Festival de cine de La Habana

La Red Avispa y la antinomia iglesia católica y revolución

Por: Julio Pernús

En realidad, puede que este artículo solo sea la queja de un comunicador católico en medio de un cine Yara repleto para ver la historia “real” de los cinco héroes. Real entre comillas, porque como se ha dicho incluso en el artículo que analiza la película en el periódico Granma, de Rolando Pérez Betancourt, en toda obra basada en la realidad hay una selección de acontecimientos y personajes, junto a licencias artísticas puestas en función de una dramaturgia y simplificación del argumento. Una corriente relativista de análisis del asunto, diría la editora Alina B. Hernández.
La película tiene la connotación de traer un tema sumamente misterioso al mundo del cine y, desde mi asiento de espectador, considero que lo hace con una visión bastante “neutral”; algo así, como si el director francés, Olivier Asayas, intentara no chocar con nadie, aunque al final su obra terminará siendo juzgada e inquicisionada de mil maneras.
El filme está basado en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría, de Fernando Morais, y a mí, como católico cubano, me cabe la pregunta: ¿era acaso necesario presentar a la Iglesia católica como un núcleo cercano a lo que en la película llaman “la mafia cubano-americana” o “la contra-revolución de Miami”? ¿Qué imagen eclesial pretende vender el director francés con esto? De por sí, entiendo que ninguno de los infiltrados en la Red Avispa sea hombre de fe; no es obligado y, en el contexto en que se formaron, casi era un pecado ser cristiano y revolucionario a la vez; al menos así pensaba la vanguardia política del Partido Comunista allá por la década de los ‘80 en Cuba.

Para ilustrar mis dudas sobre la intencionalidad del guión con respecto al tema religioso, los espectadores pueden observar la escena en que el espía Juan Pablo Rodríguez, interpretado por Wagner Moura, es concertado por uno de sus amigos (miembro de la organización cubano-americana, a ir a un lugar habitual de visita para ellos, a conocer a su futura esposa, interpretada por la bella Ana de Armas. El sitio es una Iglesia católica, cuyo sacerdote, al parecer, tenía buena amistad con los miembros de la organización. La escena no es introducida de forma equivocada, pues la reunión pudo haber sido en cualquier lugar de Miami. Además, para constatar que se quiere dar una imagen de una Iglesia católica como agente de cambio político, se pone al líder opositor, José Basurlo, tomado de la mano con los pilotos de la asociación Hermanos al Rescate, pidiendo a Dios que los ayude en su misión para conseguir un cambio de sistema en Cuba, ya que su organización, según presenta el largometraje, tenía una agenda más amplia que la de rescatar cubanos en el mar.
Igual a otros les pasarán inadvertidas estas escenas, pero, al ser yo un laico católico, me pregunto si era necesario que un director francés alimentara la promoción de ese enfrenamiento cuasi extendido entre la Iglesia y la Revolución. Lo escribo, porque reconozco que la subjetividad humana se construye de distintas aprehensiones y, no sé, pero me gusta pensar que en estas películas hay un mensaje entre líneas. Por eso es bueno aclarar que, al menos en la Iglesia católica, no se le pregunta a nadie su afiliación política cuando pide participar en ella; por tanto, es normal ver en su interior a personas con distintas formas de pensamiento, siempre que no contradigan la fe común que se comparte a nivel de la Iglesia universal.
Uno debe ver las historias contadas en las películas juzgando si son o no parte de una narrativa con acomodamientos de sostenibilidad, pues en una parte de la cultura occidental y como parte de una sociedad secularizada, se echa mano del recurso manido de agredir a las estructuras religiosas clásicas. Estos pueden ser solo algunos matices religiosos de esta película, vista desde una cosmovisión católica. Espero que otros espectadores, al mirar el filme, también se puedan fijar en la introducción del tema religioso dentro de su relato y valorar si es correcto o no, su introducción.

4 Comentarios

  • Sender

    Julio, como mismo dices en tu artículo todo reside en la subjetividad… la iglesia no es culpable de lo sucedido, no creo que esto sea un enjuiciamineto a su papel en la trama independientemente de la posición política que haya tenido algun o algunos católicos relacioandos con la historia real.

    Si quieres verlo desde otro punto de vista muchos matones se encomiendan a Dios para realizar su trabajo (y me parece que es una violación del 5to mandamiento). Dos fervientes católicos pasaron a la historia como los dictadores más crueles de todos los tiempos, uno fue Francisco Franco que se decía enviado de Dios al mundo y el otro era Augusto Pinochet.
    En cuanto lo de Basulto, era más que obvio que quería triunfar en su misón y entonces a quien si no le iba a pedir… Recuerda que muchas de las organizaciones opositoras al gobierno cubano utilizan la religión como una de sus armas ya sea para sumar adeptos o para formar alianzas. Así que independientemente de tu lectura de la película (que obviamente respeto) en lo personal no lo percibí como una agresión o un intento de leer entre líneas, pienso que solo fueron vasos comunicantes para hilvanar la trama de la historia.

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