Onírica

Fichaje

Por: Jorge Fernández Era

Muy divertido el programa Bola Viva, de Tele Rebelde. Se oyó hablar de mercado de fichaje y de contratos. No se referían los comentaristas a la vilipendiada pelota rentada, sino al beisbol nuestro de cada día, al movimiento desmesurado de los atletas entre provincias con miras a la venidera Serie Nacional. Qué iba a imaginar yo que el cuento que escribí hace años pudiera dejar de ser jodedera para convertirse en una realidad que está ahí y adelanta, a noventa pies del home.

Fichaje

No hay quien pare el relajito armado después que la Comisión Nacional de Béisbol aprobara el fichaje de atletas por parte de los equipos provinciales.
La operación que inauguró este tipo de maniobra comercial fue la compra para la nómina de Ciego de Ávila del jardinero central cienfueguero Gleides Sforza. Quizás la inexperiencia jugó una mala pasada al equipo técnico de la Perla del Sur -era el primero en ser cedido- y no repararon en que un pelotero de la calidad de Gleidis pudiera valer mucho más que los mil sacos de fertilizante nitrogenado pactados.
El segundo fichaje fue el del torpedero espirituano Adán Roberto Pecoli, novato con grandes perspectivas que en no pocas ocasiones ha patrullado también la primera base. El equipo de Holguín pagó por él la no despreciable suma de diez toneladas de tomate de primera calidad cosechados en los organopónicos que abastecen al polo turístico de Guardalavaca.
En menos de un mes se han sumado a la lista, entre otros, el receptor Dirosley Cabrera (ahora en Pinar del Río), el pitcher santiaguero Asdrúbal López (Camagüey), el cargabates bayamés Yamilo Arias (Villa Clara) y el segunda base matancero Sandalio de la Caridad Manfuga (Isla de la Juventud).
El diapasón de ofertas oscila entre veinticinco tractores con multiarado, cien cajas de jabón de tocador, setenta hectolitros de refresco gaseado, dos mil latas de pintura de aceite, quinientas ristras de ajo y trescientas pacas de ropa reciclada que hacen justicia a jugadores que merecen ser valorados en toda su dimensión de atletas del deporte revolucionario.
Eso sí: el entusiasmo no puede divorciarse de la cordura. El cuerpo de dirección y las autoridades gubernamentales de la Isla de la Juventud ahora se rompen la cabeza tratando de resolver el entuerto por ellos mismos creado. El fichaje de Sandalio de la Caridad Manfuga implicó ceder el único catamarán que quedaba en servicio entre Batabanó y Nueva Gerona, y que en estos días comienza a cubrir la recientemente creada ruta turística entre la bahía de Matanzas y la playa de Varadero. Los habitantes de la Isla de la Juventud, desesperados por ver a sus familiares de la isla grande, ahora se lanzan a nado en las turbulentas aguas del golfo de Batabanó y, lo que es peor, se ven impedidos de disfrutar de las incidencias de la Serie Nacional de Béisbol por no contar ese municipio especial con un medio de transporte adecuado para trasladar a los atletas hacia el estadio cabecera de Nueva Gerona. Ya no se puede contar con las dos naves aéreas que cuatro veces al día vuelan desde La Habana, pues estas, sobreexplotadas y con más de diez años de vida, priorizan el abasto de mercancías para la sobrevivencia de la población sureña.

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