Festival de cine de La Habana

Silencios, odios y culpas…una muralla

Por: Alberto Miguel de la Paz Suárez

La muerte detiene su paso, marcha con la espalda doblada por la carga eterna de la miseria humana que lleva atada a su espalda. Va callada, profunda la mirada, escudriña y avisa. La muerte ronda la vida de aquel hombre, le mira a la cara, y lo sorprende en cada uno de los espacios y gentes que conforman sus días.
El Muralla ha dejado de ser el ídolo goleador de aquella raza, ahora atrapada en la desidia. Es un estado que los ha transformado casi en misántropos. La estructura social afectada por los vicios (el tráfico de órganos, de droga y la trata de niños) y el juego de las apariencias, los silencios y los miedos.
En este entramado se encuentra pasto el filme Muralla (2018), ópera prima del boliviano Rodrigo Gory Patiño. La transmutación de valores en la comunidad siempre reproduciendo el estado de colonialidad atado aún, cual grillete indeleble al tobillo de Nuetra América.
El filme apuesta por la tendencia noerrealista del empleo de actores naturales, capaces de asumir las cuerdas de la ficción en interpretar con eficacia a su propio yo en un estado bastante similar al que habitualmente es espacio suyo. Alternan con profesionales como Fernando Arze, el Muralla, y Pablo Echarri, siempre eficiente, en el rol del servicio al poder, sustentado en una red de instituciones corruptas e ineficientes.

Muralla es de los filmes que llegan a agradecerle, porque sin búsqueda de espectacularidad sabe responder al ejercicio necesario del audiovisual consciente de visibilizar lo podrido para estimular la generación de mejores escenarios sociales en nuestras tierras, y eso es tarea común. Hagámoslo.

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: