Cultura

Para ella…

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

Las banderas subieron, alcanzaron el tope de las astas como de costumbre, el bullicio habitual se mantuvo, pero algo había cambiado. El pasado jueves el lago principal de la ciudad amaneció diferente: la tristeza se había apoderado de él, y no es para menos, el más hermoso de sus cisnes no estaba. Dicen quienes lo vieron, que en la mañana repentinamente había desplegado sus alas y había partido.

Nadie lo esperaba. Si bien es cierto que desde hacía tiempo no se sabía mucho de esa hermosa criatura, para todos era un auténtico orgullo, un ícono de la nación, un rostro que no podía obviarse a la hora de hablar de la historia de la Isla.

Aunque había sorprendido al mundo logrando mantenerse en el aire con un vuelo glorioso aún a edades avanzadas, lo cierto es que nuestro cisne -sí, así lo llamo, nuestro, solo lo vi brevemente una vez, pero lo siento un poco mío también- hacía muchos años que no volaba. Curiosamente, la majestad de su porte no se perdió, su nado, aunque mucho más discreto, bastó siempre para hacerlo resaltar entre todos los cisnes del lago.

Los años habían nublado su vista, pero afirman quienes lo conocieron que lograba ver el alma de las personas, su aura, su espectro… quizás eso le ayudó a anidar en el corazón de nosotros. Aún con esa limitación, nunca abandonó el lago, se las ingenió para enseñar a volar a otros cisnes, que hoy consuelan a todos al inmortalizar su vuelo.

El jueves repentinamente voló, aunque todos sabíamos que ocurriría tarde o temprano, nos tomó por sorpresa. La gente ha ido al lago hoy, ha hecho largas filas y ha esperado mucho para ver si regresa, pero no… El cielo se niega a devolver a los mortales esa hermosa criatura que tomó, a quien hizo ángel y que ahora le pertenece.

Aunque la gente esto lo sabe, aún sigue escudriñando el cielo, aún es muy pronto para rendirse, aún es muy pronto para conformarse solamente con el dulce recuerdo de ese cisne a quien todos llamaban Alicia…

De Ernesto.

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