Opinión

El grand Slam de un sabio

Por: Sender Escobar

Jueves 17 de enero de 2019, 11:30 pm:
El equipo de béisbol de Las Tunas, Los Leñadores, acaba de proclamarse campeón de la Serie Nacional LVIII por primera vez, después de cuarenta y tres años de fundado el equipo. Emocionado por ver al fin logrado un anhelo de niño.

Hace un año atrás, en un séptimo juego de otra final, la esperanza de miles de tuneros terminó con el último out. Pero esta vez los leñadores reeditan la proeza con un resultado muy diferente. Un año después, al fin, luego de veinte años (de veinticuatro de vida) siendo fanático del béisbol, de llorar desconsoladamente cuando era pequeño cuando mi equipo perdía con una frecuencia más de lo habitual, en una odisea de bolas, strikes, hits, doble plays, y home runs, se coronan campeones. El pecho se me llena de orgullo y comienzo a llamar a mis seres queridos que también comparten conmigo, pero de un modo no tan apasionado, uno de mis primeros amores.
Se me ocurre que hay alguien también muy especial, con quien deseo compartir mi alegría. Una persona de ochenta y un años que la admiración de escucharlo y verlo cada sábado en el programa Béisbol de Siempre, han hecho en mí uno de sus más fieles seguidores. Primero desde la distancia de mi provincia y ahora al alcance de una llamada telefónica. Marco el 78328848, víctima de la emoción, es tarde en la noche, aunque mi júbilo gana por mantener la iniciativa. Una voz conocida descuelga el teléfono:
– ¿Sí?
-Buenas noches, ¿me habla Sené?
-Sí soy yo, dígame.
-Mire, disculpe que lo llame a esta hora, me llamo Alejandro. Mucho gusto. El problema es que yo soy admirador de usted y también soy tunero y quería llamarlo desde hace tiempo y se me ocurrió ahora, disculpe que sea tan tarde.
-No, no te preocupes si yo estaba viendo el juego, ahora mismo acabo de hablar con la gente de Las Tunas para felicitarlos.
-Bueno yo quería saber, ¿si era posible visitarlo a usted en estos días?
-Si como no, ven mañana.
– ¿Me puede decir la dirección?
-Calzada y L, atrás de la embajada americana.
-Muchas gracias, yo paso mañana por la tarde.
Colgué, la mezcla de por fin ver a mi equipo campeón y la víspera de poder conocer a un hombre increíble se mezclaron en el torrente que se adueñó de mí en esa casi madrugada.

***

Viernes, 18 de enero 5:30 pm:
Toco la puerta un poco nervioso. Me atiende una mujer, asumo que es su hija.
-Buenas ¿Sené se encuentra?
-Sí, pasa, siéntate. Espera que ya viene.
Entro a la sala y la certeza de estar en el hogar de un hombre consagrado en alma al béisbol es inmediata, cuadros sobre equipos y peloteros, pelotas firmadas, un stock de películas y documentales sobre béisbol y el mismo multimueble de fondo que muchas he visto por el televisor.

Escucho unos pasos irregulares. Me asomo a un costado de la sala. Un señor alto a pesar de que se ha encorvado un poco por el paso años, dueño de una mirada noble, me extiende su mano. Yo le regalo un abrazo por al fin conocerlo y él me palmea dos veces la espalda. En mi mente se agolpan (como en la canción de Sindo Garay) cientos de preguntas acumuladas en cada programa, ¿cómo es posible que Ismael Sené sepa tanto de pelota?

Se sentó frente a mí y comenzamos a dialogar de lo evidente: El triunfo de los leñadores, la venidera Serie del Caribe, el programa Béisbol de Siempre, literatura…
Este hombre que acumula tantos años, de modo jovial me arranca sonrisas por sus constantes ocurrencias. Crece ante mí como persona, no solo por la venerabilidad inherente de los ancianos, por la vida que ha transcurrido en sus hombros y de la Cuba que ha sido protagonista y testigo, sino también por la frescura y actualizados que son sus temas de conversación. Sorprendido me despido de él ese día, bajo promesa de regresar cada viernes o cualquier otro día por la tarde:
-Ven cuando tú quieras compadre, así yo me entretengo también.
Transcurrieron tres semanas donde por supuesto como había prometido visito su casa cada viernes por la tarde noche. Un martes mi móvil suena, veo en la pantalla un numero conocido.
-Dígame Sené.
-Ve hoy al edificio de Línea y H que se van a reunir la gente de Béisbol de Siempre.
-Gracias.
No solo tengo la oportunidad de conversar nuevamente con Sené, sino que al fin después de años, maravillado por los documentales, anécdotas, historias y películas donde mi deporte favorito era protagonista, podía al fin conocer a los hacedores de un espacio del cual había bebido tantos conocimientos y más de una vez sentirme conmovido. Donde el propio Sené era el portador de las emociones que ellos vivían. Llegué sin conocer a nadie excepto a Yasel Porto, con quien también sentía una deuda de gratitud.

Un poco más avanzado el evento coincidían figuras que conocía en parte gracias los testimonios de personas que me narraban los hitos de nuestro béisbol y a los archivos de vídeo proyectados por el programa. Pedro Medina, Rodolfo Puente, Andrés Ayón, el Héroe de la República René González, todos ellos convergían ante mis ojos unidos por un vínculo llamado béisbol, que se tornaba mucho más que deporte. Es una parte esencial de la existencia de los protagonistas y acompañantes al evento celebrado. Nuevamente agradecí a Sené por recordarme en un instante como ese, sin que se diera cuenta de lo que significaba para mí compartir con tantos amantes de la pelota…

***

Transcurrieron los meses donde con una frecuencia variable continuaba visitando a Sené. Nunca preocupado por el tiempo propio, si no por el de él, porque no me daba cuenta hasta que instante podía o no estar molestando, a lo que siempre contestaba él en cada despedida:
-Ven cuando tú quieras compadre.
Y así lo hice aprovechando un apagón en el trabajo o una salida temprano. Alguna visita que por coincidencia era cerca de su casa. Una ida al teatro donde por cercanía llegaba, para hablar, aunque fueran solo veinte minutos. A pesar de lo asiduo con que frecuentaba su casa, nunca se repetía un tema de conversación. Sené guardaba en su mente tantas anécdotas y conocimientos, que incluso el mar que daba a su ventana, se veía pequeño ante sus razonamientos sobre cualquier problemática, fuera de economía, deporte o historia. Su capacidad de abordar cualquier tema continuaba siendo el motivo a parte de mi admiración declarada, una fuente para saciar la sed de curiosidad y despejar ciertas neblinas históricas de las que él había sido testigo presencial.
-Por suerte o por desgracia, a mí no se me olvida nada- me dijo uno de esos tantos días
La actitud con que me recibió el día en que le entregaron el facsímil de su libro Desde el césped de mi estadio, a punto de ser lanzado, me sorprendió, aunque estaba acostumbrado a verlo siempre alegre cuando llegaba una visita. Incluso a pesar de los padecimientos que hacían mella en su físico, pero nunca en su estado emocional. Primero por la jovialidad con que narraba sus anécdotas que constituían gran parte del libro, sino también la alegría de poder comunicar tantas vivencias y sentirse como si fuera padre nuevamente. Más de una vez llegué a visitarlo abrumado por constantes presentes en mi vida como lo han sido la soledad y la distancia familiar, pero con la conversación y las sonrisas por las ocurrencias de un hombre de un sentido del humor increíble, encontraba en él un asidero para mis propias disyuntivas en una ciudad que había elegido vivir frente a todas las circunstancias posibles y Sené desde la distancia de unos ochenta años me trasmitía esa chispa de fortaleza vital que a veces olvidaba por cavilaciones sobre un futuro inmediato incierto, pero escucharlo hablar constituía un aliciente para hacer a un lado la negatividad que a veces muchos somos presos.
Su visión de vida constituía la de un ser humano satisfecho y pleno. Incansable pesar de la jubilación, lo mismo conversaba desde el sillón de la sala donde me recibió muchas veces o en la cama recostado frente a un stan lleno de libros sobre béisbol, conversando por teléfono o con el visitante de ocasión con quien se comportaba afable y ocurrente.
Martiano como pocos, Sené tenía sin proponérselo capacidad de tocar almas, de conmover con la palabra precisa, en cualquiera de los instantes en que su verbo se tornaba el sentir de todos ya fuera en la reunión anual de la peña Matín Dihigo, en Béisbol de Siempre o en cualquier acto para rendir homenaje a los protagonistas de la historia beisbolera. La misma historia que atesoraba en su mente como el más fresco de los recuerdos si era necesario profundizar sobre cualquier hecho particular. Posiblemente lo más singular en Sené es que nunca fue un buen pelotero, testimonio expresado por el mismo cuando más de una vez lo escuché hacer anécdotas sobre lo terrible que era como jugador. Pero como apasionado del juego del diamante, era manager, pitcher, cátcher y cuarto bate, todo al mismo tiempo. Capaz de conectar el hit a la hora buena para o ponchar en el momento preciso cuando el juego estaba caliente con las bases llenas.

La presencia de un proceso inevitable que siempre avanza, la muerte, nunca la sentí cerca de Sené, incluso cuando pasaba cerca de la funeraria de calzada y me decía: Ojalá y nunca tenga que venir aquí cuando suceda. Simplemente porque no era sinónimo del hombre quien unos días un poco maltrecho y otros más repuesto me daba la bienvenida a su hogar. La mirada sobre lo predecible también fue un tema de conversación que cupo en la brevedad de un diálogo:
-Mira Alejandro, cuando suceda que vamos a hacer, yo hice todo lo que me gustó durante bastante tiempo y ahora lo sigo haciendo con Yasel y el programa.

Habíamos quedado de vernos en esta semana para conversar como siempre y esperar si por fin le entregaban más copias de su libro, de los cuales uno era para mí. Llegó el sábado y con el amanecer la noticia de su partida, el triste sainete póstumo que nos fue anunciado a todos, la más dura de las verdades que se afrenta a medias, a pesar que se multiplique en recuerdos cuando conoces con una certeza calcinante, que no estará ahí de nuevo, esperando la próxima visita, listo para sacar de esa caja fuerte cuya combinación eran las palabras, una jugada que una vez fuera la más sencilla de un partido de pelota, pero en la voz de Sené se convertía en la más increíble de las historias.

***

Viejo, me atrevo ahora a llamarte así porque siempre lo traté de usted, como símbolo del respeto conjugado con una admiración que ahora se trasluce en tristeza, en incertidumbre por no verte en vida de nuevo. Pero te tengo aquí en mi celular, con esa foto donde pediste que te pusieran más pelo y te quitaran algunos años, en esa entrevista mágica que sinceramente sigue siendo mi preferida. Cuando me dijeron que ya no estabas, tomé el teléfono, busque la grabación y me hiciste sonreír nuevamente desde un pasado guardado en datos informáticos que, con un solo movimiento, me hacen verte otra vez orgulloso de vivir la ventaja de ser viejo. Es increíble los azares de la vida, estreché tu mano por primera vez un 18 de enero y te vas precisamente un 18 de enero en el último juego de la Serie Nacional, no sé si creíste en cosas del destino, pero lo cierto es que así fue, te despediste de este mundo con un juego de pelota.

No descanses Sené porque conociéndote bien, nunca te gustó descansar, aunque aparentemente lo hacías, porque incluso acostado en la cama leías todo el tiempo bajo esa lamparita de dibujos animados. No descanses, encuéntrate ahora que puedes con Babe Ruth, con Mickey Mantle, con Esteban Bellán, con Cristóbal Torriente, con Yogi Berra, con Martín Dihigo, háblale de la peña que lleva su nombre y háblales de Béisbol de Siempre, de Yasel, de los amigos que aquí te extrañamos, que no nos resignamos a dejarte ir. Viejo, afinca bien los pies en el cajón de bateo en el césped de tu estadio, conecta un Grand Slam para desde la distancia gritar junto a ti: se fue de home run

4 Comentarios

  • Norma Normand Cabrera

    Tú también te has ido de home run con tan bellísimo trabajo, Sender.
    Solo se me ocurre darte las gracias y decirte: “Honrar honra”.
    Un abrazo grande.

  • Rojo de Metro

    Hoy en la mañana, Alina, una gran amiga, me dijo ¨Trinchera¨. Buscaba yo verbo ajeno a vanalidades. !¿Pero esto?!. Pichar de una y coincidir con otro mas que lo extraña. !No puede ser casualidad!. Ves que no descansa. En alguna grada, de algun cielo, sigue riendo. El 28, a las 9 en el Latino, si puedes. Y no importa si nos conocemos, porque el no nos olvida.

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