Economía Política

Tasa de ganancia o patriotismo

Por: Rene Portuondo
Para nadie es un secreto que por concepto de remesas entran anualmente varios cientos de millones de dólares a nuestra economía. Buena parte de estos mantiene un carácter puramente de ayuda familiar, que fue con el que inicio esos flujos monetarios. Pero en los últimos años es cada vez mayor el nivel de inversiones privada que vienen camufladas como remesas y que no logran ser captadas por los sistemas estadísticos del país.
Desde la liberalización del trabajo privado en el año 2011 un número inmedible de dichas inversiones han llegado al país con el objetivo de ser fuente primaria de financiamiento de buena parte de los negocios privados que se han creado. Poniendo en perspectiva algunos datos estimados en el año 2016 situaba las remesas hacia Cuba en el orden de los 3000 a 3500 millones de dólares (1), de las cuales un por ciento nada despreciable tenía como destino ser fuente de inversiones. Tomando que tan solo el 20% de las mismas (las estimaciones la sitúan un poco por encima, en el orden del 35%) tuvieran dicho destino, significaría en los 7 años anteriores, en un cálculo a lo extremo conservador, un monto de 2800 millones de dólares, lo que representa 1200 millones más que lo captado por la Zona Especial de Desarrollo Mariel, que hasta la fecha según los datos aportados en la última Feria Internacional de la Habana (FIHAV) contaba con un capital comprometido de 1663 millones de dólares. Como puede verse es un monto para nadad despreciables.
Y aunque pareciera que estas cifras son alentadoras, me gustaría expresar un par de reflexiones sobre las mismas de cara al un futuro cercano, que se gesta con el nuevo ordenamiento legal del trabajo privado.
Aunque difícil de captar por organismos reguladores, al igual que su origen, es de fácil comprobación que una parte mayoritaria de esos capitales que han entrado tienen su origen en cubanos residentes en el exterior. Algunos de ellos impulsados por los lazos que los unen a su suelo patrio y con motivaciones que trasciende así lo puramente económico. Pero si esta fuera la única forma de explicar el fenómeno del crecimiento de las inversiones privadas exteriores hacia privados en la isla, pues entonces sería más un tema de la sociología o de estudios culturales que de la economía.
Desde la economía la explicación a este fenómeno adquiere un toque mucho menos social, y encontramos en la tasa de ganancia la fuente principal de dichos flujos financieros.
La tasa de ganancia es en términos de la economía política marxista, un semejante a lo que se podría entender en la escuela neoclásica como rentabilidad o eficacia del capital total. Es en términos simples la relación que existe entre la cantidad del capital total invertido y la ganancia generada por este.
Cada rama de la economía cuenta, según diferentes condiciones en que se desenvuelve, con una tasa de ganancia diferenciada, no es lo mismo invertir un capital determinado en coches de alta tecnología que en producción de tomates, cada una devengará diferentes ganancias para un mismo capital invertido. Igualmente, entre distintos países existen diferentes tasas de ganancia media, que están determinada por las condiciones propias en que se desarrolla la producción en un lugar determinado.
Dicha tasa de ganancia tiende a ser menor en los países con un mayor desarrollo de las fuerzas productivas y una competencia más desarrollada, pues ambos factores fuerzan a la baja los precios de las mercancías. El mercado cubano, por sus condiciones actuales de baja competencia y escaso desarrollo productivo, se presenta como uno de los que mayor tasa de ganancia presenta en la región. Dicho de forma sencilla, en muchas ramas de la economía el capital extrae mucha mayor ganancia, en Cuba, en relación al monto invertido que en otros países. Esta alta tasa de ganancia es sin duda el incentivo fundamental de dichas inversiones, que no tienen un origen en el patriotismo renacido de algunos sectores de los cubanos en el exterior, sino en el interés puro y duro que ve en las inversiones en Cuba un beneficio muy superior que en nuestros vecinos.
En estas condiciones han crecido exponencialmente los negocios privados en la isla, que solo en términos de empleo han permitido crear cerca de 400.000 nuevos puestos de trabajos. Y sin duda en tan favorables condiciones seguirían creciendo dicho sector, hasta que la propia caída de la tasa de ganancia fuera la disuasoria a la apertura de nuevos negocios.
Sin embargo, las nuevas regulaciones del trabajo privado introducen límites a la capacidad de dichos capitales a reinvertirse en la isla. El impedir que una persona posea más de un negocio privado, junto con lo propuesto en el proyecto de constitución, de que los nacionales no están contemplados como posibles inversores en la economía nacional, significan un freno claro a la expansión ulterior del sector privado nacional.
Sin entrar ahora en las discusiones de la desigualdad que puede generar -y genera- la existencia de un sector privado, estas medidas pueden traer consecuencias nefastas en el plano económico.
Por un lado, es cierto que para seguir disfrutando de esas altas tasas de ganancias muchos capitalistas cubanos y extranjeros acudirán a testaferros que prestarán su nombre para dicha labor, más si por un milagro, los mecanismos de control logran evitar dichos hechos, la propia naturaleza expansiva del capital forzara a que aumenten su flujo hacia otros destinos para ser reinvertido, inversiones que dejan de realizarse a lo interno de la isla.
Esta situación es aún más crónica al tener en cuenta el origen externo de esos capitales, que ya envían inmensas sumas al exterior en concepto de rendimientos de la inversión.
La imposibilidad de reinvertir las ganancias en nuestro país solo conllevaría a que las mismas salgan del mismo y encuentren en otros lugares condiciones propicias para su colocación. El capital necesita por su propia naturaleza reproducirse de forma ampliada para existir, de no hacerlo dejaría de existir como capital.
Para que no se me mal interprete, mi crítica no es contra los dueños de negocios privados o posibles re inversores futuros, nunca me ha pasado por la cabeza pedirle peras al olmo y hacer pasar por patriótico al capital, lo que si critico es la falta de luz larga de algunos de burócratas que les cuesta ver que medidas como estas pueden añadir más tensión a la precaria situación económica del país.
Esperemos que no se repita nuevamente el hecho de que bajo las banderas de la igualdad lo que repartamos igualmente para todos sea la pobreza.

(1)Triana, Juan (2016): Las transformaciones económicas y sociales en cuba.

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