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Marxismo

Marx + Proudhon (VI)

Por: Oscar Herrero

¿Quién fue Pierre Joseph Proudhon?

El Socialismo, como concepto fue cambiando de significados. Es difícil hallar unanimidad, aún hoy día, sobre la definición de esa palabra. Desde una perspectiva moderna, podría decirse que implica la superación de la propiedad privada, la familia y el estado. El entierro del capitalismo, y de los modos de producción basados en la propiedad privada. Como sugieren sus biógrafos, Proudhón fue un profundo defensor de la familia tradicional propia de las aldeas, amenazada durante su propio tiempo, por la mercantilización exacerbada del agro. Defendió el carácter ‘romántico’ de ese compartir con la mujer, el conjunto de las tareas rurales y artesanales, de la Francia profunda y patriarcal. Y todo su proyecto asociativista se fundaba en la unión mutualista de esas familias, al punto tal de censurar, a los saint-simonianos, o a los comunistas de Etienne Cabbet, como contrarios a la naturaleza fundamental del hombre al proponerse disolver la familia convencional. Su punto de vista, económicamente hablando, tampoco se proponía eliminar la propiedad privada, sino eliminar de ella, las consecuencias abusivas hacia los ‘productores’ –salariados, a los que incluía a pequeños productores, comerciantes, inclusive- los monopolios y las posiciones de privilegio era lo que había que eliminar. En esa concepción, que desde el marxismo siempre se caracterizó, como pequeño-burguesa, políticamente hablando la familia representa el estímulo al trabajo, que hoy, e incluso en la vanguardia política de su tiempo, lo posicionó en un claro ideario conservador.
Marx, lleva su apellido ligado a la historia del socialismo, en cambio Proudhón, según el prólogo realizado por George Woodcock a ¿Qué es la propiedad? Ed. Proyección SRL 1970, decía, luego de la publicación de este notable texto: ‘No pertenezco a ningún partido, ni camarilla; no tengo adeptos, ni colegas, ni compañeros. No he creado ninguna secta, aún cuando me lo ofrecieran, rechazaría el papel de tribuno por la simple razón de que no deseo exclavizarme’ durante el cuarto de siglo de su carrera de filósofo revolucionario fue siempre una figura solitaria, que no adhirió a ningún partido, no creó ningún movimiento formal para propagar sus ideas y trató de ser rechazado antes que aceptado. Posteriormente a instancias de los anarco-sindicalistas, guiados por sus ideas crearon la CGT francesa, hoy conducida por el P.C. Con respecto a Marx que lo conoce cuando llega a Francia, expulsado de Alemania, década de los ’30, le aclara, delimitatoriamente: ‘Investiguemos juntos, si así lo deseáis. Las leyes de la sociedad, estudiemos como toman forma y porque proceso lograremos descubrirlas; pero, por Dios, después de destruir todos los dogmatismos a priori, no soñemos a nuestra vez en adoctrinar al pueblo… Aplaudo de todo corazón vuestra idea de sacar a luz todas las opiniones; realicemos una polémica recta y leal; demos al mundo el ejemplo de una tolerancia ilustrada e inteligente, pero no, para estar a la cabeza de un movimiento, de erigirnos en jefes de una nueva intolerancia. No nos pongamos en apóstoles de una nueva religión, aún cuando ella sea la religión de la lógica y la razón. Unámonos para fomentar toda protesta y condenar todo exclusivismo, todo misticismo; nunca consideremos una cuestión totalmente agotada, y cuando hayamos usado nuestro último argumento, comencemos de nuevo, de ser necesario con elocuencia e ironía. Solo con esta condición me uniré a ustedes. De otra manera ¡No!’
A fines de la próxima década, del ’40, en ‘la solución al problema social’, escribe lo siguiente:
‘No se necesita un gran esfuerzo de reflexión a fin de comprender que la justicia, la unión, el acuerdo, la armonía, la fraternidad misma, necesariamente suponen dos opuestos y que a menos que uno caiga en la noción absurda de una identidad absoluta; es decir: la de la insignificancia absoluta, la contradicción es la ley fundamental, no solo de la sociedad, sino del universo. Esta es también la primera ley que yo proclamo, de acuerdo con la religión y la filosofía: es decir: contradicción, antagonismo universal. Pero del mismo modo que la vida implica contradicción, la contradicción a su vez exige justicia; lo cual conduce a la segunda ley de creación y humanidad: la interacción mutua de elementos antagónicos o reciprocidad.
La reciprocidad en la creación, es el principio de la existencia. En el orden social la reciprocidad es el principio del orden social, la formula de la justicia, Tiene por base el eterno antagonismo de ideas, de opiniones, de pasiones, de capacidades, de temperamentos y de intereses. Es condición de la vida misma.’ Marx, además de la consabida calificación de pequeño-burgués, le achaca no haber comprendido debidamente a Hegel, al respecto G. D. H. Cole, en su Historia del pensamiento socialista, Fondo de Cultura, México, 1957, aclara: ‘Esto no es expresión de un hegelianismo mal entendido, sino de una filosofía enteramente distinta, que tiene menos de común con Hegel que con la concepción de Kant de la socialidad insocial de los hombres. Fue Marx que no comprendió a Proudhón, no Proudhón el que dejo de comprender las lecciones de Marx acerca de la dialéctica hegeliana.’ Refiriéndose a aquel periodo en que se conocieron en Paris, donde efectivamente Marx aproximo a Proudhón al pensamiento hegeliano.
El pensamiento de Proudhón, se centró en la autarquía de los productores, una utopía reaccionaria, diríamos hoy, en perspectiva, también puede agregarse, que el centro de su lucha fue, contra la división del trabajo. El trabajo entendido como la fundamental realización de las personas, en la producción de bienes de uso. La revolución convirtió a los súbditos en ciudadanos, se trataba, ahora de eliminar los desequilibrantes abusos de los nuevos y viejos privilegios económicos, para arribar a una justicia, que garantice ‘reciprocidad’ en los intercambios libres, donde el capital-dinero circule sin interés. La importancia de este sucesor de Rousseau, en tiempos republicanos, radica en puso los fundamentos para la tradición de las distintas corrientes anarquistas dentro del movimiento obrero mundial y de distintas maneras, compitió con el marxismo por la dirección insurreccional durante los últimos ciento ochenta años estableciendo la controversia entre militante profesional y militante vocacional, o entre base y dirección o entre trabajo voluntario y trabajo obligatorio. También sentó las bases para el comunitarismo del siglo XX, próximo al ideario del americano Henry Thoreau.

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