Onírica

Querida

Por: Anckla
Dirán en algún momento que todo lo que fue bueno y verdadero murió en los ochenta. La música, la cortesía, los gestos de mano en mano para con las personas. Que el momento nos cambió del todo cuando llegó el noventa. Y sí , llegó el noventa.
Algunas pocas bandas de música hicieron buenas cosas, aunque efímeras. Pero la necesidad de sustento, lo dejó todo de lado… para entonar las notas de nuestra nueva realidad. 1,2 y 3… Lo lamento, no me pude resistir.
Comienza el deterioro de la querida. Ya no pudo mantener el brazo fuerte que la protegía y le proveía, con guadaña y mandarria en mano. No necesitó de sus servicios y las caricias dulces que le brindaba, o la ubicación de su casa cerca de su trabajo, pues estaba muy enferma la esposa que falleció poco después. Por una sobredosis de McDonald’s y Coca-Cola, murió.
Sin un empleo fijo, comenzó a buscar entre los vecinos cercanos, una ayudita para vestirse y comer.

Siempre fue orgullosa, de carácter rebelde, luchadora.

Pero de pronto se volvió arisca, y para no ser vulgar, fue chusma y pendenciera. Le bajó la hemoglobina y los glóbulos rojos decayeron. Tenía pocos de los blancos. Pero la desezperanza fue verde, y por allí empezó la contaminación. Sus células especializadas en producir vitaminas y alimento, las movieron al cerebro donde las armaron y reprogamaron para custodiar el organismo que se había vuelto tóxico, hostil, y no funcionaba con el nuevo padecimiento. Sin apenas pulso. Producto del abandono, su sangre empezo a oscurecerse, y la circulación quedó practicamente detenida. Perdía el conocimiento parcial o totalmente, a veces por mucho timpo y sin horario, y las grandes hemorragias no se hicieron esperar.
El vecino de arriba, que jamás dejó de codiciarla, ya anteriormente mostró intenciones de poseerla.

Entre ellos hubo romance,

pero su estamina iracunda y la juventud entre sus piernas, le exigían más trabajo que placer con la querida. Entonces esperó. Se dedicó a mostrar las comodidades de su apartamento y el grosor de su billetera, mientras la querida se deterioraba y encanecía pensando como su extinto amor.
Existieron varios pretendientes. Le daban regalos y cierta representación. Pero el costo fue desangrarse y perder buenos nutrientes. Con el más reciente -apenas lo conoció-, perdió poco el conocimiento, al menos no como antes.
Pero su sangre no fluye con libertad. Se desvió del corazón para mantener vivo al cerebro. La querida tiene ese tono verdeazulado que antecede a la muerte. Adquirió varios virus importados, y aunque hace algún ejercicio, sigue teniendo hemorragia y poca nutrición.
El vecino la mira con saña, la humilla y desprestigia. Sufre la propia impotencia y le restriega en la cara el álbum de sus victorias. Ya estamos en los dos mil, y la querida está aun viva, sangrando, mal nutrida, mal educada, y con pécima circulación. Su poca sangre infectada de frustración y de reguetón. Desviando todo al cerebro, y olvidando al corazón.

¿Será que se ha vuelto loca? ¿Le faltará la razón?

Sigue buscando en otras partes por una curación. Necesita de diálisis, quizás de otra medicación, que le extirpen la mente, o transplante de corazón. El organismo adecuado lleva más que la razón. Un pensamiento cerrado, es letal para el corazón.

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