Historia

Protesta de Jarao, una historia poco conocida

“El hombre de Hornos de Cal no tiene igual entre los que protestan de la paz. Con menos recursos que Maceo, menos prestigio, menos ascendiente, persistió por más tiempo en el gesto supremo y no arrojó nunca un ápice de sombra sobre aquella página que no cede ni ante la hazaña estupenda de Baraguá”
José Martí

Por: Norma Normand Cabrera

Si no olvidado, sí poco recordado es el Coronel mambí Ramón Leocadio Bonachea, quien un año después de la Protesta de Baraguá aun peleaba en los campos de Cuba. Al frente de un grupo de sus hombres se desplegó a ambos lados de la Trocha de Júcaro a Morón, extensa zona de la región central del país que abarcaba Trinidad, Sancti Spíritus, Remedios, Ciego de Ávila y Morón.
Más de veinte mil soldados comandados por el propio General Arsenio Martínez Campos emprendieron una cacería perenne contra Bonachea y sus algo más de cien hombres, que lograron replegarse en la zona de Morón.
Imposibilitados de contener al líder mambí en el plano militar, los españoles lo intentaron en el plano político. Mas fueron inútiles los esfuerzos por persuadirlo de que depusiera las armas. El Coronel José Martínez Fortún, negociador por la metrópoli española, se entrevistó con Bonachea en el ingenio San Agustín, cerca de Zulueta, pero el cubano no cedió en sus principios.
Otros jefes mambises intentaron convencerlo, argumentando el hecho de que con su actitud obstaculizaba las conspiraciones encaminadas a continuar la guerra en otras condiciones; tampoco ellos lo lograron.
Como reconocimiento a su patriótica y ejemplar conducta, Calixto García lo ascendió a General de Brigada.
El 14 de febrero de 1879 fue sorprendido por el enemigo y sufrió grandes pérdidas. Tan desigual combate demostró lo prácticamente insostenible de su lucha, por lo que a petición de los patriotas cubanos que se hallaban en el exterior, aceptó salir de Cuba.
Así, el 15 de abril de 1879, en la estación ferroviaria de Jarao, a unos 22 km de Sancti Spíritus, firmó el acta donde declaraba que dejaba las armas sin acogerse a ningún pacto:

“(…) de ninguna manera ha capitulado con el gobierno español ni con sus autoridades ni agentes, ni se ha acogido al convenio celebrado en el Zanjón ni con éste se haya conforme bajo ningún concepto”.

Solo admitió de España que le facilitara los medios para dirigirse a Jamaica, hacia donde partió ese mismo día, junto con sus principales seguidores.
El 7 de julio de 1879, en Nueva York, recibió el diploma de General de División que le otorgó el Comité Revolucionario Cubano. Se convirtió de esa manera en el único jefe militar de la Guerra del 68 que obtuvo ese grado.
No le fue posible organizar una expedición a Cuba durante la Guerra Chiquita, ni Calixto García lo pudo recoger en Jamaica en su expedición de la Goleta “Hattie Haskel”.
Convencido de que existían condiciones para reiniciar la lucha, Bonachea partió de Montego Bay el 29 de noviembre de 1884, en la Goleta “El Roncador”, junto a catorce de sus hombres, con la intención de desembarcar en la costa sur de Camagüey.
El 2 de diciembre de 1884 llegaron frente al bajo de Las Coloradas, en Niquero, Oriente. Buscaban el lugar apropiado para el desembarco cuando fueron sorprendidos por una de las naves que las autoridades españolas habían lanzado en su búsqueda. Tras verse obligados a lanzar los pertrechos al mar, fueron capturados el 3 de diciembre.
Un consejo de guerra español condenó a Bonachea y a cuatro de sus compañeros a muerte por fusilamiento.
La sentencia fue ejecutada el 7 de marzo de 1885, en los fosos del castillo del Morro de Santiago de Cuba.

Fuentes:
Archivo histórico de Ciego de Ávila
Ecured

4 Comentarios

  • Andrés Perdomo Guache

    En nuestra historia abundan los ejemplos de combatientes que no negocian sus principios, y desafortunadamente sucede que a veces no los conocemos lo suficiente.
    Honor a quien honor merece

    • Hayes Martinez

      (es la segunda vez que tengo que escribir el comentario).
      La primera vez que escuché de este patriota, fue en un artículo en el periódico hace varios años. Ahora, nuestra amiga viene a recordarlo

  • Norma Normand Cabrera

    Muchas gracias, Andrés. Es por eso que me he propuesto, desde mis modestos conocimientos, intentar dar a conocer a aquellos que por relegados (ocurre siempre, no es privativo de Cuba) son menos conocidos. Dices bien: todos merecen honra.
    Saludos!

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