Opinión

Retamar

Por: Ariel Montenegro

Nunca conversé con él más que un saludo. Hace muchos años, iba a su casa, que era la casa de mi amigo, a copiar películas y el solo leía en el sillón de su biblioteca, como se supone que hacen los ancianos sabios.
Yo sabía en ese entonces que se llamaba Roberto Fernández Retamar, que estaba al frente de Casa de las Américas y poco más. Pero en sus dos casas aprendí mucho. En una, entré en contacto por primera vez con el buen cine, en la otra entendí por primera vez lo que me habían enseñado sin razonamientos: la Revolución.
Escribió una vez “¿(…) quien recibió la bala mía, / la para mí, en su corazón?”
Descanse en paz, maestro. La Revolución es, ante todo, un hecho cultural y usted fue uno de sus más grandes generales.
Críticas aparte, donde las pueda haber, un hombre es solo eso y su aporte a la cultura nacional es mucho más grande que cualquier historia trasnochada, o chisme, o equívoco que resultó lógico en su momento histórico. Por simple matemática, lo que trascendió de Retamar fue lo bueno.
Otro día conversamos sobre el que fue poeta y funcionario, sobre el que sobrevivió a todas las épocas, sobre el que nunca recibió la bala de la que hablaba el poema.
Hoy me acuerdo del hombre de la casa, de la Casa y el que me enseñó que Próspero era un invasor y Ariel un esbirro, que Calibán era un ignorante y que los Prósperos y los Arieles muestran su verdadero rostro cuando los Calibanes leen y se cansan.
Suerte, Retamar, que nunca lo encontró esa bala.

Tomado del Facebook del autor

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