Marxismo

Sobre la cuestión del valor del arte

Fotografía: Wendy Pérez Bereijo

Por: Iramis Rosique Cárdenas
Miguel, he leído tu texto sobre el asunto, y quisiera comentarte algunas cuestiones que me parecieron necesarias y ausentes.
Coincidimos en la comprensión de la naturaleza social del valor, naturaleza objetiva pero social indudablemente, que nada tiene que ver con la canción de los cronómetros. No obstante, debo hacer énfasis en la historicidad de esa categoría. Si no se parte entre otros de este presupuesto, poco se podrá entender sobre el “valor del arte”.
Primeramente, como tú dices, hay que “romper la mística” de si un objeto es mercancía o no. Tú te quedaste con que las mercancías son valores de uso sociales, capaces de satisfacer necesidades materiales o espirituales; claro que esto es cierto, pero no agota lo que son las mercancías. Cualquier bien producido socialmente satisface una necesidad; pero todo bien producido (en un sentido amplio hegeliano o en un sentido estrecho economicista) no es necesariamente una mercancía: solo lo es si se produce para el cambio. O sea (y aunque suene a tautología)

solo la producción mercantil produce mercancías.

Entonces: ¿Era las pinturas de Altamira o los vitrales góticos o los cantares de gesta mercancías en sus épocas respectivas? Claro que no. La producción mercantil no es la forma dominante de apropiación de la vida en estos momentos; así que, salvo casos aislados no debe haberse reconocido a las obras de arte por lo general ningún valor de cambio, independientemente de que como productos fueran capaces satisfacer determinadas necesidades materiales o espirituales; pero efectivamente no eran mercancías.

¿Qué ocurre con el advenimiento del Capitalismo?

Marx tiene un epígrafe conocido como el más oscuro de El Capital y comparado con las Tesis sobre Feuerbach por su complejidad, donde explica y describe un fenómeno característico (yo diría esencial) del modo de producción capitalista, conocido como fetichismo de la mercancía. Hay quien ha querido ver en este asunto una mera crítica metodológica de Marx a la economía vulgar, y es cierto que el fetichismo es la piedra angular de toda economía vulgar; pero además esta vulgarización, este defecto metodológico, no es más que la expresión teórica de un fenómeno muy real que se da en la sociedad donde domina la producción de mercancías:

la traducción de toda relación o fenómeno social a términos de mercado, a una mercancía.

El Capitalismo es un sistema fetichizador que convierte, que reduce, todo objeto (o sujeto o relación) a una cosa, lo que hace a todo susceptible de valorización, de paso por el tamiz del valor: todo se convierte en una potencial mercancía (incluso las relaciones humanas y los bienes espirituales como las obras de arte o la religión). No en balde Marx y Engels (así, ambos) dicen en el Manifiesto Comunista algo como que el capitalismo había despojado de su sagrada condición incluso las más sagradas profesiones como el sacerdote, el médico o el jurista, los cuales debían obligatoriamente mercantilizar su actividad y por tanto su función social.
Es en esta época, en estas condiciones históricas, en la que la obra de arte entonces asiste al mercado y se nos presenta como un valor de cambio. Porque es en esta época en la que es reducida ineluctablemente a la condición de mercancía. Por eso no debemos hablar del valor (de cambio) del arte en cada sociedad, si acaso del valor de uso o capacidad para satisfacer necesidades. Y este último sí no se encarna en la forma precio ni en ninguna otra burbuja metafísica en tanto ya es una realidad material y además cualitativa.

El valor (de cambio) del arte es algo que solo existe cuando este es una mercancía y eso ha sido casi totalmente en la época del capitalismo.

En cuanto a cómo se fija la magnitud del valor y su expresión monetaria el precio coincidimos. Solo creí que debía complementar tu análisis con un poco de historicismo. Espero haberlo logrado.

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