Onírica

Preso

Por: Anckla

Y la cama se sentía como el arrecife en mi espalda. La angustia, amarga y fétida, llega a mis pulmones en marea, conquistando mi boca como si fuera un beso de ira, o el olor de la muerte en vida, reclamandome el aliento inmerecido que exhalo a su paso.
Esta noche hierven en mi mente mis ojos salados.
Yo mirando la oscuridad, la oscuridad que me devuelve su espanto y me odia y la amo y la abrazo y a veces le rezo- pensando, esto también pasará. Llorando por dentro, chiquito, esperando lo que no llega. Amando un recuerdo, un pedazo de tiempo. Atado al pasado, la ausencia- ahora no hay ningún presente que me saque. Gritándole al silencio que me devuelva mi voz. Gritándole a la vida que me devuelva el fuego. Estrujando mi alma por unas gotas de calma. Fumándome el cuerpo, que se lo empieza a sentir y aparentar estar riendo cuando me siento que me lleva, que la muerte me lleva.
Esperar que mi vida se disuelva en los años.
Abandonarme al engaño de que ya la viví. Con anorexia de plata, para darme algún lujo revolcado en el reflujo del tragar y escupir las pasiones colgadas. Tal vez mi sangre infectada, que ya es mucho decir, entendiendo las reglas que ya son muy viejas pero se aplican a mí, cree que mi desobediencia no es silencio.

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: