Entrevista

No dejarse vencer nunca por las circunstancias

Cuando el oficio de ejercer el criterio se convierte en profesión, es sinónimo de que la sensibilidad artística está presente en su oficiante. Fernando Rodríguez Sosa, a través de opiniones certeras, a logrado defender con éxito, una de las aristas más complejas y arriesgadas del universo literario: la crítica.

Sender Escobar: ¿Cuándo conoce la literatura?, ¿fue un hecho fortuito o llegó por alguna influencia directa?
Fernando Rodríguez Sosa: He comentado en otras ocasiones que, antes de aprender a leer, ya “leía” a través de las imágenes de aquellos libros llenos de hermosas ilustraciones que me obsequiaba mi madre. Así, poco a poco, me fue cautivando el libro y la lectura y, desde esa fecha tan lejana en el tiempo, recibir un libro es, para mí, el mejor regalo del mundo.
SE. En sus días de estudiante de periodismo ¿qué obras piensa que fueron fundamentales para su formación?
FRS. Más que obras esenciales en mi formación como periodista, me referiré a autores que, indudablemente, dejaron su huella en esos años en que descubría los secretos de una profesión de incalculable trascendencia en el mundo. En primer término, como es de suponer, me referiré a la obra de José Martí; y no solo a su periodismo –que aún hoy sorprende por su lozana vigencia—, sino también a sus versos, sus cartas, sus discursos, sus poemas y cuentos para niños…, toda una fuente inconmensurable de conocimiento y enseñanza. La obra, tanto periodística como narrativa y ensayística, de Alejo Carpentier es otra de esas fuentes nutricias que me han acompañado y enriquecido desde esos años de formación. No podría dejar de mencionar, igualmente, el periodismo –no muy conocido, por cierto— del Poeta Nacional Nicolás Guillén, las crónicas y reportajes de Pablo de la Torriente Brau, los textos de Gabriel García Márquez y de otros muchos que harían interminable esta relación.
SE. ¿Cuál o cuáles trabajos recuerda como los más difíciles como periodista?
FRS. Siempre el periodista atesora anécdotas relacionadas con el ejercicio de la profesión. Comento dos que conservo en la memoria, ambas vinculadas con la prensa escrita. La primera, la entrevista que, a pocos años de graduado, me encargó la revista Bohemia con el poeta Regino Pedroso, ya por entonces muy anciano y enfermo. Contacté con la esposa del autor de Nosotros, Petra Ballagas, fijamos la cita y al llegar al encuentro, con mi grabadora de casete, cuál no sería mi sorpresa –y mi angustia, lo confieso— al no permitirme usar el equipo. Tuve inmediatamente que cambiar la estrategia, tomar lápiz y papel y comenzar a tomar notas del diálogo. Por suerte, todo marchó favorablemente, la entrevista se publicó, se ha reproducido después en varias ocasiones y ahí nació una fecunda amista con Regino y Petra, que se mantuvo hasta el final de sus vidas.
La otra experiencia difícil fue cuando, en los años 80, entrevisté al pintor Wifredo Lam para la revista Revolución y Cultura. El artista estaba inválido, con dificultades para comunicarse, pero aceptó conceder la entrevista. Fue un proceso largo y trabajoso. Varias sesiones de conversación –algunas hasta en el hospital donde lo atendían—, pero se logró la entrevista y hasta preparó un original para la portada de la revista que, no creo equivocarme, fue una de sus últimas obras.
Ahora que rememoro estas experiencias, se me ocurre que ambas encierran un consejo a quienes se decidan por el periodismo: no dejarse vencer nunca por las circunstancias, perseverar siempre hasta lograr lo previsto.
SE. ¿Qué piensa sobre el giro que dio la narrativa cubana a partir de los años noventa?
FRS. Durante años se ha afirmado que Cuba era un país de poetas. Ahora habría que aclarar que es un país de poetas y de narradores. Es cierto que se ha manifestado un enriquecimiento de la narrativa escrita en la isla. Han surgido nuevos escritores y nuevos temas. Me gustaría señalar que en este proceso ha influido la labor desarrollada desde su creación, en el año 1998, por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, fragua de nuevos narradores. Si analizamos los cuentos y las novelas publicados, podremos comprobar que es amplio y diverso el universo temático que abordan esos textos, como reflejo de las realidades, conflictos y problemáticas que acompañan al hombre en su relación con el mundo.
SE. Cómo crítico literario, ¿qué opina sobre el mundo reflejado por dos de los escritores ya imprescindibles de las letras cubanas, los polémicos Pedro Juan Gutiérrez y Guillermo Vidal?
FRS. Pedro Juan Gutiérrez y Guillermo Vidal son dos escritores que han logrado, de manera orgánica y coherente, defender –y mantener a lo largo de sus obras— las esencias de sus presupuestos ideoestéticos. Ambos han creado una literatura que se ha convertido en auténtico reflejo de esos temas que les han preocupado –y ocupado— dentro de la más cercana–y a veces compleja— realidad cubana. Dos autores que, desde miradas diferentes, han enriquecido el panorama de la narrativa cubana contemporánea.
SE. Imagino que no todos los géneros literarios son de su agrado, como profesional ¿qué métodos utiliza para hacer ensayos o prólogos de este tipo de obras?
FRS. No te equivocas. En efecto, existen géneros literario que, personalmente, no son de mi preferencia. Ello no significa, sin embargo, que no los valore y promueva en mis espacios en los medios de comunicación masiva. Sería poco ético, por ejemplo, obviar, por un gusto personal, a la ciencia ficción y la fantasía heroica, con indudables méritos en el panorama de las letras cubanas de entre siglos. Claro, hay que lograr ese justo equilibrio que permita enjuiciar, comentar, reflexionar, más allá de preferencias y gustos personales.
SE. ¿Cuándo decide que va a dedicarse a la crítica literaria?
FRS. No pudiera precisar un momento o una fecha exacta en que decidí dedicarme a la crítica literaria. Sí recuerdo que mi primer texto publicado, luego de graduado en la Universidad de La Habana, apareció en septiembre de 1974, en la revista Bohemia. Era un comentario sobre un libro del periodista chileno Augusto Olivares. A partir de entonces, en la prensa escrita, la radio, la televisión y los medios digitales, me he dedicado, desde diversas miradas, al ejercicio del criterio.
SE. A su gusto personal, ¿cuáles son los diez libros con sus respectivos autores, más importantes de la literatura cubana?
FRS. Sin un orden de prioridad son los siguientes:
1-La Edad de Oro, de José Martí
2-Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro
3-Presidio Modelo, de Pablo de la Torriente Brau
4-El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier
5-Paradiso, de José Lezama Lima
6-Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña, de Eliseo Diego
7-Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde
8-Juegos de agua. Versos del agua y del amor, de Dulce María Loynaz
9-Prosa de prisa, de Nicolás Guillén
10-Juan Ligero y el Gallo Encantado, de Dora Alonso

SE. ¿Piensa que en estos tiempos donde la banalidad y lo superfluo han ganado espacio sobre todo en la juventud, se está leyendo menos?

FRS. Ciertamente hoy se lee menos. Las nuevas tecnologías –sumamente beneficiosas para el desarrollo integral de la sociedad— han limitado el acercamiento, fundamentalmente de las nuevas generaciones, al libro y la lectura. Aunque soy un defensor a ultranza del libro en soporte de papel, no descarto la coexistencia con el libro digital. Lo importante es leer, en uno u otro formato, para así encontrar el placer y la enseñanza que siempre acompaña a un buen libro.
SE. Por último, ¿qué opina de la relación sociedad-literatura?
FRS. Como se conoce, el hombre es un ser social. Su accionar está indisolublemente relacionado con la sociedad. La literatura, como expresión del hombre, tendrá, por tanto, ese vaso comunicante con la sociedad. Siempre he considerado que la literatura es reflejo, en mayor o menor medida, de las realidades y conflictos, de la época y el entorno, de quien la escribe.

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