Onírica

Crónicas de Tutanga (II)

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

Tutanga es realmente un país encantador, cuya relevancia mundial supera con creces su modesta extensión geográfica. Destaca en el país su capital, Havavlank [1], ciudad que recibió recientemente el título de ciudad maravilla, y no es para menos. La arquitectura de la urbe se erige como una de las más diversas del continente, amén de que su casco histórico es el mayor del continente africano. Las arriesgadas edificaciones de Havavlank, representan un verdadero desafío a las leyes de la gravedad y al paso del tiempo, de hecho, según expertos, es una verdadera maravilla que la ciudad no haya colapsado casi en su totalidad, de ahí el origen del premio.

Otro aspecto por el que destaca el país es por su rica fauna, la que cuenta con varias especies autóctonas, como son los cerdos a cuadros -llamados así por las siluetas que se aprecian en su piel-, las ratas de doble rostro -dada la capacidad de estos animalitos de alterar su composición facial cuando se sienten amenazados-, el gorila cornudo -dado lo elevadas y puntiagudas que son sus orejas- y muchos más.

Estos gorilas son abundantes en Tutanga, y son bastante populares entre la alta élite gobernante del país, quienes suelen tener de dos a tres de estos animalitos cada uno como mascota. Esta relación, ha servido para politizar un incidente ocurrido durante el pasado referéndum en que la población debía escoger entre arbustos y matorrales . Sucede que la activista ambiental, y partidaria de los robles, Kamy Planchez, solicitó contra todo pronóstico presenciar el conteo de votos del mencionado referéndum, en el que no fue admitida una tercera alternativa (los robles) de la cual la activista es partidaria.

Lamentablemente uno de los gorilas cornudos -que había sido dejado en el lugar por su dueño- logró zafar su correa y se avalanzó sobre la activista provocándole lesiones menores, ante la impávida mirada de la población, que solo alcanzó a facilitarle huevos como parte de una popular receta paliativa que suele aplicarse en estos casos, pero que ya venía cayendo en desuso.

Como extranjero que soy, no logré ni logro comprender la actitud de los tutanos. Aunque los gorilas cornudos son animales temibles, tenidos casi por sagrados -o diabólicos, en dependencia de la región del país-, nada justificaba la abstención y ausencia de repudio general por parte de los presentes. Confieso que la idiosincrasia tutana sigue siendo un misterio para mí, pero espero lograr comprenderla en estas jornadas de visita, y compartir con usted mis experiencias.

[1] En el más depurado tutatano, siempre que una palabra termina en “k”, debe leerse como “ca”. Nota del autor.

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