Opinión,  Política en Cuba

Qué hacer con el mensaje

Por: Miguel Alejandro Hayes Martínez

Apenas un tercio de la población cubana tiene acceso regular a internet. De ella, la inmensa mayoría  lo usa para redes sociales, fines académicos y en el popular fenómeno Imo para hablar con la familia de afuera.

El espacio que queda para los blogs es apenas muy reducido. Siendo esto así, ¿a dónde llegan los mensajes y debates de estos espacios alternativos? ¿Qué efecto pudieran tener sobre la vida política? ¿Lo aprovechamos racionalmente?

Entre las cosas que están claras, es que los blogs vienen a satisfacer la necesidad de polémica y pluralidad de criterios que los medios tradicionales no cubren, por razones que no vale la pena mencionar aquí. Eso hace que  piense que una de las esencias de estos es enriquecer el proceso de construcción social en Cuba a partir de cierto debate responsable.

¿Qué hacemos con estos espacios conquistados en la red? Los cubanos tenemos muchas virtudes, pero últimamente no hemos formado mucha cultura de debate y eso nos está pasando la cuenta, convirtiendo estos espacios en arena para el descrédito de otros. No sé si los orígenes de eso está en el autoritarismo de algunos -aunque quiero pensar que sí y que no es algo propio del cubano-, pero lo cierto es que no quedó muy claro lo que era-lo de dentro de la Revolución- y muchos se están aprovechando de eso para ejercer su poco poder de diálogo.

Por suerte hay sectores no tan extremistas que aceptan posturas alternativas y que se presentan bastante abiertos en materia de criterios políticos. Sin embargo, lo que ocurre es que muy pocos están dispuestos-según la doctrina de dentro de la Revolución todo- a dialogar con los que están “fuera” de esta. Es ahí donde se acusa de contrarrevolucionarios a cualquiera y se dice que no se tiene nada que hablar con ese, y toda una serie de encadenamientos basados en el dime con quién andas. Lo anterior me conduce a otra pregunta, ¿hay límites muy estrechos para el diálogo o es que realmente no sabemos hacerlo?

El resultado es que cada cierto tiempo (ya se puede hacer una función matemática para registrarlo) ocurren momentos de querellas en los espacios alternativos. Comienzan las acusaciones y ¡a gastar cuenta de los demás con eso!

No se puede andar por ahí diciéndole contrarrevolucionario (o reformista según el caso) a todo el que tenga pensamiento crítico o sea un idealista de la libertad que hoy en Cuba no podemos permitirnos. Por eso apoyo que se deba uno defender de los ataques y considero legítima la respuesta de Osmany ante lo acontecido recientemente con las críticas hechas por Cuba Posible. Ahora, mi opinión como parte de La Joven Cuba, es el llamado a no dejar que eso distraiga la atención de los verdaderos problemas. No somos hinchas de un club de futbol que juegan a agredirse, somos cubanos con la responsabilidad de trasmitir un mensaje.

Mientras esto transcurre, sigue ese modelo que no se actualiza, ese nuevo hotel en construcción en el vedado -que es para preocuparse-, algunos disidentes revueltos y hasta pares de corruptos suelto. Eso es suficiente como para no dedicarle tiempo a andar  diciendo que este o aquel es tal adjetivo, solo porque no le gusta o no está de acuerdo con cómo se hacen las cosas en Cuba o mejor dicho, porque no somos del mismo séquito.

Ya que el alcance sobre la población de lo que escribimos no es muy amplio, no enfoquemos la labor política en etiquetas y fraseologías, que eso puede convertirse en la venda que no nos deje ver el bosque.

El poder de la comunicación y el ejercicio del criterio  debemos usarlo para enriquecer nuestra cultura política y aprovecharlo racionalmente en debates fértiles. Ese debe ser el contenido de los mensajes que se intenten trasmitir.

La defensa es válida siempre que no desvíen  los objetivos del combate. ¡Ya se verá quienes son los verdaderos revolucionarios!

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