Marxismo,  Opinión

Las palabras

Por: Boris

 

Asumamos, por un segundo, que la Revolución Socialista de Octubre no sucedió. Quizás Rusia y China hubieran sucumbido a las pretensiones de las potencias Occidentales y la configuración del mundo, tal y como lo conocemos, sería completamente distinta. La realidad geopolítica que hubiese sido entonces se nos abre como un enigma. Pero, al menos, la ideológica se nos puede poner en evidencia. Palabras cuyo significado se nos da por sentado hoy tendrían un cariz completamente distinto. El ejemplo más rampante es “Socialismo”. Pocas han sufrido tanto abuso por la acumulación de historicidades como esta.

Asumamos que los partidarios de Marx son los únicos con prerrogativas sobre el término, olvidando, tan sólo en interés de esta reflexión, que existe toda una serie de grupos que lo han usado. ¿Sería lícito comparar a los proyectos socialistas que ha habido a lo largo del siglo XX con Robinson Crusoe, como se hace en el Capital? El aislamiento parece ser un denominador común a todos ellos que, cual si fueran universos-islas-sujetos autorreferenciales, se hallan como amos de su propia realidad inmersos en una fe reencontrada (aunque no sea el cristianismo). Pero en ambas obras se apelaba a la capacidad de los hombres para gestionarse a sí mismos en función de sus necesidades y placer. Los hechos históricos, en cambio, nos mostrarían que nuestro “náufrago” estaría más cercano a un neurótico estilo la dupla de Dr. Jekyll y Mr. Hide. La manera en que las fuerzas productivas eran encausadas en la Unión Soviética -por mencionar un caso- tuvo muy poco de la llamada “Asociación de Hombres Libres”, pues todo un aparato Estatal determinaba la economía.

Desde el momento en que la Planificación dejó de ser una cuestión social y pasó a ser una cuestión técnica en mano de burócratas enajenados de la vida de aquellos a los que se suponía representaran, tal “Libertad” se volvió una falacia. También el hecho de que los medios de producción estuvieran no en manos de aquellos a los que pertenecían sino en esa dispersa entidad, que en el imaginario Occidental se concentraba en el Kremlin, lo evidencia. Pareciera que, al revisar la mayoría de los modelos implementados, el “Socialismo” se limita a dar medicina y educación gratuita lo que supera, en gran medida, al Egipto de Keops, pero aún deja el problema de la alimentación sin resolver.

Lo que pone de manifiesto las naturalezas intrínsecas seudo-socialistas han sido las virulentas carreras armamentísticas de la URSS, China y Corea del Norte. Para llegar a eso tuvieron que movilizarse a millones de personas por encima de las limitaciones que implicaba la Economía Planificada. Es la misma voracidad Capitalista volcada en autofagia. Pero, para no dejarlos sin méritos, pudiéramos decir, como se muestra en gran parte de los testimonios gráficos de la época, que la Sociedad Soviética era bastante parecida a su decadente rival histórico de la Casa Blanca. Eso quizás pueda explicar por qué, y a pesar de las décadas de discurso e ideologización, la apertura al mercado ha sido inapelable. El principal deseo de un náufrago es volver a  la Civilización.

Para aquellos que desean ver en Marx su verdadero valor deberían, al menos, recordar que su principal descubrimiento no fue el estómago vacío sino la desconexión de los hombres con su propia naturaleza. Fuera de eso, es un aburrido náufrago en un mar de pensadores; palabras llenas de ruido y furia pero carentes de significado.

 

 

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