Opinión

¿Lenguaje in(ex)clusivo?

Por: Sender Escobar

Con el surgimiento de nuevas voces que buscan atención y espacio para comunicar ideas y defender planteamientos respaldados por la razón que los impulsó a comenzar la iniciativa, el lenguaje es la herramienta perfecta y universal (como medio comunicativo). Precisamente cuando un movimiento social, político o de cualquier otro orden viene acompañado con un discurso interesante, reflexivo e innovador, la identificación y percepciones sobre lo que constituye tal novedad comienza a funcionar en nuestro pensamiento, materializándose en acciones concretas o en la transmisión del ideal adoptado.

Dentro de las nuevas corrientes en pro de cambios cognoscitivos sobre la necesidad de romper con maneras anquilosadas de expresarnos en la sociedad, un nuevo modo comunicativo se ha extendido en los últimos meses dentro de las plataformas digitales, protestas sociales y en discursos de agradecimiento. Si bien el accionar humano es diverso en su conjunto y el presente del que somos protagonistas se manifiesta distópico, es necesario poseer una visión de la realidad sin estigmas, esquemas o paréntesis excluyentes cerrados a la diversidad.

El intento de hacer valer la necesaria universalización del lenguaje para hacer referencias, experimenta intentos de cambio. Recibiendo tanto la aceptación y defensa como el rechazo (que no quisiera tildar de conservador, puesto que, si se aboga por cambios estructurales dentro del idioma, el entramado es mucho mayor que el objetivo propuesto y la generalización también puede ser dañina).

Apoyo que no se mencione como mujer de un matrimonio constituido haciendo alusión de propiedad, me opongo a la cosificación a las personas y la discriminación (sea manifestada a través de palabras consideradas peyorativas en el contexto en que son expresadas o el sexismo se esconda en el verbo comunicativo).Pero, ¿hasta qué punto podemos utilizar el lenguaje como letra de cambio perceptivo?

Pido perdón si alguien se siente molesto (en este caso me refiero al castellano por ser mi idioma materno) las palabras: amigues, graduades, binvenides etc. y otras innovadas en los más diversos ambientes, cambiando la última vocal en búsqueda de una supuesta neutralidad, a mi percepción terminan su destino expresivo en un limbo comunicativo. Esto no quiere decir que me oponga a nuevas maneras orales y escritas ( soy ingeniero, por lo que la innovación en búsqueda de mejoría en sistemas establecidos es el campo donde me desempeño). Luego, el intento de manejar esta estructura in(ex)clusiva que constituye una parcialización del castellano como idioma y posiblemente el nacimiento de la Neolengua mencionada por George Orwell en 1984 (teniendo en cuenta los sms como antecedente). Se que puedo sonar fatalista y drástico.

La gran parte de la lucha por la in(ex)clusividad del castellano ha sido con las terminaciones en O, bajo la adición de una masculinidad intrínseca en el significado de la palabra.

Concebido que gramaticalmente existen dos sujetos: masculino y femenino, y están totalmente exentos de algún contexto sexista o discriminativo. Son simplemente palabras de concepción idiomática para dar sentido y nombre a cualquier ente o elemento.

Si entendemos entonces que generalizando damos solución a visiones androcéntricas para cambiar lo establecido, la nueva fórmula debe ser radical para no edulcorar maneras expresivas. Por un instante supongamos que me uno al reclamo de la in(ex)clusividad expresiva. Entonces sugeriría necesario utilizar la epistemología y radicalizarnos (como todo proceso revolucionario). Para empezar, debemos cambiar los nombres de los meses del año desde enero hasta agosto por su obvia masculinidad, exceptuando los últimos cuatro, que si encajan en los parámetros del lenguaje in(ex)clusivo. El caso de abril será procesado por una comisión especial para el análisis ambiguo de su nombre.

También el protagonismo femenino debe ser erradicado en la terminología común, específicamente las tradicionales bellas artes: La música, literatura, danza, pintura, escultura y arquitectura cambiarán su última vocal para contextualizarlas. Con la excepción del cine debido a que entra en los conceptos in(ex)clusivos.

No puede faltar que mujeres y hombres accedan a los mismos baños públicos sin tener en cuenta por quien son frecuentados, puesto que las señales distintivas de entrada constituyen un lenguaje visual de carácter específico. En la medicina los órganos deben mutar: Colen, esofague, riñen, cerebre etc. Sugerencias suficientes para un nuevo tratado de anatomía, perdón, anatomíe. Además, Argentina, México, Rusia, Cuba, Egipto, España, Sudáfrica entre otros países deben instituir un nuevo nombre por constitución puesto que la heterogeneidad de la sociedad implica la coexistencia in(ex)clusiva y su definición histórica funciona como una fuente nacionalidad que no reconoce al género opuesto, los institutes geografiques deberán tenerlo en cuenta al imprimir los nuevos mapamundis cuando sea oficial la adopción del lenguaje in(ex)clusivo en esta rama de la ciencia…

El fragmento de la canción de Silvio, Dibujo de mujer con sombrero …el ridículo acaba implacable conmigo… se materializaría ante mi propuesta.

Los hispanohablantes contamos posiblemente con el idioma de más recursos expresivos que existe. Cuando se propone cercenar de esta manera la coexistencia de géneros (gramaticales, no sexuales) un facilismo peligroso conllevaría a la carencia voluntaria de conciencia sobre la realidad, tanto idiomática como social. Aparte de las particularidades anatómicas, no existen diferencias entre mujeres y hombres, mucho menos aptitudes, posibilidades y capacidades de emprendimiento. Incluso está validado científicamente que la inteligencia se hereda de la madre. Entonces, la exigencia para utilizar este lenguaje in(ex)clusivo es una desplazamiento de una cultura de inferioridad, motivo idóneo ante posturas conservadoras que, lejos de antagonizar con argumentos de peso, se transforman en el blanco perfecto de burlas para seres incomprensivos que, por desgracia, pudieran poseer poder e influencia.

Comparto el rechazo de la RAE al aclarar la confusión de gramática con machismo. Pensemos entonces como seres humanos, personas o humanidad en general y no genérica. Si la terminología hombre molesta o es interpretada como símbolo androcéntrico cuando enfrentemos una lucha necesaria por la inclusión verdadera y no la supuesta in(ex)clusividad.

3 Comentarios

  • Ramón García Guerra

    Advierto que las prácticas del lenguaje en una sociedad en tiempos de revolución, como otras tantas, tiene una historia y esta se refiere a la producción de sentido y la dialéctica de las identidades en dicha sociedad.
    Podemos seguir las marcas de época en el lenguaje.
    Durante los años sesenta emerge un nuevo sujeto popular que practica un modelo de democracia que hizo visible el origen étnico del mismo. Zanga, panga, narra… Negro, blanco, chino: son marcas de identidad étnica que desaparecen en la década del 70 cuando el racismo fue borrado por decreto del mapa político de la sociedad cubana en la era soviética.
    Entonces fue mal gusto recordarle a la gente su origen étnico.
    Entonces en la era soviética lo correcto debió ser considerar al Otro como “compañero”. Porque lo de “señor” era un rezago del pasado, según la moral oficial y oficiosa. Pero no demoró en llegar la venganza de parte de los jóvenes del boom, que para esa fecha comienza a tratarse como brothers.
    La era soviética fue un momento de contracción de la cultura del diálogo.
    Durante los años sesenta los espacios para una cultura del diablo se amplían sobre la base de la oralidad-pueblo, pero en la era soviética esos espacios se dan en base a la escritura-poder en un proceso de contracción de esa cultura del diálogo.
    Pero en los 90 se produce un cambio las prácticas del lenguaje en Cuba.
    Durante el siglo XXI los espacios para una cultura del diálogo se amplían y se dan a partir de prácticas escritorales.
    Pensemos en Cuba el lenguaje en términos de cultura del diálogo.
    Este es en verdad el dilema del cubano hoy mismo. Porque el dilema del cubano se refiere al déficit de una cultura del diálogo. Algo que nos llevaba políticas culturales que adopta Estado. Este es el caso. La poética de Carlos Puebla, Pedro Luis Ferrer y Frank Delgado no me importa, sólo que la política del Estado los convirtió en héroes o seres malditos.
    Los cuentos de Pepito en las últimas cuatro décadas del siglo XX nos revelan la clave del proceso.
    Los cuentos de Pepito van desde la liberación sexual de los 60s hasta la estratificación social de los 90s. Pasando por el autoritarismo del Estado obrerista de la era soviética. Esta es una historia que compromete más a los campos semánticos de la cultura popular que a la gramática de la lengua al uso en Cuba.

  • Norma Normand Cabrera

    Sender, magnífico trabajo, como ya nos tienes acostumbrado.
    El último párrafo es el tiro de gracia. Me uno al reclamo. Inclusión es otra cosa, va más allá de vocablos inventados y feos.
    Dices bien “Comparto el rechazo de la RAE al aclarar la confusión de gramática con machismo”… Yo también!!!
    Un abrazo.

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