La globalización no es reversible

Por: Rene Portuondo

En los últimos tiempos han tomado relevancia posturas, que defienden que algunos de los sucesos que están ocurriendo en el escenario internacional actual son parte de un retroceso en el proceso de globalización. En gran medida, los partidarios de estas ideas han encontrado aliados en los movimientos nacionalistas que han despuntado en varias regiones del mundo, y que defienden un reacomodo de las relaciones económicas internacionales.
Por una parte, en el plano económico se tiende a argumentar que el crecimiento del comercio internacional ha decrecido en los últimos años, cayendo por debajo incluso del crecimiento de la economía mundial, después de muchos años en donde el comercio crecía a mucha mayor velocidad que la producción. Esto significa que en algunas economías han comenzado a apostar por el incentivo de sus mercados internos en detrimento de un crecimiento desproporcionado de la dependencia a las relaciones económicas internacionales. Por otro lado, se atribuyen a sucesos con un marcado peso político, como el Brexit o la salida de los Estados Unidos de varios de los tratados de libre comercio, como expresiones de un retroceso en las relaciones comerciales establecidas en pleno proceso de globalización neoliberal, lo que pone en cuestionamiento el propio proceso que las creo.
Dicho debate se encuentra hoy en pleno desarrollo, muchos especialistas desde disimiles posturas teóricas abordan la cuestión, que tiende a girar en torno a una pregunta fundamental, ¿está en crisis el proceso de globalización?
La cuestión se torna especialmente difícil por la heterogeneidad del problema. Por un lado, es difícil definir exactamente qué podemos llamar globalización, ya dicha categoría engloba dentro de sí contenidos muy diversos que van desde las finanzas, el comercio, intercambios culturales, tratados políticos entre países, creación de cadenas internacionales de valor, etc. Decir que algunos de esos muchos renglones, se encuentre en retroceso significa un retroceso en el proceso general, puede ser a veces una generalización muy peligrosa. Ciertamente tanto en lo económico como en lo político, se viven tiempos de grandes cambios, pero muchos de esos cambios más que como una reversión del proceso de globalización, podría interpretarse como una restructuración del patrón de globalización seguido hasta el momento.
Personalmente me sumo a los que consideran que el fenómeno de la globalización en términos generales, es algo irreversible y que se encuentra en desarrollo desde el momento del surgimiento de nuestra especie. La interconexión de diferentes grupos humanos, desde los asentamientos más primitivos hasta los más modernos procesos de interrelación a escala planetaria, son parte de un fenómeno fundamentalmente ascendente (en el cual no se niega momentos de retroceso), que se ha profundizado a lo largo del desarrollo de las sociedades humanas.
Aun así, no es menor, tomar en cuenta que los cambios ocurridos en los últimos tiempos corresponden a un proceso de trasformación del modelo de globalización seguido en estos últimos 40 años. Dicha trasformación es respuesta a cambios muy profundos que ha experimentado la economía internacional, muchos de los mismos aparejados al propio proceso de globalización. Es importante resaltar que el patrón de internacionalización seguido desde los años 70s hasta la actualidad, ha venido muy aparejado a las ideas neoliberales en la economía internacional (lo que no significa que el proceso de globalización sea algo indisolublemente atado a dichas posturas) y con Estados Unidos y los países del occidente europeo como principales promotores.
Después de cuarenta años de dicho patrón, se ha consolidado un modelo de tres partes en donde se ha diferenciado una fuerte división de la economía internacional. Por una parte, tenemos a las economías europeas del oeste y los Estados Unidos como los centros financieros internacionales, por otra las zonas del este asiático como centros industriales y finalmente las economías de América Latina, África y Medio Oriente como centros de exportación de productos primarios. Sin duda, la mayor trasformación ocurrida ha significado el traslado territorial de los centros industriales a Asia, lo que ha contribuido a la reducción de los niveles de vida de muchos de los países que antes se encontraban en el centro de la producción capitalista. La depauperación de las condiciones de trabajo y la crisis del modelo de bienestar de postguerra ha significado un duro golpe para el equilibrio interno de dichos países, lo que ha creado un clima de rechazo en algunos sectores del actual esquema productivo.
Parte de este rechazo se ha capitalizado en movimientos nacionalistas que defiende la vuelta a modelos anteriores de desarrollo, e igualmente ha llevado a las altas esferas de la política y la economía internacional, a comenzar a no ver con buenos ojos el crecimiento de las economías asiáticas, fundamentalmente a China por el inmenso peso que han ganado en el equilibrio de poderes a nivel mundial. Aun así, dicho rechazo al patrón de globalización mantenido hasta ahora no significa un rechazo al proceso mismo. En gran medida el interés de grupos de poder en países como Estados Unidos e Inglaterra es redefinir dicho patrón de internacionalización, de forma que puedan volver a ganar relevancia sus economías en las relaciones internacionales y limitar el avance de economías emergentes que ponen en peligro el equilibrio actual de poderes.
Podríamos decir que el interés de los Estados Unidos va más orientado hacia la restructuración unilateral de los procesos de intercambio, en aras de redefinir de forma diferenciada sus relaciones económicas con el resto de los países. En un sistema de relaciones multilaterales de comercio en donde a los Estados Unidos le toque enfrentarse comercialmente a grandes bloques o incluso tener que sentarse a la mesa de negociaciones con varios actores económicos al mismo tiempo, pues su capacidad de negociación se reduce. Sin embargo, a la hora de redefinir relaciones de intercambio diferenciando a cada país, el gran poderío económico que aún mantiene los posiciona en una situación muy ventajosa para obtener tratados beneficios para su economía. Rechazar los tratados colectivos de libre comercio, no significa rechazar el libre comercio en sí, sino el multilateralismo que viene aparejado a dichos tratados y que disminuye la capacidad de decisión de los Estados Unidos en las relaciones económicas internacionales.
Por otro lado, países como Reino Unido se incluyen también en esta puja de reacomodo de las relaciones económicas internacionales. El Brexit, no debe verse como un intento de volver al proteccionismo económico y al mercado interno por parte de algunos sectores de la economía británica, sino como una tentativa de redefinir las relaciones con la Unión Europea, y fundamentalmente con Alemania, de una forma más ventajosa para los interese nacionales.
Por otra parte, China ha asumido las banderas del liberalismo internacional que fueron enarboladas por Estados Unidos y Europa durante los últimos cuarenta años. Y no podría no ser así, pues el desarrollo de ese país está fuertemente vinculado al modelo de liberalización del comercio internacional. Resulta irónico ver que sea un país autoproclamado socialista quien levante ahora las banderas del neoliberalismo puro de las que rechazan incluso algunos de sus propios impulsores. China ha sido sin duda la economía más ganadora del actual patrón de globalización, pues ha desplazado a su territorio una inmensa parte de la industria mundial y de un tiempo hacia acá gran parte también de las finanzas.
Aunque sería interminable la lista de factores que contradicen la idea de una vuelta al proteccionismo como tendencia en las relaciones económicas internacionales, para concluir me gustaría exponer dos que considero fundamentales. Por un lado, la existencia de cadenas globales de valor, que unen en diferentes fases de la producción a cientos de productores individuales en decenas de países. La existencia de dichas cadenas impone la necesidad de un comercio dinámico y creciente y contradice cualquier intento de volver a posturas proteccionistas de forma unilateral. Por otra parte, la aparición y consolidación de mercados globales para un inmenso número de empresas trasnacionales, proceso consecuente con la internacionalización de las relaciones económicas y la redefinición del patrón productivo global, contradice cualquier intento de volver a encerrar a dichas empresas en mercados nacionales. Es muy poco probable que dichas corporaciones estén dispuestas a renunciar a los inmensos beneficios que les proporcionan un mercado global, que ha tenido un inmenso crecimiento fundamentalmente en el continente asiático, que está llamado a convertirse en el mayor mercado mundial en el futuro cercano.
Cualquier intento de volver a un proteccionismo profundo y sostenido, contradice tanto por el proceso de producción como en la existencia de mercados globales a las grandes trasnacionales consolidadas en pleno proceso de globalización neoliberal. Muchas de estas mismas empresas solo tienen razón de existir en un marco de un mercado global, ejemplo de ello son empresas como Google, Facebook o Amazon, que tienen sus bases en un mercado – mundo y que no estarían dispuestas ni podrían renunciar a él.
Unido a todo lo anterior, un dato importante falta por exponer. En un contexto de financierización de las relaciones económicas, el comportamiento de las fianzas internacionales es fundamental para medir el pulso de la economía mundial y sus diferentes procesos. Sin duda en medio de guerras comerciales, imposición de aranceles y despuntes de medidas proteccionistas, se podría esperarque dichos acontecimientos deberían haber tenido una repercusión extremadamente negativa en el sector financiero, pero sin embargo no es así. Las finanzas internacionales se encuentran en un proceso de expansión e interrelación cada vez mayor, mucho de los acontecimientos que han desacelerado el crecimiento del comercio han tenido poca o ninguna incidencia determinante sobre el sector financiero, que se encuentran en un periodo de crecimiento sostenido desde el crack de 2008.
Que existe un intento de redefinir la globalización tal y como la conocemos, eso creo que es bastante posible. Fundamentalmente por la existencia diferentes grupos de poder con la capacidad y necesidad de disputarse en los próximos años el control de la economía internacional. Aun así, el fenómeno de la globalización, sin importar el patrón con que se desarrolle, es imposible de revertir y continuará desarrollándose de forma ascendente en los próximos años.

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