El turismo y el desarrollo de la economía cubana

Por: Rene Portuondo

Desde la década del 80s del siglo pasado se ha venido desarrollando con gran fuerza en nuestro país el sector turístico como uno de los principales ejes de la economía nacional. Desde su modesto desarrollo en aquellos primeros años, pasando por el vertiginoso crecimiento que ha presentado desde los años 90s hasta la actualidad, el mismo ha significado una fuente inestimable de divisas al país, así como ha permitido el desarrollo de otras ramas de la economía que se han beneficiado de su crecimiento. En la actualidad genera un volumen nada despreciable de puestos de trabajos en la economía, tanto formales como informales, y ha potenciado en gran medida el desarrollo del sector privado en áreas, como la gastronomía, la hostelería y el trasporte.
Pero más allá de los beneficios innegables del turismo al desarrollo de la economía nacional, el énfasis puesto en una acelerada expansión en los últimos años, así como el nuevo contexto internacional en que nos encontramos plantea nuevas cuestiones a valorar en vista a su desenvolvimiento futuro.
Como ha sido ampliamente divulgado por medios de comunicación nacional en el año 2018 se presentó una desaceleración de la llegada de turistas al país, que se prevé que termine en iguales cifras que el año anterior, incumpliéndose así la meta de llegar a los 5 millones de visitantes este año. A dicho fenómeno han contribuido en gran medida las nuevas políticas del presidente norteamericano Donald Trump, así como los eventos climatológicos que afectaron al país el año anterior. Aun así, sea cual sea la causa, la realidad es que el sector turístico del país registró una fuerte contracción de su demanda en el primer semestre del año, que ha sido tratada de paliar con una reducción de precios en los servicios ofertados para el segundo semestre. Dicha corrección de precios, se espera que permitirá normalizar el mercado y que se registren tasas de llegadas al país, en este segundo semestre, en un volumen tal que compensen la contracción del primero.
Dicho escenario, como es lógico, afectará a los balances finales de este sector. Una reducción de la demanda en un momento, unido a una redición de precios en otro, no puede traer sino una contracción de ingresos y por ende de beneficios en el periodo. Este hecho traerá sin dudad aún más tensiones en el plan de divisas del país, que en gran medida se construye sobre los aportes esperados de dicho sector. Aun así, este hecho parece no haber afectado los planes de construcción de nuevas instalaciones turísticas (hoteles, marinas y entidades extra hoteleras), que han recibido un impulso mayor en este mismo 2018. La ciudad de La Habana es testigo del inicio de la construcción de varios hoteles en distintas zonas de la ciudad, así como en otras regiones del país continua los planes de inicios de nuevas obras del turismo.
La idea de la construcción de más y más hoteles, así como otras instalaciones para el turismo, queda en consonancia con el modelo de desarrollo extensivo de la economía que antes se siguió en otros sectores como el de la industria cañera, que terminaron por una hipertrofia productiva que llevó a la in-rentabilidad de dicho sector. Dichos planes de construcción, no solo obvia la difícil coyuntura internacional a la que se enfrenta nuestra inserción turística, sino que en gran medida pasan por alto las reservas de eficiencias que aún quedan en muchas de las instalaciones actualmente construidas que operan lejos de sus máximos de capacidad, y por debajo de los que podría entenderse como su rentabilidad esperada. A dicha cuestión se suman los altos costos de dicho sector, que cada vez se ha convertido en más dependiente de la importación para realizar sus operaciones y que ha disminuido su encadenamiento productivo con otras ramas de la economía nacional.
Por un lado, podríamos esperar que la coyuntura desfavorable que actualmente enfrentamos se sobrepase en unos pocos años y que la llegada de turistas vuelva a su ciclo ascendente. Este hecho no solo es posible, sino que es altamente probable que ocurra en un plazo bastante breve. En tanto la segunda cuestión, es mucho más urgente entonces tratar que la primera, además es la única de las dos que está totalmente en nuestras manos solucionar.
La historia de la economía cubana ha venido marcada por problemas estructurales que acarrea incluso desde tiempos de la colonia. La necesidad de la diversificación del mercado interno, de sus exportaciones y el desarrollo de una economía que se desarrolle sin depender de una sola rama han sido problemas constantes. El desarrollo anómalo (“anómalo” en tanto desproporcionando con otras ramas de la economía) de la industria azucarera en un momento dado de nuestro devenir económico condujo a la creación de una industria que subordinó así misma el desenvolvimiento de la economía nacional, al mismo tiempo que se convirtió en una importadora neta de insumos, hecho que a la larga llevaron a su inrentabilidad, en gran medida por el hecho de que no logró sacar adelante otros sectores de la economía que a la larga fueron vitales para su existencia.
Aunque aún este no es el escenario que enfrenta la industria turística en Cuba, parecería que ese es el camino por el que comienza a transitar. Es necesario entender para evitar que dicha situación ocurra, que el desarrollo del sector del turismo no puede ser un fin en sí mismo, su objetivo no puede ser otro que ayudar a levantar otros sectores de la industria nacional donde es realmente que se decidirá el desarrollo de la economía cubana. La capacidad verdaderamente generadora de riqueza del turismo solo se encuentra en su posición de realizador final de las mercancías producidas en el país, mientras el componente importado del turismo exceda sus demandas nacionales, dicha industria no logrará posicionarse como un verdadero motor de la economía nacional.
Es válido señalar aquí, que, en los primeros años de su desarrollo, los insumos de dicho sector tenían un mayor nivel proporcionalmente de productos nacionales que en la actualidad. Sin embargo, en el desarrollo reciente la tendencia ha sido al aumento del componente importado. Aunque las causas de dicho fenómeno son muy variadas, dos sobresalen como fundamentales y complementarias entre sí.
Por un lado, la persistencia de la multiplicidad cambiaria que desincentiva la compra de productos nacionales en detrimento de las importaciones, que aun cambio empresarial 1 por 1, resultan en términos contables más atractivas que las producciones nacionales. Esto se une al deficiente marco institucional de nuestra economía que ha conllevado a la ineficiencia de nuestra industria y agricultura, que en la actualidad no podrían responder desde sus niveles de producción y crecimiento a las demandas del turismo aun cuando se diera total resolución al primero de los problemas planteados.
El crecimiento de la industria turística sin respaldo en el crecimiento de otros sectores, podría llevar a un sobredimensionamiento contraproducente de dicho sector, que sangrará en importaciones la mayor parte de los ingresos del mismo. Lograr que el turismo se encadene con el resto de la economía, es sin lugar a duda el mayor reto de dicho sector en la actualidad. Sin duda mucho más importante y apremiante que la construcción de nuevos hoteles, que solo contribuirán al desbalance en el crecimiento económico del país y abundarán en un modelo extensivo que dejará de lado grandes reservas de eficiencia que aún tenemos en pos de la “locura” del crecimiento por el crecimiento. Es tal vez esta coyuntura, donde el arribo de turistas baja su crecimiento, donde se abren las condiciones para dar un impulso decisivo a otros renglones de la economía, que permitan en un futuro volver a una senda de desarrollo del sector, pero desde posiciones más favorables para un desenvolvimiento armónico de nuestra economía.
La pelea de la economía cubana sigue siendo la misma que hace doscientos años, lograr la diversificación y la eficiencia del sector primario (agricultura), que nos permita luego llevar adelante planes de desarrollo industrial y de servicios, como el turismo, que a la larga permitirán un desarrollo estable de nuestra economía. Apostar por una expansión industrial o de servicios sin la base económica y el marco institucional que permitirá su desarrollo, significará condenar a la economía cubana a la dependencia de las importaciones para desarrollar estos sectores. Seguir por ese camino solo pondrá de manifiesto lo malo que hemos sido al aprender de nuestro pasado.

1 pensamiento en “El turismo y el desarrollo de la economía cubana”

  1. Saludos, gaesa es la financista de hoteles con categoría 5 estrella plus de ese plan. El ministerio del turismo atraves delas asociaciones internacionales ejecutan otra parte. el ministerio de finanzas, que es quien invierte con respaldo del presupuesto, cubano, se encarga del resto??

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