Onírica

Unidos

Fotografía: Wendy Pérez Bereijo

Por: Anckla
Dos disparos en el pecho lo pararon en seco. Dos agujeros rojos muy juntitos sobre el corazón. Terminó la vida y la jornada del día antes de caer.
El tercero en la frente para asegurarme. Ya el pago estaba en el pasillo, aunque yo lo hubiera apagado gratis por diversión.
Puse de nuevo el makarov en la funda del muerto, que colgaba de un clavo en la pared del cuarto del solar (justo donde encontré el par de guantes).
La mulatica encuera se levantó de la cama y encendió dos cigarros. Me tiende uno y la miro de reojos.
-No se la mamé cariño, yo no beso un puerco como ese. Fumemos, digo yo. Las llaves de la moto están en el pantalón en la silla-, dice mientras se pone la tanga de encajitos blanca.
-Me lo tuve que templar otra vez, cabrón. Te demoraste con cojones, ¿sabes?-, señaló sonriendo mi oreja y cae en la cuenta del ruido de sierra en la carpintería.
Ella levanta los brazos y las cejas sin comprender bien, moviendo los pechos jovencitos y duros que la ayudan a ganarse la plata en las noches.
-Aunque aun es temprano, el reguetón del cuarto de al lado y la sierra, mulata, tapan los tiros-, le explico. La mueca de quien cae tarde en el chiste me hace. Mientras, el guardia panzón está en calzoncillos, alfombra de piso, y yo cojo el uniforme y los documentos.

La linda mulata termina de vestirse, lástima.

-¿Qué hacemos con esto?-, pregunta dándole una caricia fuerte en los huevos con los tacones.
-Déjamelo, tú quédate con su dinero y si quieres el espray, pero piérdete-, digo sin mirarla.

Fotografía: Óscar Pérez

Al tiempo que me visto de uniforme, veo que me queda ancho, por eso no me quité mi ropa, y además las botas me quedan chicas. Se van con el pantalón y la gorra de regalo a las manos del guajiro que chapea en el parque del barrio. La camisa tiene el número de fabricación, así que se queda.
Las esposas son para la rubita jinetera del caserón de Playa (otro regalo que le va a encantar). La tonfa es para el socio del almendrón, su padre fue guardia y puede justificarla por ahí (gratis por su puesto, me tira buenos cabos).
La chaqueta es de nylon. ¡Qué lástima! Si fuera la vieja, de las de antes (eran buen cuero), ya serían dos en mi closet. Pues para el custodio del mercado, me fía los cigarros por las noches.
Tengo que llevar la moto a Boyeros, para la karpazuki del calvo. Buen precio, dinero rápido y sin lío (y no pregunta).
Miro los cristales de los espejuelos con cuidado para usarlos al salir, todos lo vieron entrar. Ya está oscureciendo, ¡me encanta este horario! El chapeador ya debe haber terminado el surco particularmente profundo en la parte de atrás del parque de diversiones, donde van las arecas.

¡Qué linda mi cuadra!

Ya viene el tractor de la basura, hoy es puntual.
Parto de unas patadas las dos patas que quedan del sofá. Quito los bloques que están por las otras dos y lo viro en el suelo. Saco el relleno de guata para meterlo dentro de mi chaqueta y acomodo el cuerpo dentro, enredado a duras penas entre los pocos muelles rotos y tapándolo con el tapiz del fondo. Recojo los tres casquillos y al bolsillo.
El chapeador y el custodio del mercado, aparecen y ayudan a botar el sofá roto del cuarto vacío donde murió hace un mes el viejo manisero, infartado por una multa por no tener licencia, ni de donde pagar la multa.

En carreta del solar al parque son tres cuadras en ruta para recoger la basura, y al mercado cinco. El chapeador y el custodio se cuelgan detrás para no caminar y conversan con los de comunales de cualquier cosa haciendo guara con ellos y el les pasan su caneca, con ron del mercado, comentando que bien le vendría el sofá entre las arecas nuevas que va a poner en el parque.
Después de probar se da cuenta de la tontería y vuelven a subirlo al tractor entre los dos. Otra vez, mientras el grupito de comunales los dejan discutiendo y se alejan riéndose de ese par de borrachos y que se perdió la botella y la caneca llevándose el sofá, mucho más flaco que al principio. Sin prestarle atención.
La Suzuki tiene gasolina suficiente. Enciende al palo. La noche esta fría y de lujo para moto y carretera. La chaqueta con el relleno del sofá, aparte de imitar la panza del guardia, también me tapa del frío y los guantes de ese cabrón tienen que ser traídos, ¿De dónde habrá sacado casco Safebet y guantes Monster? Ni el calvo se los puede pagar, o sí.
Voy suave Boyeros arriba, cerca del aeropuerto. No me preocupan las cámaras en la ida. Casco y los espejuelos, ¡que incómodos para manejar! Uniforme y moto del gremio: a esta hora no me para nadie.

Esta sensación de libertad solo la da una moto.

Veo en la cuneta bajo el puente la bóxer del trabajo del calvo. Le parpadeo dos veces la luz y antes de llegar ya baja la rampita para que entre.
Sí tenía para pagar casco y guantes, moto, y se antojó del cinto y la pistola. Dos cosas, si se la vendo corro el riesgo de abrirme cinco nuevas cavidades o más, si usan los otros cargadores conmigo y dos, tengo otros planes para ella. El cinto se lo dejé de regalo.
Me quité el uniforme en la bóxer. Todo lindo en una javita menos la tonfa. La camisa la dejé para limpiar la grasa del almendrón que me paró contrario a la van. Venía de una carrera en el aeropuerto y me recogió cuando vio a su vecino botao y sin la numeración. Con esa encendimos un cigarro más tarde.
El chofer y yo la vimos arder, mientras se acomoda la tonfa bajo el asiento. La comodidad de las cosas bien planeadas y la cooperación de los vecinos es fundamental. Ya les diré más tarde qué une más a las personas que las consignas. Y por cierto, ese HP copia de poli hecha en Oriente se lo tenía ganado. Por muy psicópata que yo sea, se lo buscó. Y salió rápido y sin dolor, cortesía de la falta de tiempo.

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