Marxismo en Cuba

Socialismo y ciencia ficción

Por: Miguel Alejandro Hayes
Hace unos días, me llamó por la noche una de esas amigas que siempre es agradable escuchar, pero que solo se acuerdan de uno para pedir. Me dijo que tenía prueba de Economía Política del Socialismo, que estaba perdida y que tenía que estudiar. Para sellar su labor de convencimiento me dijo: – Dale, anda, que tú estás escapao en todo eso-.
Le confirmé que la ayudaría, mientras me preguntaba de que servía “estar escapao en todo eso”, es decir, conocer el contenido de la asignatura que ella examinaría. Entonces, empezamos a repasar.
Iniciamos viendo los objetivos, habilidades, y temas a evaluar. De lo orientado por el profesor, me enumeraba, la necesidad del período de tránsito, la actualización del modelo cubano, los fondos sociales de consumo, los principios de la distribución socialista, las funciones del salario, la regulación de la economía, y sus sistemas de dirección.
Mientras le iba explicando, sentía que me alejaba, o mejor dicho, que nos alejábamos los dos. Entonces nos preguntamos ambos:
¿de qué socialismo estábamos hablando y qué socialismo se evaluaría en ese examen?

Así, mientras le exponía que el salario debe garantizar la reproducción de las necesidades -del estómago y de la fantasía- de los trabajadores y su familia; que la regulación socialista de la producción garantiza la eliminación de la “superproducción anárquica” de un capitalismo que reparte desigualdad, mediante la inserción de una economía planificada que aprovecha los recursos y que garantiza los bienes y servicios para satisfacer necesidades; que se distribuye en el socialismo según se aporte a la sociedad; mi amiga se asombraba con todo aquello.
Me hizo sentir como si lo que yo le estaba diciendo no fuese otra cosa que una historia de ciencia ficción, donde le describía un mundo irreal y feliz que solo habita en esas ideas de manual que han sobrevivido, y que por puro formalismo aun se enseñan en aulas universitarias.

Evidentemente no era este socialismo del día a día, sino otro el que ella debía estudiar.

Mi amiga por suerte, entendió todo lo que le intenté transmitir. Hizo su examen, sacó el máximo de puntos -ella, y muchos de sus compañeros de grupo-.
Así, la enseñanza superior les dejó a esos jóvenes futuros profesionales, cómo es el proceso de construcción del socialismo:

una historia fantasiosa, que una noche antes se aprenden, y que le cuentan a su profesor en un examen.

En este, escriben eso que es necesario poner para aprobar: las maravillas de una mundo que no existe; mientras en uno paralelo -el real-, el salario no garantiza esa reproducción del obrero cubano; la tal regulación económica no logra abastecer a la demanda nacional y genera más bien escasez; y el principio de a cada cual según lo que aporte, hace ricos a comerciantes, mientras a profesionales los mantiene al margen de la subsistencia.
Siento -y he podido constatarlo- que lo que pude apreciar en la formación de mi amiga no es un caso aislado, por lo que me temo que se termina reduciendo el estudio de la economía de la constitución del socialismo -aun cuando se incluye en esta la actualización del modelo cubano- en saber cómo será la sociedad socialista cuando exista. Situación esta que equivale a: que en el medio evo se evaluara en los reducidos sistemas de enseñanza cómo sería -según se imaginaban los más sabios- al aún no existente capitalismo.

Podría parecer esto una mera crítica a un programa educacional, y que sólo es de validez en debates sobre planes de estudio, sin embargo, va mucho más allá.

Mi amiga, o cualquiera de sus compañeros de aula, de facultad, o de nuestras universidades pueden ser -y algunos ya están en camino – importantes dirigentes y funcionarios en los diferentes niveles de la dirección del país.
Es sabido que una buena parte de nuestros cuadros no son intelectuales, por tanto,
¿de dónde obtienen una referencia de socialismo para dirigir en función de la construcción de este?
Una fuente muy importante de ello es esa curriculular y estropeada Economía del socialismo. Y fijese lo que ocurre con esta.
No sirve de nada, que los que hayan aprendido la asignatura -sin contar a los que como mi amiga estudiaron para salir del paso-, conozcan el catecismo del socialismo, para luego enfrentarse a una realidad desarmados teóricamente.
Así, los estudios del socialismo contribuyen a la formación de un pensamiento poco útil y que termina inherte. Por ejemplo, vivimos ahora un momento donde la sociedad no tiene la capacidad productiva ( material y espiritual) para garantizar su reproducción ampliada ( el PIB no crece, hay carencia y escasez de productos, y otras realidades negativas). Esa incapacidad no es más que una crisis, una crisis en la construcción del socialismo. Porque a esas manifestaciones y resultados negativos que se generan, se les llama crisis. Sin embargo, lo que se debe saber sobre el socialismo no contempla la existencia de esta fenómeno en el sistema, es decir, no lo incluye como parte de su desenvolvimiento, como un resultado de las propias dinámicas y conducción de la sociedad. De ahí, que hay a quien ni le pasa por la mente que estamos atravesando una crisis -¿porque cree que el socialismo no las tiene?-.
Por eso, no resulta extraño que muchos tengan una imagen tan supraterrenal de la sociedad socialista. Y de una forma u otra, lo que se aprende sobre esta de manera regular, incrusta esa visión a su alrededor casi de fe .

Solo hemos logrado a gran escala, difundir una concepción bastante mal ideologizada del socialismo.

Tal vez, si se enseñara que este no es más que es una sociedad intentando rectificar las desigualdades -en el sentido amplio- del capitalismo, y que para ello lo que más hace falta no es precisamente creer, sino que los que ejecutan sepan hacerlo bien, las cosas fueran un poco mejor: muchos cubanos por lo menos, -sobre todo cuadros políticos-, verían el socialismo tal y como se nos presenta, y no como se tradujo de un manual soviético.
No hace falta estudiar lo que va a ser -que puede ser que nunca sea- el socialismo. Después de todo, no hay que andar explicando mucho a la gente cómo sería una sociedad más justa. Un sabio dijo antes, que para hacer el socialismo hay que estudiar el capitalismo ( se refería a la forma en que Marx entendió y explicó el capitalismo).
A lo mejor así, se pueda pensar otra economía política del socialismo, una que no sea una proyección de la tierra prometida, ni un discurso político. Una que ayude a pensar esta realidad que enfrentamos con todos sus problemas, y no que intente ponerle – en el mejor de los casos- una fe política a quien la aprenda, que termina nublándole el horizonte. Cuando eso se logre, el socialismo que se enseñe en muchas aulas dejará de ser ciencia ficción, y podrá servir para algo estar escapado en todo eso.

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