Opinión

Francisco no es un “ciudadano” más

Por: Julio Pernús

En un mundo totalmente desconcertado ante la crisis generada por la Pandemia, algunos líderes de una mentalidad muy vuelta al pasado y muy alejada de la Doctrina Social de la Iglesia, han comenzado a llamar con un dejo irónico al Papa Francisco, el “ciudadano Bergoglio”, para restarle importancia como un líder relevante de la humanidad. En realidad la categoría de ciudadano, ajustada sobre todo a personas que pertenecen a una ciudad o nación, no tiene por qué ser negativa, pero sí lo es su uso discriminatorio en pos de minimizar el impacto social de los mensajes y la teología esgrimida por el primer sumo pontífice de origen latinoamericano. Se busca, además, llevar a creyente y no creyentes la idea de que la voz del Papa, al hablar de los problemas sociales, económicos y políticos, así como de sus posibles soluciones, es decir, más allá del ámbito de la fe cristiana, no gozan de autoridad alguna; son tan solo opiniones de un ciudadano más.
En Cuba, también se puede apreciar, aunque en menor medida, este tipo de conductas anti-Bergoglio, sobre todo en los comentarios descalificatorios sobre el Papa Francisco que colocan en los medios digitales que tienen al Papa Francisco como un referente especialmente calificado en cuanto a la fe, como también en relación a la escena mundial. Entre los miembros allegados al catolicismo de estos grupos, algunos se auto-definen como “sede vacantes” (consideran la cátedra de San Pedro como sede desocupada). Sus ideas y prácticas tienen por referencia esencial la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II. Este tipo de creyentes suelen atacar la capacidad intelectual del Papa Francisco, afirmando que no cumple con las “expectativas” para el cargo. Como bien ha expresado uno de los biógrafos de Bergoglio, el profesor Massimo Borghessi, “Francisco detesta este tipo de comparaciones y mediciones de intelectualismo barato, que muchas veces son afincadas en posturas ideológicas o teológicas cerradas.”
El actual sucesor de Pedro ha sido incluso etiquetado por algunos de estos grupos como un trasnochado militante de la izquierda latinoamericana o un representante de la Teología de la Liberación. Insinuaciones como estas han sido desmentidas por conocedores cercanos del Papa Francisco desde su etapa de pre-novicio, como el recientemente fallecido jesuita argentino Juan Carlos Scanone. Este teólogo aclaró que la visión defendida por su compañero de orden era la Teología del Pueblo, que no utiliza al marxismo como paradigma sociológico. Pero, nada de eso ha logrado hacer mella en las ideas de líderes, como el español Santiago Abascal, presidente de Vox, que categorizan cualquier propuesta que haga nuestro papa como la de un simple ciudadano más.

No pretendo hacer de mi texto una apología de la figura de Francisco; no le hace falta. Como ser humano ha cometido errores, visibilizados en ocasiones de forma malévola por grandes trasnacionales mediáticas que detestan su cercanía a los pobres. Pero aun ese tipo de discurso, no puede negar que su pontificado ha sido ejercido desde una visión de fe y a través de una comunicación que apuesta por la ternura, la compasión y el perdón, lo que no deja fuera a sus detractores. Sus ideas han sido esbozadas desde lo que me atrevo a describir como el realismo del amor, capaz de llevar en sus hombros, al caminar en solitario por la plaza de San Pedro, todas nuestras cruces. Un ser humano así, un líder de esa magnitud, no es un ciudadano más.

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