santiago de Cuba año 2012

Datos del Autor: Julio Norberto Pernús Santiago; 29 años, Licenciado en Comunicación Social por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de la Habana. Expone su Maestría en Historia Contempérame y Relaciones Internacionales el 15 de Junio de 2018. Redactor de Vida Cristiana.

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