Onírica

Crónicas de Tutanga (I)

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

Existe en el extremo sur del continente africano, un pequeño archipiélago, que aunque lejano a nuestro país, comparte con nosotros semejanzas culturales muy notables, quizás como resultado de la dilatada presencia colonial española, pero también de índole política: La República Popular de Tutanga y Vahandadakí [1], se encuentra asediada hace décadas, por el rapaz imperialismo norteño de la vecina Sudáfrica, con quien también mantiene conflictos limítrofes dada la ocupación por esta de la Bahía de Guanábana.

Recientemente tuve la oportunidad de visitar ese país, y ver con mis propios ojos un civilísimo ejercicio democrático: Los tutanos fueron llamados a las urnas con el propósito de avalar una reforma constitucional/ambiental.

El tema más polémico giraba entorno a si a la vegetación nacional actual, dominada esencialmente por matorrales, debía ser sustituida por una donde proliferasen los arbustos.

La academia jurídica, cuyo exponente más acabado lo constituyen las distintas comisiones parlamentarias, ha sido capaz de impresionar al mundo en más de una ocasión, y el proceso del reciente referendo así lo demuestra: llama la atención la sui géneris postura adoptada por la ley electoral tutana, que expresamente decidió prohibir todo sesgo de proselitismo político durante los distintos procesos electorales, en pos de desterrar definitivamente la demagogia y demás vicios de la política tradicional.

Este último aspecto hizo que más de un entendido del tema, se cuestionase la legalidad de la feroz campaña mediática a favor de los arbustos. El tema fue casi polarizante, pero cedió paso a una unánime inquietud general: ¿y el silencio electoral donde quedó? Es cierto que en Tutanga no hay hábito de suspender las campañas de índole proselitista durante las 72 horas previas al sufragio, pero también es cierto que en las últimas décadas, tampoco las ha habido. Algunos tutanos esperaban que al amparo de las recientes innovaciones, también esta práctica internacional fuera acogida.

Otro aspecto por el que destaca Tutanga, es por su flamante cátedra de ciencias exactas, especialmente la de matemáticas, cuyo aporte se materializó en la invención de un novedoso sistema de cómputo, que fue utilizado por las autoridades electorales durante el último proceso.

Los resultados, no obstante, han sido controversiales: solamente un 9% de los votos válidos aprobó la reforma. El equipo técnico y el propio gobierno, han culpado al enemigo imperialista sudafricano, a la vez que admiten fallas técnicas en el proceso, pero dicen tener fe en que el Sí ganó, por lo que actuarán en consecuencia. No obstante, el razonamiento tiene una base lógica: no es posible que en un contexto social tan polarizado, solamente un 9% haya votado por el Sí.

Los resultados favorables al Sí ya eran esperados, pero se vaticinaba un margen mucho más estrecho entre ambas tendencias, margen que lamentablemente, no fue capaz de ser registrado por el sistema tutano.

[1] En la lengua nativa, el tutano, la “h” suena como “j” y siempre que aparece más de una letra “d” en la palabra, debe pronunciarse la segunda como “de”.

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