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Marxismo

Marx + Proudhon (II)

Por: Oscar Herrero

 

¿Dónde ponemos nuestras ansias?

Mientras que países como los nuestros están tan atados a ese mercado único y unilateral regido mafiosamente por el dólar, que brinda algunas ventajas a cambio de soberanía. Quien te pone la moneda y las armas, pone el conjunto de las condiciones, de la misma manera que el patrón respecto al obrero. Son países que al salirse de la férula del imperialismo, no son instantáneamente socialistas, son al menos cuentapropistas, un paso adelante en la asociación de países. Si las armas te las provee China o Rusia o comercias con ellos en contratos de estado a estado, no es lo mismo que estar involucrado en el imperialismo, aunque sea como colonia. Ya que este determinara, que podes producir y que no y además como ocurre hoy día, te comprometerá a defender el régimen todo como tal, comprometiéndote en tus votos internacionales, en colaborar en la hostilidad y la sanción hacia las naciones que pretenden escapar del entramado mafioso. Para el buen trotskista es lo mismo fortalecer la CELAC que la OEA y te dirá ‘que le da lo mismo que lo explote Venezuela o Colombia que es su antítesis’. Y, sí. Pero siguiendo la propia historización de la lucha de clases. A partir de la Revolución Rusa y consolidado a partir de la 2° guerra, el imperialismo devino en fascismo, en totalitarismo político. A partir de la guerra de Corea la economía capitalista, dejo de ser librecambista, de libre concurrencia, como reza su teorética.

Los monopolios formaron un comando unificado, con el complejo armamentístico en función de un solo objetivo: derrotar el comunismo, donde las reglas económicas no eran solo económicas, todo el sistema estaba organizado para ese fin supremo. Por eso el Plan Cóndor, Vietnam, Afganistán. Derrotar el comunismo, implicó poner gobiernos títeres que se comprometan en ese combate y ayuden a financiarlo, mejor; que lo financien completamente. Para las colonias de ese aparato fascista, no es lo mismo. Siempre desde el punto de vista del desarrollo inscripto en la teoría marxista de la lucha de clases. El capitalismo que fue mafioso desde el comienzo, ahora que a partir de 1917, esta concretamente amenazado, su defensa está basada en la extorsión total, que no es lo mismo que una relativa presión, por eso te pelea a muerte cada centímetro de tierra o de mar o de aire. Entonces esa posición de ganar cabezas es infantil, frente a los programas de liberación nacional, como el Heizbolah, o el 26 de Julio en Cuba, o las FARC, aunque derrotadas. Otra digresión: Medir la lucha por sus triunfos, que da lugar a ‘sancionar’ al derrotado, puede ser en la lucha dentro de una fábrica o de un territorio o en cualquier frente. Dentro de la estructura religiosa está la de culpabilizar al derrotado de su derrota. El juicio mismo habla del carácter abstracto del mismo, por lo tanto de lo des-comprometido. Las derrotas son propias del que lucha, no se trata de culpar a la dirección. Nadie pelea para ser derrotado. Esto cabe para la derrota de la URSS, hasta las mínimas derrotas de cualquier frente. Un boxeador puede cansarse, no tener un buen día, tener frente a sí una fuerza superior que no puede vencer, no es solo culpa de su cabeza, que tuvo una táctica desacertada, que también puede ser, como un factor más, pero no la crítica cómoda de la sectita, que tiene la certeza imaginaria, para aplicarla en el cuerpo derrotado de los otros. En la pelea se pierde y se gana. En lo concreto de la lucha de clases, mirando históricamente, a pesar de muchos sigamos tan explotados como hace ciento cincuenta años. Mundialmente considerando se puede decir: que le hemos quitado bastante territorio. Territorio con población adentro. La lucha también ha demostrado que conquistar territorio es superior a conquistar el valor de una hora de trabajo. Lo digo, porque detrás subyace ese argumento de falso clasismo. ‘Me da lo mismo que me exploten en China que en Argentina’, por ejemplo. Para verlo mejor, podría decirse ‘meda lo mismo que me exploten en Canadá, que en Haití’. No es lo mismo ser proletario en la pre-industrial Haiti’, que en Canadá, es una opinión simplemente irresponsable. No son las mismas posibilidades, desde el punto de vista individual, siquiera las de China, que las de Argentina. Allí hay logros sociales que acá son de ciencia ficción. Lo que en realidad hay detrás del argumento es querer decir: ‘eso no es socialismo’. Planteado desde los cánones decimonónicos. Y no, no lo es. Pero ¿Qué era China asolada por una doble invasión territorial y que es hoy? ¿Qué era Argentina hace setenta años y que es hoy? O para que haya mayor simetría ¿Qué era Cuba y qué era Argentina hace cincuenta años? Y que son hoy, medidas en tasa de soberanía, de calidad de vida, de sustentabilidad ecológica y todo tipo de variables humanísticas. Sin palabras.

La principal ‘falla’ de esos análisis de que ‘todo es igual’, de que todo es capitalismo y en un sentido sí lo es, porque continúa conduciendo con menos poder que en 1945 y todavía mucho menos que en 1973, pero sigue conduciendo. Todavía no cayó. Cuando haya una nueva conducción en la dirección de ONU, (o instituto similar) habrá caído, pero todavía no cayó. En otro sentido, en la medida en que está siendo esmerilado por las derrotas bélicas especialmente: Cuba; Vietnam. Ahora Ucrania y Siria, está más débil, y las derrotas económicas que le está asestando China, dentro de su propio terreno –el mercado- devorándole el dólar a fuerza de competitividad. Esa debilitación se la propinamos sus subordinados, si eso no es lucha de clases, ¿Qué es? La historia no avanza con la tasa de ideales medios, mucho menos, con el ensueño de pequeños grupos de predicadores, sino que la mayoría de las veces, avanza por negativa y de nuevo Marx, la partera de la historia sigue mandando, hasta que haya una extinción, o derrota en toda la línea, deconstrucción se diría hoy, del dinero, de la división del trabajo y de la familia. Esta ruta por la que se desarrollo la lucha de clases, no estaba prevista en el siglo XIX, ni tendría porque haberla estado, pero es la realmente existente.

 

Pero volviendo al argumento del ‘todo es igual’ que encubre una tercera posición; ‘Ni Yanquis ni Comunistas que conquistaron territorio’. El argumento es tramposo por lo siguiente:

 

  • Significa que toda la sangre que mundialmente vertimos en los últimos dos siglos fue inútil, porque hicimos revoluciones, que luego fueron ganadas por ‘los traidores’
  • Ergo, los traidores son superiores a ´los boludos’ luchadores.
  • Para que te vas a sacrificar para perder, como perdieron ‘los boludos’ que no la vieron, como si la vemos nosotros.

 

Pero la conclusión de fondo de esta línea argumental conduce a: ‘¿Para qué involucrarse en cualquier proceso revolucionario, si gane quien gane, siempre ganan los malos?’Como propagandistas del capitalismo, es un buen argumento, es más, es el argumento oficial, pero desde el punto de vista de los auto-proclamados defensores de la lucha de clases es la negación de la misma. Porque ¿Desde dónde la ves? Son argumentos propios de quien está operando en el campo del enemigo. Juegan a marxistas y se alimentan con el triunfalismo rosa del Financial Times, que es el Clarín de acá u otros medios que comandan la logística de la charanga explotadora. Sino quién les proporcionó, esa lectura de la historia. Personalmente acuño un lema: el camino (la llamada línea) lo señala la sangre derramada que va conformando la ruta de los caído/as. La mirada mediatizada, aún la honesta, lo mismo cabe para el saber académico, por más holístico que este se proponga ser, nunca abarca el punto de vista del combatiente, que no es solamente intelección, sino la lógica de este sujeto, involucra también su sensibilidad, ya que la acción combativa pone en juego no sólo su subsistencia, su posibilidad de ascenso social, su libertad e incluso su pellejo. La particularidad de su enfoque estará relacionada con su sobrevivencia porque él es soldado de base, no será como el análisis de los generales que ven el teatro de operaciones desde los planos, con sus cuerpos (al menos en teoría) ajenos a las contingencias de la batalla. Por eso, cuando habla de imperialismo por ejemplo, no hace esos análisis asépticos, de las variables económicas, sociales o políticas, no, lo ve a través de su duplicidad de conducta, su ‘suciedad’, su burla de las leyes, al mismo tiempo que defendiéndolas, es decir: no ve al imperialismo, como un simple neo-liberalismo, sino como el fascismo sanguinario, que realmente es.

 

Sacar las luchas por la liberación nacional del radar de la lucha de clases. Quedarse cómodamente apegados aun idílico capitalismo librecambista, producto de un oportunismo muy chiquitito, ponen en un lugar impresentable a estas organizaciones, que prefieren Clarín al Granma, pero se sabe, la falta de crecimiento deviene en enfermedad. Mientras la burguesía mundial te disputa cada centímetro de tierra y las materias primas como bienes equiparables al de la fuerza de trabajo, a veces de mayor incidencia en la tasa de ganancia que éstas, vos te dedicas a ganar cabezas, cual si estuviésemos en el siglo XIX, no está mal, pero es útil entender que los estados obreros ponen su mejor energía en defender su soberanía, necesaria para sobrevivir, no porque sean ideológicamente nacionalistas.

 

Ernesto Guevara, apropósito de que es marxismo, en una nota del 8 de octubre de 1960 ’Notas para el estudio de la ideológica de la Revolución cubana’ editado con el título de Política e Ideología en la Editorial de las ciencias sociales de Cuba. ‘Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es ¨newtoniano¨, o un biólogo si es ¨pasteuriano¨. Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe ser ¨marxista¨ con la misma naturalidad con la que se es ¨newtoniano¨ en física, o ¨pasteuriano¨ en biología, considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos. No se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros a aquellos que hayan pasado. Tal es el caso, por ejemplo, de la relatividad ¨einsteniana¨, o en la teoría de los ¨quanta¨ de Plank, con respecto a los descubrimientos de Newton, sin embargo, eso no quita absolutamente nada de su grandeza al sabio inglés. Gracias a Newton es que pudo avanzar la física hasta lograr los nuevos conceptos del espacio. El sabio inglés es el eslabón necesario para ello’.

El sacrosanto Programa

Muchas organizaciones autoproclamadas revolucionarias, ‘quinta esencia’ de la pureza marxológica, incontaminadas de cualquier atisbo de frente-populismo, clasismo en estado puro, especialmente cuando aparecen nuevas organizaciones en la oferta revolucionarista, teniendo en cuenta, que eje de su marketing está relacionado con la ‘pureza’ programática. Entonces la lupa siempre está puesta, más que en destruir al imperialismo, en encontrar polvillo ‘des-obrerizado’ en su ropa, más si estos contendientes, están en situación de crecimiento. Entonces cuando una organización nace, o cuando alguna otra, cambia de orientación o de alianza partidaria, el programa se vuelve en un fetiche, que mide marxometricámente el grado de clasismo proclamado.

 

En la prognosis de Marx, y en su forma de agrupar, el programa conformó el núcleo de adhesión, en torno al cual, se presenta públicamente el partido, en tanto partido representativo. Y, aquí fundamentalmente es interesante poner la linterna. El programa así concebido, dentro de la legalidad, es razonable que sea exhibido como el partido mismo. Anteriormente hablamos del sentido lacaniano de la historia, en el sentido de que poner el dolor en palabras implica conciencia del mismo. Esto es un principio de racionalidad, a partir del cual comienza la búsqueda de soluciones que brinden las condiciones para el alivio o la extinción del mismo. En este sentido la publicitación del programa es correcta, pero por otro, la organización es un arma de guerra, y en este otro sentido práctico, exhibe nuestras tácticas, de manera que nos expone al ataque artero de un enemigo que se caracteriza por jugar sucio. Proyectando en el desarrollo, de este modo de construcción nos conduce directamente a la Segunda Internacional, que es el modo Marxista de organización por excelencia.

 

Mientras que modos organizativos que acá ocurren en los agrupamientos denominados guevaristas, como un equivalente de las agrupaciones que en Europa se ordenan en torno al legado de Gramsci, dos iconos, que al decir de Domenico Losurdo en Fuga de la Historía de Editora Revan situada en Rio de Janeiro, Brasil (2004). ‘En lo que concierne a Gramsci es notorio, que el saluda a octubre, como una revolución contra ¨el capital¨ Fueron los mencheviques quienes soltaron el grito de guerra de ¨Vuelta a Marx¨. (mecánicamente interpretado) La grandeza de Gramsci reside en el hecho de tenerlo como opositor a toda la línea segundo-internacionalista y segunda y media que surgió en esos años. Claramente la formula de retorno a Marx es religiosa’. (como ejemplo, en defensa de su tesis de la religiosidad de muchas organizaciones)… …Varios decenios de decisiva historia mundial, transcurrieron después de la muerte de Marx, cuyo desenvolvimiento no fue, ni podría haberlo previsto. En qué texto de Marx se pudo leer una previsión de algo, que justificara que en una pequeña isla como Cuba, podría ocurrir el socialismo, o de una guerrilla en Bolivia para promover una revolución de tipo socialista’.-Se puede agregar aquí, que quien actuó con religiosidad fue el Partido Comunista, que dejó a la guerrilla boliviana librada a su suerte, por haber el Che abandonado el marxismo, expresado en los manuales soviéticos- Y que Losuardo los compara con las acusaciones sobre Lenin por parte de los segundistas. ‘Igualmente, con características bastante singulares apelo a Gramsci y Guevara, que en apoyo a los dos, recogen la lección de Lenin, quien fuera diligentemente acusado. Bastante diferentes entre sí, Gramsci y Guevara tenían en común el hecho de haber sido derrotados, de que no pudieron participar en la gestión del poder de una revolución y que en lugar de ello, sufrieron la violencia del orden político dominante realmente existente. Por eso, estos dos eminentes exponentes del movimiento comunista internacional se aprecian por su martirio, no por su pensamiento o acción política, que remiten a una historia obstinadamente ignorada’.

 

Profunda conclusión esta de Losurdo. El camino de la revolución lleva una ruta consciente signada por las conquistas que se le arrebatando al capitalismo y otra, que está latente en la intuición de los pueblos, que se expresa en forma mítica, debido al contenido represivo que todavía conllevan las relaciones sociales. De acuerdo a los contrastes que va adoptando la lucha de clases, el proletario va adoptando una u otra tendencia. Por eso el programa es un elemento cambiante, que se va adecuando a las necesidades de acuerdo con sus prioridades estratégicas. Quiere decir; que no tiene sentido fetichizar un programa histórico, porque de una manera u otra sabemos que está presente. Se trata de luchar contra los escollos principales que nos pone el imperialismo, lo demás viene por añadidura. Sin aclarar a cada paso, que luchamos por el socialismo. Ese camino se va dando por defecto. La lucha por la emancipación de la mujer, en su propio desarrollo va a concluir que no tiene otra salida que el socialismo, la lucha por la emancipación de los pueblos originarios, en la consecuencia y persuasión de su lucha se encontrarán un día con el socialismo. La lucha por la preservación de la diversidad ecológica, en su camino también se encontrará con el mismo enemigo. A los consecuentes confrontadores del capitalismo, diciéndolo o no, a través de su lucha avanzan hacia el socialismo. Un rasgo de este presente comparado con otras etapas de lucha es justamente este. Antes necesitábamos concentrar toda la energía en un solo punto, la época de los bolcheviques, por ejemplo. Ahora, con el imperialismo en un grado de deterioro más acentuado, se lo puede atacar desde muchos lugares tácticos, donde se combina de una manera bastante objetiva, el esfuerzo de los agrupamientos revolucionarios, con los esfuerzos en el campo de la legalidad, de carácter centro-izquierdista, todo se suma ante la gravedad de una crisis tan generalizada, y con tanta caladura histórica que empuja hasta los más cobardes a la pelea, a distintas intensidades; por un lado, pero más por el cansancio y la fatiga del régimen.

 

En este mismo sentido van las palabras del historiador Issac Deutscher en Rusia después de Stalin, edición Marxist Internet Archiveque polemizando con aquellos que criticaban la era Stalin, contraponiéndola a los grandes principios socialistas, críticas que llegan al día de hoy, escritos en 1953/4. Lo interesante es como, el biógrafo de Trotski, pone el desarrollo de los hechos, por encima de los textos que estimularon las ideas que luego se plasmaron en hechos revolucionarios. Desde luego, enfrentar las balas de la reacción despechada es más difícil que ordenar ideas en un texto. he aquí el parlamento de Deustcher-‘Todo lo que digo es que la industrialización tiende a despertar aspiraciones democráticas en las masas. Nunca he negado, desde luego mis convicciones marxistas, pero trato de pararme sobre mis propios pies, sin apoyarme en la autoridad de Marx, de la que tanto se ha abusado. Como una cuestión de principios, me he esforzado siempre en desarrollar mi argumentación de tal modo que la validez de esta no dependiera de los supuestos específicamente marxista. No es necesario ser marxista para convenir conmigo en el impacto de la revolución industrial soviética en la política soviética. A ningún historiador del siglo XIX fuese conservador o liberal, se le ocurrió ignorar el impacto de aquella revolución (la inglesa) y la gradual extensión del sufragio, es decir; la gradual democratización de Inglaterra. Es una verdad trillada que las formas modernas de vida democrática se han desarrollado principalmente en naciones industrializadas y por regla general, no han logrado desarrollarse las naciones que se han mantenido a un nivel semi-feudal o pre-industrial. Pero lo que se acepta como una verdad trillada en la edad moderna y contemporánea del mundo no comunista, es sencillamente ridículo esperar que la más amplia y masiva industrialización. Urbanización y mejora educativa puedan fomentar clase alguna de tendencias democráticas’-(Claro que esto no pasaba de ser más que un gran prejuicio ideológico. Se asociaba a los rasgos de la personalidad de Stalin. Especialmente en su carácter vengativo, que él mismo admitía, como propia de los georgianos) a lo Deustcher agrega: ‘Todo análisis realista de la era Stalin y de su conclusión tiene que hacer un balance de la revolución industrial soviética de los últimos veinticinco años: esa revolución por obra de la cual ha pasado de ser de las naciones industrialmente más atrasadas a ocupar el segundo lugar, como potencia industrial en el mundo. Ese proceso ha sido acompañado por un vasto progreso educativo del grueso de la sociedad soviética. El terrorismo y despotismo stalinista empujaron al pueblo soviético a llevar adelante su revolución industrial y entre dificultades también sin precedentes’.

 

 

 

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