Onírica

Crónicas de Tutanga (III)

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

“¡No hay huevos!” Se quejaba esta mañana un ciudadano en una larga fila frente a un establecimiento comercial ubicado en Nobipazar, una de las principales avenidas de Havavlank, capital de Tutanga. “¡Ese es el principal problema de este país!” Continuaba gritando el ciudadano.

Curiosamente este incidente, nada raro en la realidad capitalina, no ha tenido mucho eco en los medios de comunicación. No recuerdo haber visto nada al respecto en TelevisaTutanga o MultiTutanga, solamente en La tabla cuadrada, programa estelar de la cadena TutangaEducativa, se daba una explicación de la situación:

Resulta que las ya de por sí tensas relaciones entre Tutanga y Sudáfrica se han venido enervando en los últimos años. La escalada esta vez parece no limitarse al área comercial, dado que presuntamente las autoridades sudafricanas estarían contaminando la atmósfera tutana con un virus que afecta la visión. Ello vendría a explicar el aparente desabastecimiento que sufren los mercados tutanos, que estando posiblemente abarrotados, aparentan desabastecimiento ante los enfermos ojos de la población.

El padecimiento de dicho mal por un periodo de tiempo prolongado, puede provocar ceguera absoluta, por lo que los científicos vaticinan que nuevos productos (como cárnicos y grasas) se sumarán a la lista de lo imperceptible para la ciudadanía.

De todo esto me enteré esta mañana a pesar de la pésima cobertura móvil que ofrece la Empresa de Servicios Especiales de Telefonía Avanzada (ESESTA) mientras me dirigía al tribunal correccional ubicado en el distrito de Havabieha, a donde tuve el honor de asistir en calidad de invitado a los juicios a celebrar en el día.

Cada uno me llamó la atención por un motivo diferente: en uno, en una interesante interpretación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el tribunal catalogaba de inmigrante ilegal a un ciudadano tutano oriundo del noroeste del país, que no poseía dirección legal en la capital, ni era capaz de acreditar vínculo laboral alguno (seguramente producto a las políticas de flexibilización laboral emprendidas por el gobierno). Otro caso muy interesante fue aquel en que la sentencia basaba todo su razonamiento, en el hecho de que no se había logrado destruir la presunción de culpabilidad que impera en la práctica judicial tutana.

No obstante, el caso más interesante fue sin dudas aquel en que al reo se le acusaba de hacer un uso indebido del nombre de las sras. madres de los 3 últimos individuos que se han sentado en el sillón presidencial. Adoptando una postura técnica que no conseguí comprender, la fiscalía tutana consideró que el hecho era constitutivo de unos delitos de Desórdenes públicos y Desacato. Mi desconcierto aumentó considerablemente cuando la propia fiscalía justificó la falta de testigos por haberse cometido el hecho en solitario, ¿cómo es posible que se cometiera el delito?

Durante el juicio oral, quedó demostrado que los altos mandatarios no se encontraban presentes y que las injurias -que con una versión muy coherente, el acusado negaba haber proferido- en cuestión no fueron una respuesta inadecuada a órdenes de estos. Cuando el oficial de policía subió al estrado pensé que iba a lograr darle sentido a todo aquello, pero mis esperanzas desaparecieron cuando, muy sincero declaró: “Yo no sé nada de esto. No oí, ni vi nada, porque yo no fui el policía que arrestó al acusado, a mí me comentaron lo sucedido y me ordenaron venir a declarar…”

Cuando terminó el acto de juicio oral, me acerqué a la presidenta del tribunal y le pregunté su parecer, a lo cual con una voz en extremo nasal respondió: “Bueno, hay un delito que se le fue -desórdenes públicos-, pero él absuelto no va, absuelto no va….”

No sé si le llegarán a imponer la sanción de 4 años que pedía la Fiscalía o serán más benevolentes, lo cierto es que los jueces y la fiscal adoptaron una postura técnico jurídica tan innovadora como desconocida por mí, que me ha hecho entender cuán urgentemente necesito regresar a la Facultad a ventilar este tipo de casos con mis antiguos profesores. No puedo esperar a retornar a Cuba y contarles…

Leer parte II

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