Onírica

Exterminio

Por: Jorge Fernández Era
El vecino estremeció a todos con su falta de aire. Jóvenes, adultos y viejos se exaltaron ante la posibilidad del contagio. Uno a uno, como eco inconfundible de la enfermedad, sintieron que comenzaba a elevarse la temperatura interior. Eran síntomas de la propagación, casa por casa, de la pandemia. Las antenas transmitían la alarma. Muy tarde para huir, mucho menos con esa lentitud desesperante.
A cal y a canto, e infructuosamente, el enemigo había intentado desaparecerlos. Hoy llegaba un organismo minúsculo, el covid-19, y lo lograba en pocos días.
Sobre los campos, miles de cadáveres insepultos, triste recuerdo de la invasión del caracol gigante africano.

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