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Marxismo

Marx + Proudhon (VII)

Por: Oscar Herrero

De qué hablamos, al contrastar estos dos posicionamientos respecto al modo de combatir el capitalismo? En cuanto a difusión e instalación de sus ideas, Marx ganó, casi en toda la línea, y digo casi, porque en ese casi, está la sombra de Proudhón. Su premonición de erigir una nueva profecía, precursora de su respectiva iglesia, o iglesias, o fetiches de la libertad, confundiéndolos con la libertad misma. En realidad se trata de revisar los que los marxistas han hecho del programa de Marx, con los ojos de Proudhón. Una cosa para examinar es la noción de partido.
Para precisar, y poner en presente, un recorrido de varias décadas de experiencia, puede decirse, que la expresión más acabada del programa marxista lo representan los herederos de la Cuarta Internacional, al que también puede agregársele fracciones maoístas e inclusive lo que queda del PC, fundado por Lenín, un abanico variopinto de organizaciones golpeadas por la arrolladora recuperación de posiciones que ha tenido el capitalismo, en un trayecto contradictorio y que conlleva el noventa por ciento del transcurrir, dicho con generosidad, hablamos del programa en su registro mínimo. Un sobrevivir. Atravesar las contingencias adversas dentro del triunfalismo mercantil. Cómo sobrevivir en tiempos de contrariedad? Esa es la principal dificultad de un partido revolucionario. Un partido liviano de estructura tiene mayores ventajas. Un periódico, o varias publicaciones, escasos locales, los estrictamente necesarios, comunicación aceitada, algún billete guardado para imprevistos y escapadas urgentes. El mínimo aparato necesario. El resto son todas relaciones sociales por donde se estructura la conciencia de clase. El Partido debe tener autonomía financiera, pero convertir en tarea principal esta función desnaturaliza la especificidad del partido. Como le decía Trostki, a los miembros de la filial estadounidense. El partido no funge solo para hacer Campaña Financiera. Ni que hablar de las rentas políticas?
El partido a su vez, compite con otros partidos por la dirección y los puntos, las políticas y las luchas en común y en disputa simultanea, van conformando el desarrollo del programa general de la clase trabajadora. Tal es la relación entre partido y línea. Una costumbre muy común consiste en estimular el desarrollo organizacional, como si se tratase de la lucha de clases en sí misma y en la práctica poner el partido por encima de la historia. Historia, línea y partido constituyen tres estamentos instituidos de la lucha de clase, a los que hay que agregarle la lucha espontanea y la semi-organizada. Tampoco un crecimiento circunstancial de un partido define lo acertado de su política.
El vigor de una determinada dirección, algunas decisiones acertadas y una correcta caracterización de la situación concreta pueden producir notables crecimientos numéricos, que no siempre se consiguen sostener. Vamos a contrapelo de la dinámica mercantil. La actividad sindical está normalmente signada por la clandestinidad, dado el contenido político particular, del lugar y general, relacionado con la sociedad de conjunto, también está sujeto a los vaivenes del mercado sindical comandado por los sindicalistas patronales en relación con la marcha de los mercados en conjunto. Lo mismo ocurre con la participación del partido en el mercado electoral, donde se requiere propaganda marquetineada. Toda participación coadyuva a profundizar las crisis de régimen. Otro aspecto lo constituye la lucha fraccional dentro del partido, en estos tiempos, hasta podrían visualizarse Congresos y funcionamiento fuertemente maniobrados. Con titánicos esfuerzos colectivos, tantas veces ocurre que no podemos derribar al sistema, pero al menos logramos infligirle profundas heridas. Ahora que la lucha requiere una internacionalización más intensa, las redes sociales, sin ser lo esencial, cumplen un rol accesorio, pero de precisa herramienta. El medio de comunicación por excelencia, para los revolucionarios y mientras perdure el capitalismo serán los libros.
Las rentas políticas, son como un cáncer dentro de la organización revolucionaria y aunque las organizaciones marxistas siempre se han valido de ellas, en el contexto de desarrollar estructura, pero en América Latina provoca verdaderos estragos organizativos.
Qué es lo que legítima una conducción? Desde el fondo de los tiempos, los ejércitos, especialmente, los ejércitos rebeldes fueron conducidos por el más valiente, el más audaz, el que está más dispuesto a arriesgar. Esto puede verse, en los ejércitos medievales, previos a la pólvora, antes de la profesionalización de la carrera militar, en los agrupamientos bandoleros y aún en nuestros malones, en su lucha contra los ejércitos regulares. La conducción la llevaba el que iba al frente. No los intelectuales, sino, al revés, los más rudos. A medida, que las relaciones sociales se complejizan, el conocimiento es un factor, cada vez, más decisivo, no sólo, porque la táctica y estrategia se complejizan, sino porque la guerra y especialmente la lucha de clases es básicamente política. Pero el conocimiento que requiere la audacia combatiente, no se adquiere en las escuelas militares, ni en ningún tipo de academia. La rebeldía genera el conocimiento. Aún en la escolaridad de los niños, la curiosidad o el espíritu intrépido está basado en la canalización de una soledad fundante. Es un error, dejar en manos de la academia –burguesa- el saber, especialmente el humanístico. El saber siempre fue patrimonio de los esclavos, la academia, lo apropia, e inclusive las investigaciones productivas son producto de ‘las inquietudes’ docentes inscriptas en sus biografías, antes que en las direcciones universitarias, que mayoritariamente responden a postulados carreristas, ergo acomodaticios.
Es digno de resaltar este aspecto. La belleza, el saber, el espíritu romántico son atributos revolucionarios. No tiene que ver con el proletariado consciente, el hábito de rutina, aunque y justamente porque la padecemos resistimos a su acostumbramiento. La disciplina obediente no nos pertenece, si la disciplina que nos auto-imponemos. La locura, la racionalidad, la investigación, la curiosidad conforman el espíritu de rebeldía del proletario que profundamente quiere romper con su situación, aunque mayoritariamente padezcamos la rutina que durante siglos nos han introyectado. No nos pertenecen los entretenimientos alienados, aunque por cansancio o incluso sentido de la comodidad nos lo imponen. La naturaleza de todo exclavo/a propende a la emancipación. Lo importante es defender esa naturaleza, del bloqueo pasatista con que te atacan los mercados del entretenimiento. Se impone defender estas cualidades que a muchos nos ha costado siglos adquirir. Los partidos en aras de un ‘progreso’ ideológico no deben apropiarse de ellas, dado que son atributos socialmente adquiridos a la sociedad deben volver. Por el contrario, el partido debe promocionar los sujetos naturalmente críticos o fomentar la libre competencia entre los cuadros, para que justamente se promocionen los mejores, no los ‘olfas’ de fácil manipulación.
En el país de los ciegos, a veces se confunde un saber informativo, externo al desarrollo de la propia experiencia. Seleccionar información en tiempos como estos, ya te aproxima a una analítica despojada, porque requiere un grado de des-alienación, que permita incurrir en la crítica a la crítica, pero el ‘ver’ políticamente, requiere paciente observación desapasionada, que sin embargo no te exime de la pequeña actividad en la situación concreta. Politización equivale a asumir contradicciones y asumir contradicciones equivale a posarse siempre en el lugar incomodo, en el costado anti-triunfalista de la vida. La gran tarea consiste en cuidar ‘la idea’. Los otros/as, se amontonarán buscando lugares expectantes, lugares notorios para exhibir un convencimiento que no se tiene. Líderes de apetencia televisiva siempre sobreabundarán. Los profundos predicadores de feria, desde un casi anonimato, sostendrán sobre sus hombros el poder real, la conciencia de clase invisible, alejada de las firmas tan notorias, como efímeras de esos articulistas que se consideran ‘los mejores’. Allí está la grandeza y la advertencia de Proudhón. Marx construyó el Partido, pero Proudhón defendió al socialismo de la reducción, de la caricatura que el Partido asume, en tanto representación del socialismo. El socialismo es un estadio civilizatorio, un esfuerzo del conjunto de las mayorías de la humanidad. El partido significa apenas una de sus herramientas, no la única. La conciencia avanza por todos los vericuetos menos pensables, aunque el partido, en determinados momentos se convierte en su nave insignia.
Estos atributos conforman las direcciones sindicales y/o políticas de la clase trabajadora. Claro, que los traidores también portan o aparentan portar estas cualidades. En el recorrido entre la acción y la palabra que la prepara o la analiza, está la calidad del conductor. En un sentido más profundo, puede decirse, que la conducción tiene un carácter apenas moral, dicho en lógica Kantiana, o marxísticamente, político. Está relacionada con el prestigio, que es lo opuesto a ser conocido. La popularidad se compra o se roba, el prestigio se conquista, en la valía que otros te adjudican.

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