Opinión

El legado de Marta Harnecker

Por: Tony López R.

Marta, al morir el pasado 14 de junio, nos ha dejado un rico legado, que no solo se encuentran en sus 100 obras escritas, teóricas y prácticas sobre el movimiento popular y social. También por su pedagógica forma de enseñar y de trasmitir sus ideas y pensamiento revolucionario a sus interlocutores, siempre partiendo de combatir los dogmas y los sectarismos.

Proveniente de una familia de clase media chilena, de origen alemán, Marta fue educada en escuelas católicas, hasta que se fue a Francia becada a estudiar a la Ècole Normal de Paris, allí conoció al eminente académico marxista francés Louis Althusser, que influyo notablemente en el pensamiento político y filosófico contemporáneo, quien fue su mentor y de esa Escuela e influencia, marxista sin dogma se formó, también se desempeñó como periodista y psicóloga.

Luego de su regreso de Francia, se integró a trabajar desde las filas del Partido Socialista por el triunfo de la Unión Patriotica y la presidencia de Salvador Allende, hasta el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 y con él golpe, su exilio en Cuba, donde formo su familia y residió por más de 30 años.

En su quehacer periodística e investigadora social, realizó importantes entrevistas, a destacados dirigentes revolucionarios latinoamericanos, entre ellos al comandante jefe del FSLN, Daniel Ortega, al salvadoreño Shafit Handal, comandante miembro de FMLN y al comandante Carlos Pizarro, dirigente del M-19 y candidato a la presidencia de Colombia, asesinado por el paramilitarismo en Bogotá. Cuyas publicaciones fueron de mucho interés para la opinión publica de nuestra región.

Era las primeras décadas de la mitad del siglo pasado, cuando se produjeron las divisiones en el movimiento revolucionario internacional, ella vivió junto a sus compañeros parisinos los debates entre el llamado eurocomunismo y el socialismo real, los comunistas franceses e italianos, eran entre otros los más radicales en las críticas al llamado Socialismo Real, que era encabezado por el PCUS y que provocó fuertes diferencias y divisiones en el movimiento comunista internacional, muy especialmente en América Latina. Que se agudiza años más tarde cuando se produjo la desaparición de la Unión Soviética y el llamado campo socialista.

Es en ese escenario que Marta, estudia y desarrolla su trabajo académico y cuando fruto de sus experiencias, pública su primer libro, Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico, en 1969 por la editora Siglo XXI. Tal como señala su colaboradora y amiga Ximena de la Barra, en este libro “estudiantes, militantes revolucionarios y estudiosos en el mundo entero han encontrado en lenguaje sencillo y motivador un instrumento teórico que les permita el estudio crítico del marxismo”.

“Su intención era entregar los conceptos teóricos necesarios para el conocimiento científico de la realidad concreta, sin el cual sería imposible intentar transformarla”. Muchos leímos y estudiamos este y otros libros y documentos elaborados por ella, que nos sirvieron de herramienta teórica y práctica en nuestro trabajo político, solidario e internacionalista.

A través de mi jefe, el comandante Manuel Piñeiro, (su esposo) conocí a Marta a fines de la década del 70, con ella sostuve muchísimas y largas charlas, siempre me impresionó su alto nivel académico, su modesta y pedagógica forma de trasladar sus conocimientos y su firmeza al defender sus posiciones políticas y filosóficas, en las controversias no era avasalladora o aplastante, sino prudente en su exposición y firme en su contenido, que te convencían.

Era critica, de lo que estimaba no favorecía al proyecto revolucionario cubano, lo hacía con franqueza, honestidad y desde posiciones revolucionarias, defensora del pensamiento político de Fidel y el Che. Cuba siempre era para ella un ejemplo de trabajo en favor de la educación, la salud, la cultura y lo social y así lo trasladaba en sus conferencias y foros internacionales.

Era anti dogmática y para nada sectaria, de allí que los marxistas ortodoxos la cuestionaran, pero tenia un arma muy importante, que era su alto nivel de conocimiento, conocimiento que llevaba a la práctica, en su trabajo comunitarios, como los desarrollados en los barrios cubanos, venezolanos, brasileños. Su trabajo de educación popular fue muy importante, por sus vínculos con las masas, que la diferenciaba de los burócratas ortodoxos, que desde las alturas deciden por los demás.

Marta era sencilla y para nada interesada, no hay duda de que era una mujer de mucho carisma, aparentemente impositiva, pero cuando te sentabas a dialogar con ella, sentías que su conducta era todo lo contrario a lo que parecía, porque compartía con sencillez sus vastos conocimientos, valiente, detestaba a los oportunista e hipócritas, en el fondo muy generosa, noble, una incansable luchadora por la causa revolucionaria de los pueblos de nuestra América, así lo hizo patente, pues aún, con una despiadada enfermedad que le aquejaba, no dejo de trabajar hasta su último aliento.

El centro, Memoria Popular Latinoamericana (MEPLA) creado, equipado y financiado por Marta en 1991, desplegó una importantísima labor educativa en Cuba, especialmente en la provincia de Villa Clara, mientras que, en Brasil, fue muy notoria y sobresaliente su actividad en el Estado de Espíritu Santo según reconoce el Partido del Trabajo (PT) y el gobernador de ese Estado.

En su condición de educadora social y en el permanente aprendizaje con los pueblos de nuestra región, desarrolló trabajos investigativos e impartió conferencias magistrales en diversos países, entre ellos Argentina, Nicaragua, Brasil, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Uruguay, y se radicó por unos años en Venezuela donde mantuvo una importante relación de trabajo y asesoría, con el presidente Hugo Chávez.

Su alumno Miguel Alejandro Hayes en una nota publicada en la Joven Cuba, la caracterizaba así: “la pureza” de la diplomacia que linda con la indiferencia burguesa, esa que intenta quedar bien con todos, no era su conducta.” Ella tenia la firmeza que necesita un revolucionario para hacer valer sus posiciones y defenderlas en medio de la diversidad.”

“Después de todo, era difícil de convencerla de lo contrario de lo que pensaba, -cabezadura, en buen cubano-. Cuando se decidía por la importancia de una idea, no había quien se la quitara”.

Así era Marta Harnecker, una convencida de que son los pueblos y sus líderes vinculados a las masas, los que llevaran a sus países a un mundo mejor y posible con un socialismo participativo, ahí está su legado, no ha muerto, ella vive en su obra. El pueblo cubano la recordará como una incansable luchadora y una firme defensora del socialismo.

Tomado de Kaos en la Red

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