Opinión

A los implicados

Por: Miguel Alejandro Hayes

Hace poco más de un año, un hecho nos marcó a un grupo de jóvenes. Nos tocó muy de cerca. A algunos, nos sumió en una angustia que conducía a replantear mucho de lo que se creía. Otro sacaron provecho, y otros claro, ni se enteraron, incluso estando ahí.
Con lágrimas asomadas, escribí estas líneas que he esperado este tiempo para publicarlas.

Lejos de aquellos momentos, curado de toda huella que pudo quedar, las muestro con la absoluta responsabilidad que amerita.
No es intención herir, reprochar, y mucho menos desatar viejos conflictos unidireccionales. Mas bien, quiero mostrar lo que se sentí mientras lo escribía. Perdone el lector que nos visite si no entiende los hechos específicos a los que hacen referencia estas líneas, por esta vez, ellas van dirigida a otras personas.

A los Implicados

En realidad no es tan evidente lo que pasó, al menos definirlo correctamente. Llegué a pensar que podía hacer una básica clasificación. Dividí a todos en dos grupos, definí un criterio, y separé en ‘’los buenos y los malos’’. Descubrí que aquello no tenía sentido: el conjunto de los buenos poco a poco se me fue quedando vacío. Dividir un conjunto en dos para obtener uno de ellos vacío es una barbaridad. Resultó que todos habían cedido.
Olvidé esta idea y continué pensando. Lo mejor que podía hacer era sacarle provecho, convertir la energía de la derrota en algo útil. Estudiar lo ocurrido, ir a sus esencias, y con esto explicar lo que se mostró a la vista de los presentes -y de los que no lo estábamos-.

Es doloroso recordar, pero hay que hacerlo.

Ellos no eran los malos que nos fueron convenciendo para cambiar de idea, para soltar la espada. España no fue el villano al proponer el Zanjón, ¿lo fueron los mambises que la firmaron? Solo eran hombres, ¿qué más desgaste se les podía pedir? Estaban cansados y no podían continuar una guerra, ya sin fuerzas.
¿Acaso Maceo se resistió mucho tiempo? Él también tuvo que retirarse del campo de batalla. Es evidente que no había condiciones para continuar la lucha y era mejor dejarse llevar por el estado de las cosas. Por suerte nunca luchar es un fracaso.

Siempre luchar es como mínimo hacer presión.

Después de todo, pocos años después se hicieron concesiones, y la esclavitud desapareció. Cuba marchó mejor luego de aquella la guerra. Incluso pudo parecer que no se podía cambiar la dependencia de la metrópoli y muchos estaban felices por los beneficios obtenidos en la negociación. Parecía ser lo mejor. En realidad lo era, después de todo, no había condiciones para hacer una guerra. Se dejó caer la espada, y fuimos nosotros, pero porque ya no podíamos sostenerla.
¿Cuántas veces dejaremos caer la espada por no poder sostenerla?, porque claro está que no había condiciones para seguirlo haciendo. Era demasiado tiempo para una revuelta. Al menos como eso quedó, como una revuelta.

La diferencia entre una revuelta y una revolución son las ideas que defienden.

Las revueltas son puro embullo, sentimentalismo espontáneo como catalizador de la más banales, mundanas y vacías, rebeldía y ambición. Las revoluciones, son la forma más acabada de manifestarse las soluciones a las contradicciones sociales. Los hombres de las revueltas van vacíos.
Los de las revoluciones llevan el peso de las luchas sociales. Son la personificación del aspecto de la vida social que está siendo reprimido. No es el hombre, sino lo que representa, lo que lleva detrás y que lo hizo estar ahí. Si no hay conciencia de eso, esos hombres no existen.

Si no existen los hombres de la revolución, no hay revolución.

Por eso, la más enérgica fuerza de cambio revolucionario, se vio reducida a una revuelta. La conciencia, eso fue lo que falló. No se comprendía que estaba en juego el respeto a la mayoría, a un conquista, a algo por la que tantos lucharon.
Los implicados, pueden recordar con nostalgia la adrenalina de desafiar al poder, tal y como pudieron recordar sus participantes a la Comuna de París. Es un recuerdo muy grato. Reconforta el hecho de poder fracturar aunque sea por poco tiempo la estructura hegemónica. Recuerdan clima de cambios, cuando solo hubo pequeñas ráfagas confusas. Descansan de lo ocurrido. Se respira con alivio que todo haya pasado. Predomina el deseo de reposición de las energías perdidas en la contienda.

Hay que reflexionar, la lucha revolucionaria no es para todos, la revolución no es de un instante, es de toda la vida.

Se perdió mucho, se cedió ante un poder que no teme debilitar y dividir a los jóvenes por hacer primar sus intereses. La revolución, por falta de constancia en las ideas se convirtió en una revuelta. Pero somos tan solo hombres, no se podía hacer más. También es un hecho que las contradicciones siguen estando ahí. Están y seguirán estando mientras no las concienticemos, y para entonces, no serán incontenibles.
No fuimos malos, ni débiles, simplemente no se supo llevar encima el peso de lo que se representaba en ese momento. Aun no se contaba con la madurez suficiente para enfrentar un hecho de tal magnitud. Se ganó en experiencia. Se tenía que ceder, no estaban creadas las condiciones suficientes de lucha. Estos hechos fueron nuestra paz impuesta, sin independencia, nuestro Zanjón. Ya vendrá otra guerra una chiquita,

¡Y una necesaria!

2 Comentarios

  • nyls gustavo ponce seoane

    Hay varios compañeros a los que no le ha gustado el artículo pues, no ya porque no se mencionan nombres, sino que no se menciona el hecho de rebeldía en que participaron; para poder evaluarlo como tal ¿cuál es la preocupación o el temor?

    • Hayes Martinez

      Gracias por comentar. Su anterior comentario no lo encuentro. Debo revisar la bandeja desde una computadora para ver si fue a parar a la papelera ( es raro porque este blog no tiene censura, ni manual, ni programada).
      Ahora, lamento que a algunos lectores no les haya gustado el texto, es su derecho. Pero creo que está clara la disculpa a estos, y la aclaración de que no va dirigido a lectores. Sabiendo eso, creo que entonces si se cumple el objetivo del mensaje, porque los implicados que han leído el texto si han comprendido bien. No es que haya algo que ocultar.
      Esto no es una crónica ni un reportaje.Gracias por comentar. Su anterior comentario no lo encuentro. Debo revisar la bandeja desde una computadora para ver si fue a parar a la papelera ( es raro porque este blog no tiene censura, ni manual, ni programada).
      Ahora, lamento que a algunos lectores no les haya gustado el texto. Pero creo que está clara la disculpa a estos, y la aclaración que el texto va dirigido a lectores. Sabiendo eso, creo que entonces que si se cumple el objetivo del mensaje, porque los implicados que han leído el texto si han comprendido bien. No es hay nada que ocultar. No es una crónica ni un reportaje. Es el mensaje que escribí para los implicados ( está explícito). No es solo mi historia, es la de otros, por tanto, solo publico el mensaje. Lamento que no sepa cuál es el hecho al que hago referencia. Y no, no hay temor, no veo por qué habría que tenerlo, como ya he dicho antes: vivo en un país libre, y ahora, estado socialista de derecho, así que no veo razón para que exista miedo a decir algo.
      Saludos

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