Onírica

Te toca ser ingeniera y madre nuevamente

Querida Adriagna:
Las circunstancias precisamente no son las más ideales en estos días cuando todo debería ser sonrisa, júbilo y alegría. Nos sentimos tristes, llenos de incertidumbre y preocupación gracias a un sentimiento que se ha hecho tan grande que ni las propias palabras, incluso los hechos, pueden explicar: la amistad. Lo que más nos duele es enterarnos tarde, cuando muchos de nosotros casi celebrando la víspera de año nuevo, mientras tu familia difícilmente pegaba ojo acompañada por la compañera infaltable del pesar, las lágrimas, esas que siempre son útiles para expresar lo mismo dolor que alegría, sin importar la causa de su surgimiento, incluso, a pesar de ello, tienen el mismo sabor saldado y nosotros, tal vez, no hayamos derramado lágrimas aún. Quizás nuestra mejilla no haya sentido esa humedad tan conocida pero, si llegara a pasar, si esa cascada de sal se presenta en nuestro rostro, queremos que sea única y exclusivamente motivada porque de una vez y por todas te hayas recuperado y puedas estar feliz junto a tu nena y esa familia inmensa que desde la incomodidad y fría amargura de un hospital no deja pasar ni un minuto sin que estés en su pensamiento. Pero ellos, que el infinito no les es suficiente para expresar cuanto te quieren, no son los únicos que en las 24 horas difíciles de estos días no han parado de pensar en ti. También estamos nosotros, tus amigos, que durante cinco años te acompañamos en esa aula que se volvió un círculo vital transformado ya un en vínculo inquebrantable de fraternidad. Un espacio que no quedó reducido a cuatro paredes ni mucho menos al espacio físico de la distancia. Ese vínculo, querida Adriagna, es el que nos mantiene unidos y esperanzados en que mejores. Tal vez no todos expresamos nuestros sentimientos hacia ti, incluso puedes haberlo entendido como indiferencia, pero precisamente por la tan común rutina como seres humanos no alcanzamos a darnos cuenta lo necesario que son personas como tú en la vida: que nunca a pesar de las limitaciones y estigmas estúpidos se dieron por vencido, las que sobrepasaron todas las barreras, las que en pos de un mañana mejor tornaron sueños en realidad y esa, querida Adriagna, eres tú, que posees ya el privilegio de ser madre, de tener en tus entrañas el sentimiento más grande y visceral del mundo que es la maternidad, y precisamente con la fuerza que se gesta durante nueve meses para escuchar ese sonido en apariencia de dolor pero sinónimo innegable de vida te pedimos, más bien te exigimos que te recuperes, para que tú bella Kimberly escuche sonriente la voz de su madre y al mismo tiempo tu disfrutes de su sonrisa. Querida Adriagna estamos contigo en cada pensamiento repartidos por todas partes. Te queremos como solo saben querer los que estudiaron en la UNAH.
Un beso múltiple de esperanza, tus amigos
Posadata:
Ya eres ingeniera y madre, te toca ser ingeniera y madre nuevamente pero esta vez de vida, pare una vida para ti ingeniando una tesis para hacernos felices de nuevo.

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: