Onírica

Endeble

Por: E. Roca

Ese hombre se está muriendo. Míralo verde, muy verde. Aprieta la mandíbula como agonizando molesto, reprimido, bravo con la vida. Aguanta el aire para hablar. La furia no lo deja engordar tres libras. “Yo quiero aclarar, yo quiero puntualizar, porque así como lo pones tu pareciera…”, dice.
Nunca le ha crecido un pelo en la barba. Su cara erosiona. Señor, se vale gritar ¿necesita ayuda?
Una toalla mugrosa entre cuello y camisa aguanta toda energía para que su condición de humano no lacere las estrellas del traje. El traje es la armadura que sostiene un cuerpo delgado. Tela de exoesqueleto.
Cerramos ventanas por miedo, hablamos bajito por precaución, de reojo el resto acuerda para no dañarlo. Coincidimos que al exponerlo, el aire de la ventana lo vuelve nada, lo borra, lo hará libre.
Ese hombre se está muriendo y un uniforme de medicina cobra sus días porque él no grita ni deja al sudor comunicarse, crear un hongo y hacerse vida.

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