Ciencia e Ideolgía
Opinión

Ciencia e Ideología

Por: René Portuondo

 

La ciencia humana, en su esfuerzo humano hacia la verdad, se desarrolla con cierta coherencia interna.

Henry Lefebvre.

(…) en toda ideología, los hombres y sus relaciones aparecen invertidos, como en una cámara oscura, este fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a un proceso de vida directamente físico.

Karl Marx.

Por: Pené Portuondo

Desde el surgimiento de la especie, las formas de la conciencia humana, religiosas, morales e ideológicas se dibujaron en la mente de los hombres como reflejos condicionados por las realidades materiales en las que se desenvolvían y que en muchos casos trataron de explicar. El hombre moderno es en pocas palabras el resumen de dichas manifestaciones de la conciencia humana, que a pesar de estar en estrecha relación con la vida material que las determina, no pueden sino representársela de una manera distorsionada e irreal.

Por otro lado, en el mismo devenir del desarrollo humano nacieron las ciencias, como formas de descubrir y representarse el mundo, pero de una manera más racional y coherente. Las ciencias en tanto ejemplos de un movimiento del pensamiento, crítico y racional experimentan en su propio desarrollo, momentos de duda y de gran escepticismo sobre los postulados que dentro de sus respectivos campos se consideran, verdades naturales e indiscutibles hasta el momento. Este punto, que es el inicio de nuevos descubrimientos y de profundos análisis, es solo una instancia rápidamente superada por el propio pensamiento científico, que no puede contentarse con la crítica y la duda simplista, pues su meta es develar los objetos (cosas, proceso y fenómenos en dependencia del campo en que se trabaje) en una realidad cada vez más cercana a lo que realmente son.

Las posturas ideológicas, sin embargo, raramente logran salir de sus propios marcos y superar la crítica fenoménica de las formas más externas de la realidad. Los heraldos de una ideología no pretenden mostrar los objetos (el mundo) como realmente son, sino como sus representaciones incompletas y auto-mutiladas de la realidad les permiten ver que sea.

Los científicos, solo avanzan al exponer las contradicciones y las incoherencias dentro de su propio cuerpo de pensamiento. Los ideólogos, por otro lado, viven de disimular y esconder sus propias contradicciones, sus incoherencias; labor he de decir bastante inútil, pues solo logran esconderla para aquellos que ya se encuentren dentro de su mismo marco y que ya se encuentre sesgado por un pensamiento similar. La realidad es al final del día el peor jurado para ellos.

Las ciencias obtienen coherencia en su pensamiento al acercarse al conocimiento del objeto que estudian. Las ideologías, si quieren mantener su coherencia deberán matizar (tergiversar) elementos de la verdad del objeto que le son opuesto y que por ello le serán siempre ocultos. Al mismo tiempo si, por el contrario, los ideólogos (representantes y “desarrolladores” de una ideología) tratan de avanzar hacia la verdad asumiendo en el camino dichos elementos, pues lo que estará en peligro entonces será la propia coherencia a lo interno de dicho pensamiento ideológico.

Las ideologías no pueden reflejar el mundo en su realidad sin perder su coherencia, las ciencias no pueden sostener su coherencia si no muestran el mundo en su verdad más alcanzable (quiero decir lo que es posible alcanzar con los métodos e instrumentos con que se cuenta en un momento determinado del desarrollo científico).

Ninguna ideología renuncia a validarse a través conocimiento científico. En este intento, las ideologías que usualmente suelen acompañar a aquellos que llevan las riendas del poder político, terminarán por tratar de subordinar a su forma esquemática y reduccionista de ver el mundo, todo el conocimiento científico alcanzado, eliminado lo que contradice su propio pensamiento e impulsando aquello que lo refuerza. Toda ciencia social que se subordine de forma total e inapelable a una postura ideológica, perderá en gran medida su propia capacidad de hacer ciencia.

Tanto el neoliberalismo como el socialismo real (junto a sus variantes y vástagos), comparten la idea de mostrarse como visiones científicas y coherentes del mundo, sustentadas en preceptos científicos que tratan de darles validez y de legitimarlos.

Más cuando se desarrolla una concepción científica solo para validar una postura política, este sistema teórico está condenado antes de nacer. Solo la ciencia que nace del estudio sistemático y desprejuiciado de la sociedad puede ser considerada ciencia social; el estudio del contenido, de lo concreto y no como extensiones de las formas subliminadas de la conciencia humana.

Quisiera señalar que este texto no se trata de proclamar el fin de las ideologías, eso es un absurdo en toda su dimensión y nada más alejado de las intenciones del autor.

No se trata de defender aquí una ciencia pura, puesto que eso es imposible, mucho más en las ciencias sociales, en donde solo el contacto con la realidad permite conocerla y estudiarla. En este contexto no es descabellado decir que todas las ciencias sociales, parten de una idea preconcebida de mundo fundada en un criterio ideológico, una concepción de mundo que no se crea dentro de la ciencia en sí, sino fuera de esta y que la influye en cada momento de su desarrollo. Y no puede ser de otra manera, los científicos sociales no son seres de otro planeta, seres abstractos y ajenos a la realidad que miran el mundo desde un microscopio gigante. Son seres terrenales, muy terrenales diría yo, que viven y padecen cada día. Como al escribir un libro el autor se revela en él, al desarrollar una ciencia social el investigador se imprime en la misma. Su tarea se dificulta aún más cuando ellos mismo se incluyen muchas veces en la totalidad que estudian.

Lo importante no es defender una ciencia aparte de la ideología, sino saber reconocer hasta donde llega una y donde comienza la otra, que tanto hay de una y que tanto hay de la otra en un análisis. Tampoco lo realmente malo es que se entrelacen (esto es en un esquema lo menos dañino), sino las limitaciones de muchos y el oportunismo de otros para no lograr ver en donde está el margen.

El buen científico no es aquel que se separa de su ideología para hacer ciencia, sino el que es capaz de sobre sus propios prejuicios, entender qué es fruto de la lógica científica y qué es fruto de su propia fe, esta es sin duda uno de los retos más difícil de cualquier investigador social.

La ciencias sociales en el caso concreto de la Cuba autoproclamada marxista- haciendo abstracción del dogma- es el arma más afilada que tenemos los revolucionarios para combatir a los burócratas del pensamiento, esos “intelectuales altos y encumbrados” que dicen llevar en sí y solo en sí la clave de la luz y del conocimiento.

 

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