Economía Política

Producción, distribución, cambio y consumo

Unas primeras líneas sobre los Grundrisse

Por: Miguel Alejandro Hayes

La dialéctica como método toma totalidades. Con ello, pretende escapar de los aislamientos y separaciones que terminan en el esquema de la mecánica y –por qué no-, en el planteamiento de un Dios metafísico causante del primer impulso que originó el resto del los impulsos.
El auto-movimiento, respuesta hegeliana, conduce a pensar dichas totalidades –diferente de un conjunto de partes, de una sumatoria algebraica, de un conjunto total-. Los nexos dentro una totalidad -determinación inevitable para que sea tal-, llevan a explorar su interior.
En el uso de las herramientas heredadas de Hegel, el pensador que se dijera a sí mismo ser un buen hegeliano, habla del vínculo entre producción, distribución cambio y consumo como orgánicos. Semejante conclusión, más de ciento cincuenta años después sigue necesitando ser explicada para hacer la apropiación correcta de lo que se afirma como el objeto de estudio de la Economía Política marxista. Para ello, es necesario repasar los cuatro momentos en la manera que Marx los expone.
La producción es en todo momento consumo, consumo de las capacidades productivas; y producción que objetiva al consumo pensado, ideado. Pero el consumo, es consumo que “cierra” el ciclo de lo producido, y a la vez es parte de la producción del sujeto que consume –subjetivación-. Ambos momentos, presuponen al otro, y lo median.
También en la producción hay una distribución. Lo es, de los factores de producción. Es decir, la producción presupone una distribución que no es más que una cualidad de la propia producción. Y luego de la producción –en el sentido estrecho-, se da la distribución –otra-, en concordancia con aquella distribución de los factores de la producción, donde también se establecen las proporciones del producto del trabajo –aunque aun no con su forma específica-. Lo que permite afirmar a la distribución como resultado de la producción. Invirtiendo el sentido, puede verse como la distribución, entonces condiciona la producción, y como la misma distribución de los resultados de la producción es la antesala de un nuevo ciclo productivo -al que le corresponde salario, venderá su fuerza de trabajo, al que le corresponde ganancia de capitalista, se apropiará del plusvalor y deducirá de ahí un nuevo capital inicial. Se ve por tanto, la distribución como un mediador entre producción y consumo, es decir, no es ni uno ni otro, pero los contiene a ambos, siendo un poco de cada uno. Es distribución de la producción y del consumo, entendidos en su relación, donde uno media al otro. Así, la distribución, lo es del consumo de la capacidad productiva en la producción, y es la distribución del consumo de lo producido.
Por último, queda el cambio. El cambio, visto como totalidad es la circulación. Este cambio -también mediador- es por tanto, parte de la producción. En la producción hay cambio entre los diferentes factores de la producción –los mismos que estaban distribuidos de una manera determinada-, y del consumo, el momento previo está determinado por un cambio. Y el consumo propiamente, es cambio de la objetivación a la subjetivación. El cambio, ni producción ni consumo, pero sí los contiene a ambos.
Hasta aquí, se pueden tomar algunas conclusiones implícitas en este movimiento de la producción, distribución, cambio y consumo. Lo primero, es que ellas no son lo mismo, pero tampoco constituyen identidades formal abstracta o puntos por los cuales van transitando los resultados de la actividad humana, sino procesos como polos, y que en cada uno de ellos están ocurriendo los otros y sus mediadores.
Cada uno de los momentos presupone el otro. Por lo que en cada uno de ellos, está presente el otro; cada uno es parte del ciclo de realización de los otros; cada uno solo puede realizarse si se realizan los otros. La interdependencia se hace inevitable, puesto que cada momento diferenciado solo puede concretarse si lo hacen los demás. Su auto-movimiento, es ya un movimiento no condicionado por factores naturales, sino por sí mismo, es decir, por el entrelazamiento interno de sus momentos. Donde eso se logre, estamos ante una totalidad orgánica.

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