Marximo en Cuba,  Opinión

El socialismo real y la realidad cubana

Por: Mario Valdés Navia

El viejo concepto de Socialismo Real -o  realmente existente-, usado en la época de oro del campo socialista europeo como su equivalente, me recuerda, por su pretencioso carácter de exclusividad, los versos de una pegajosa canción cubana de salsa que dicen: “Somos lo que hay (…) Somos lo máximo”. Definir un modelo de socialismo como REAL porque haya sido el único tipo existente en un momento determinado y considerar a todos los demás como falsos, o utópicos, por no haberse podido concretar en una revolución triunfante fue una sagaz iniciativa de los teóricos del socialismo burocrático desde la época de Stalin para intentar justificar y eternizar su status quo.

Según ese razonamiento, el mero hecho de existir a toda costa -y a todo costo- les confería carta de triunfo frente a sus detractores de izquierda (trotskistas, eurocomunistas, guevaristas, etc), a la vez que los ponía en igualdad de condiciones con las potencias capitalistas en la mesa de negociaciones. De nada les valió el subterfugio semántico a la hora de defender su modelo carcomido ante la ira de las masas populares.

En Cuba nunca llegó a generalizarse, ni en el discurso oficial ni en el lenguaje coloquial, salvo en las charlas y conferencias de algunos académicos filosoviéticos. No obstante, hallo que la burocracia cubana le ha encontrado un sustituto tropical en el traído y llevado concepto de la realidad cubana.

Aunque la experiencia histórica de la Revolución Cubana es única e irrepetible –como todos los procesos históricos- y cuando se quiere hablar de ella seriamente no es posible dejar de lado algunas de sus peculiaridades, como el liderazgo histórico de Fidel; el pertinaz conflicto con los EEUU, expresado en el bloqueo económico más largo e impopular de la historia; y la preservación de la unidad revolucionaria, la apelación a las reales y supuestas características de la realidad cubana le ha servido al poder burocrático para justificar muchas de sus andadas.

Así, la realidad cubana parece justificar cualquier desastre económico, desde los bajos rendimientos agrícolas, sea por exceso de lluvias o por sequías -a veces creo necesario que alguien explique a los dirigentes del sector que en Cuba hay dos temporadas, una de lluvia y otra de seca, desde que la Isla emergió del océano en este lugar-; hasta el poco capital invertido en la Zona Especial del Mariel, cuatro años después de su apertura. No obstante, las palmas en esta cuestión se las lleva el tema del secretismo.

Es este un atributo sine qua non de la hegemonía burocrática, cuyo modo de actuación presume del secreteo y la compartimentación, mientras aborrece la transparencia y la rendición de cuentas al público, de forma tal que la burocracia habite en una especie de agujero negro para los extraños. Sin tierras que rentar, capital para invertir, o inteligencia que alquilar, solo puede vivir parasitariamente, de ahí que sus mayores ingresos le lleguen casi siempre de manera subrepticia, ilegal e inmoral, por lo que requiere de una pseudo información económica que oculte las fuentes de su buen vivir. Y ahí es donde el concepto de realidad cubana le viene como anillo al dedo.

Con el pretexto de lo complicada y peligrosa que está siempre la realidad cubana, el sistema estadístico cubano se ha tornado tan enrevesado e ininteligible que ni los organismos internacionales lo aceptan, mientras que cuestiones medulares para todos los ciudadanos (as) como: ¿hasta cuándo tendremos la llamada doble moneda?, ¿cuántos CUC hay circulando respecto a la masa de dólares que supuestamente representan?, o ¿por qué no se pueden hacer fotos en una TRD? se convierten en temas intocables como atributos secretos de la realidad cubana.

El concepto se contamina cuando se le asocia al llamado cubaneo, supuesto sinónimo, no de alegría y agilidad mental, sino de chapucería, suciedad, indecencia y malos tratos, rasgos no atribuibles a ninguna tradición ni peculiaridad cubana, sino a la desidia y la falta de civismo que trae consigo la hegemonía burocrática en cualquier sociedad.

Los exorcistas de estos elementos falsamente atribuidos a la realidad cubana son conocidos: la participación popular, el control obrero, la democratización de la toma de decisiones, la rotación de los cargos y el derecho a la información veraz y completa. Esos han de ser elementos de un verdadero Socialismo Real que no pueden ser ajenos a la realidad cubana ni a la de ningún pueblo.

 

 

Tomado de La Joven Cuba

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

 

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