Onírica

Borroto y cuenta nueva

Por: Jorge Fernández Era

Carta de Ernesto Reynoso Piñeiro, director nacional de beisbol, al compañero Díaz Canel

Compañero presidente:
Corea del Sur acaba de ganar el juego decisivo de la primera fase del Premier 12. No digo que Cuba perdió porque usted nos ha enseñado que el país no está vencido bajo ninguna circunstancia. Con la experiencia que me otorgan seis años de desempeño como primer secretario del PCC de la Isla de la Juventud, paso a enumerar las razones de que el equipo (no lo llamo «novena» para no aludir al desaparecido sistema de distribución de la carne vacuna) no clasificara a la fase final del torneo.
A pesar de priorizarse la preparación política de los peloteros (se les levantaba a las seis de la mañana para que luego de los ejercicios matutinos y el desayuno vieran la mesa redonda con catorce horas de diferencia), faltó arrojo (no hablo del otrora pitcher) para instaurar un sistema de guardia obrera que atemperara a los atletas al abusivo horario impuesto por los organizadores a favor del equipo anfitrión. Si para nuestro pueblo fue tremendo levantarse a las cinco de la madrugada para disfrutar del juego, podrá imaginarse cuánto sacrificio el de los peloteros y equipo de dirección con tal de estar listos desde mucho antes.
Habrá que analizar con el Ministerio de Relaciones Exteriores la posibilidad de aumentar la plantilla de las representaciones diplomáticas en otros países a fin de que crezca el apoyo en los estadios a los equipos cubanos. Es cierto que los diplomáticos de la Mayor de las Antillas estaban enfrascados en la batalla en la ONU contra el bloqueo yanqui (ganada aplastantemente 187 carreras por 3), pero no hubiera estado nada mal una mayor combatividad en las gradas.
Perdone que me entrometa en decisiones que no son de mi incumbencia, pero la oportunidad se pintaba con cal para no participar en el evento y ahorrarnos el papelazo so pretexto de que debía ser organizado por las dos Coreas y bajo un clima desnuclearizado.
En cuanto a lo estrictamente deportivo, es cierto que nuestros peloteros no batearon como país, manifestando un juego glacial del cual no se despaignaron. Habíamos decidido suplir esa carencia con la sustitución de aquellos que llegaran a veinte turnos sin conectar de hit, pero el torneo arribó al último out y no pudimos implementar la original iniciativa.
El saldo no ha sido del todo negativo: Australia, uno de los dos países clasificados (ya expliqué por qué lo logró el otro), se marchó de Seúl derrotada por los nuestros. Los otros dos descalabros de Cuba fueron por lechada, lo cual podemos convertirlo, con una eficiente campaña, en acicate para los trabajadores ganaderos.
En cuanto a la dirección del equipo, opino que debemos ponchar la nefasta práctica de elegir a un nuevo mánager cada vez que sucumbamos en un evento deportivo, pues a ese paso nos quedaremos sin opciones. En tal sentido le propongo promover como director vitalicio del equipo Cuba al narrador Rodolfo García. Nadie con su talento para manejar los entresijos de un deporte tan complejo como este. Lo demostró cuando estábamos debajo en el marcador y fue capaz de definir la clave de la victoria: «Si Cuba quiere ganar, tiene que hacer carreras». Pocas veces táctica y estrategia han estado tan unidas en nuestro deporte nacional.
Disculpe el valioso tiempo que le he sustraído en mi afán de sacar las mejores enseñanzas del pitén de cuatro esquinas que representó la incursión cubana en el Premier, ahora que usted debe estar rompiéndose la cabeza con la designación de su Premier Ministro.
Tenga la absoluta seguridad de que, para la pelota cubana, ya vendrán días… Canel.

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