Economía en Cuba

La postergada tarea de pasar a subsidiar personas

Fotografía: Wendy Pérez Bereijo

Por: Rene Portuondo

Sin dudas el año 2018 ha sido uno de los más tensos que ha enfrentado la economía nacional en los últimos decenios. Como ya expresará el ministro de economía en su exposición ante la asamblea nacional; el incumplimiento de las exportaciones y la ralentización de los ingresos del turismo, matizaron el año ocasionando una fuerte tensión en la liquidez de la economía que ocasionó incumplimiento en las inversiones y en las importaciones que afectaron el crecimiento de la economía y el consumo de la población.
En ese marco de tensiones, provocadas por insuficiencias internas y coyunturas externas desfavorables, se refuerza la idea de que en momentos como este la optimización de los recursos con que cuenta el país deben ser una tarea de primer orden. Es por ello que sale a relucir lo poco que se ha avanzado en la reconceptualización del inmenso sistema de subsidios con que cuenta el país y que hace mucho tiempo dejo de ser una fuente de justicia social, para convertirse en un pesado fantasma del igualitarismo que tampoco hace por el desarrollo nacional presente.
Desde el inicio del proyecto de transformaciones, iniciado por el General de Ejército Raúl Castro, uno de los temas más debatidos fue el papel de los subsidios estatales en el nuevo sistema que se reconfiguraba. El propio Raúl llamó la atención en varios momentos sobre la urgencia de la reconceptualización del sistema de subsidios, tarea que se incluyó en el texto de los Lineamientos de la Política económica y social del Partido, en donde el número 173 expresaba “Eliminar las gratuidades indebidas y los subsidios excesivos, bajo el principio de compensar a las personas necesitadas y no subsidiar productos, de manera general”. La puerta a trabajar por el perfeccionamiento del sistema de subsidios estaba abierta.
Aun así, para el año 2016 al término del 7mo Congreso del PCC poco se había adelantado en dicha tarea, los avances más marcados en el proceso se habían dado mediante la eliminación de subsidios y gratuidades “innecesarias” que en muchos casos pasaron a engrosar las filas de producto de venta liberada (no subsidiados). La actualización de lineamientos en el 7mo Congreso recogió dicho proceso en el lineamiento 58 que expresaba: “Continuar avanzando en el cumplimiento del principio de subsidiar personas y no productos, así como en la eliminación de subsidios. Se podrán mantener algunos niveles de estos, para garantizar determinados productos o servicios de uso masivo que lo requieran”
Varios años han pasado desde el inicio del programa de reformas y aunque pareciera que la restructuración del sistema de subsidios era una tarea de inmensa importancia en aquel entonces, a día de hoy sigue siendo una asignatura pendiente. Si bien es cierto que si comparamos el peso que tienen los subsidios a día de hoy con su peso en el consumo de los hogares cubano en el año 2008, nos queda que el mismo se ha reducido notablemente y la tendencia es a que continúe dicha reducción, almenos de forma relativa. Aun así, no podemos dejar pasar por alto que la tarea de restructurar el sistema de subsidios no debe ir solo orientado a su reducción paulatina de los mismo (tendencia que se observa en la actualidad), sino a su reorientación hacia un sistema capaz de cubrir deficiencias en el sistema de distribución con arreglo al trabajo, capaz de garantizar cierto nivel de justicia social y que se destine a quien realmente lo necesite.
Para cumplir dichas metas, lo primero que se debe conceptualizar es el carácter que deben tener los subsidios en el sistema de distribución: O bien pueden funcionar como un sistema que garantice un nivel mínimo de consumo para todos por igual, tal y como viene siendo hasta ahora; o debe funcionar como complemento al ingreso por el trabajo para sectores específicos de la población, que pueden determinarse tanto por situaciones especiales (maternidad, crianza de menores hasta una cierta edad) o por la existencia de bajo niveles de ingreso familiar o personal.

El objetivo final es que los subsidios se conviertan en minimizador de desigualdades, no en fomentador de las mismas. El estado ideal sería aquel en donde sean los ingresos provenientes directos del trabajo o las pensiones los que sirvan de sustento material a la vida de los trabajadores, distribución esta que permita que cada cual reciba según los niveles de trabajo aportado. Aun así, en este punto, los apoyos estatales deberían seguir existiendo como compensadores de las injusticias que aún el sistema de distribución con arreglo al trabajo trae consigo.
Si optamos por defender que los subsidios son un complemento al ingreso por el trabajo, tal cual es la opción propuesta, entonces la tarea continua en identificar especialmente cuales son los grupos que el estado debe subsidiar y cuáles no.
En este sentido, se debería partir por identificar en primer lugar cuáles son los niveles básicos de reproducción de un cubano, entendiendo por ello las necesidades mínimas de consumo de un individuo promedio en Cuba. Este análisis puede complementarse con variables para diferentes grupos etarios, en situaciones de riesgo o desprotección etc.
Estableciendo un nivel mínimo de consumo necesario para cada individuo, canasta básica nacional, exceptuamos entonces de recibir subsidios estatales, en forma de productos subsidiados, a aquellos que reciban un Ingreso Permanente superior a dicho nivel mínimo. Ingreso que puede venir asociado a ingresos personales en forma de ganancia en el sector privado, remuneraciones salariales del sector estatal o privado, remuneraciones por contrato en empresas extranjeras o mixtas, y otra serie de posibles ingresos transables que se obtengan de forma permanente. Aunque el panorama de los ingresos en Cuba es bien complejo, existen ya estratos sociales en los que se puede ir avanzando.
En dicho análisis tendrá que prestarse especial atención, a los ingresos recibidos por concepto de remesas, pues ciertamente no se puede tomar la recepción de las mismas como un componente estable del ingreso de una familia, pues las mismas tienden a ser muy variables en el tiempo y están condicionadas a factores ajenos. Igualmente, la diversidad de sus formas de entrada al país, limita mucho la capacidad de medir el monto real de las mismas y que tanto afecta al ingreso de cada familia. Dejar de recibir subsidios, dado un nivel dado de remesas deberá ser en un primer momento una decisión individual y un acto de conciencia ciudadana.
Hasta ahora esto sería solo una primera etapa, en donde no se logrará identificar quienes son los que verdaderamente necesitan el apoyo estatal, pero si se elimina gran parte de aquellos que no lo necesitan y eso ya es un importante primer paso. Ayudar de mejor forma solo a aquellos que más lo necesitan, reorientando nuestros escasos recursos, es no solo una decisión de justicia impostergable, sino un elemento vital para utilización óptima del fruto del trabajo que todos producimos.

Un Comentario

  • Evelio Barros

    Realmente ese es uno de los tantos incumplimientos del VI Congreso del PCC, se acordo eliminar la libreta que es uno de los aspectos que mas promueve la corrupcion, de donde sale la leche y otros productos que se comercializan en el mercado negro, porque no acabamos de eliminar las bodegas, carnicerias etc ,donde el gobierno paga un salario a trabajadores que solo laboran algunos dias del mes,debemos sustituir esos establecimientos por supermercados, alguien a calculado cuanto le cuesta el MINCIN al pais, OFICODA,etc; los otros dias oi por la TV que hay 80000 trabajadores en el MINCIN, me horrorice,todo eso debe pasar al sector privado o cooperativo y que el estado se quede con los sectores estrategicos( energia,ferrocarriles,metalurgia,etc,etc).

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