Cultura

Sin anécdota, sin drama, sin historia, sin misterio, sin magia

Por: Giordan Rodríguez Milanes

Parece que en Cuba nos detuvimos en el concepto de espectáculo que no pasa de unos cuantos números danzarios, música con apoyo coreográfico y poemas con carácter evocatorio. Todos de gran calidad como entes unitarios, de altísimos quilates interpretativos, pero sin hilvanar un argumento ni explícito ni implícito. Sin anécdota, sin drama, sin historia, sin misterio, sin magia.

Sin eso que le sobra a la ciudad homenajeada, y que la hace distintiva y omnipresente a los cubanos.
Si hubiera tenido discursos y banderitas, (y si no hubiera incluido música de Ernesto Lecuona) hubiera sido una tribuna abierta. Eso sí, con excelente despliegue luminotécnico y pirotécnico (aunque sin una semiosis indexada, como los destellos del Windows Media Player).

También, una fabulosa escenografía en perfecta coherencia con el recién restaurado Capitolio, una visualidad de cinemascope (amén de algunos planillos temblorosos de los camarógrafos) y con la pasión de los artistas.
Seguro a todos le habrá encantado el espectáculo por los 500 años de La Habana.

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