Fotografía: Wendy Pérez Bereijo
Onírica

Diciendo de la lectura poética del domingo

Este versa sobre el mojo que sale de tus paredes linternas, cuando centra, en cualquier cuarto, menos de un cuarto de mi ser entero.

Por: Pablo Dussac

Me invitó a leer la dama,
ya reina en mi tablero.
Solíamos tener largas charlas,
por diversas vías,
de lo cercano que se nos hacía
Nogueras, lo tan locamente
atinado de su poesía,
datos de su vida,
algo sobre su amistad
con la viuda
y muchas otras intertextualidades
del momento.

Pero ese domingo
quería que le leyera.
Y leí.

Nos rodeaba la luz exacta,
sus ojos enfocaban el texto,
que no leía, mas ella disfrutaba,
me escuchaba con la boca,
y cada vez me prestaba más atención.

Su piel humedecía mis dedos,
para pasar las páginas,
y, aunque no era característico
de esa edición, yo vi las ilustraciones,
no me jodas, eran sinestésicas,
las sentí.

Nunca nadie prestó
tanto interés en tan efímero
performance.

El más salvaje trío literario,
orgasmos poéticos,
sudando versos,
gimiendo estrofas,
los dientes besando la carne.

Yo, desnudo, leyendo a Nogueras,
y ella escuchándome todo el texto
con su boca.

El poeta terminó primero,
luego ella
y después yo.

Y recuerdo que fue un domingo.

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