Onírica

Ancklado

Por: Anckla

Como si fuera un barco ancklado, justo en la entrada del golfo, tranquilamente desde hace mucho tiempo, con más de una bandera en su historia y sus bodegas vacías, la nave privilegiada entre muchas, y la más hermosa que ojos humanos han visto. 

Quien  la vio y quien la ve solo recuerda de su capitán la Santa Bárbara cuando truena, sin hablar del timonel y la poca ración que el alto mando no tiene, le alcanza a los tripulantes en la cartilla de racionamiento para no morir en cubierta. Sin balsas salvavidas o esperando una donación, compartiendo los poquitos  camarotes con todo aquel que nos aborda, bajo cualquier otra bandera sin más objeto que su bolsa, y hasta el ultimo cañon que funciona  convertido en atracción.

 El contrabando con otras naves entre el tabaco y el ron, trayendo las ropas y el calzado, que en cualquier otro barco es mejor el pensamiento importado contra la realidad.

El anckla en el fondo oxidada, y el desespero en acción. No fue una revolución que lo escoró en la orilla, fue otra la sombrilla que le tapó el sol flotando entre las costillas de un ex poder superior.  La hoz y el viejo martillo pasaron a la extinción, y el barco sin movimiento canta la misma canción, se pudre en la decadencia sin otra locomoción;

 en medio del golfo se pudre, ancklado en la depresión.

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