Opinión

Soy una mascota

En la fotografía: Aparicio

Por: Norma Normand Cabrera

Se llama Aparicio y lo conocí hace unos días en La Habana Vieja. De nuestro encuentro guardo varias fotos que le tomé. Se refugia en el Museo de la Orfebrería, el cual lo acoge como Si fuera su casa, al igual que a Vladimir (que no permitió ser retratado), a Canela (quien dormía arrinconada y no quise molestar) y a un par más de su especie que no vi porque desde muy temprano en la mañana andaban ya de paseo.
Como los demás que otrora fueron perros callejeros abandonados por sus dueños y que han hallado un hogar en las instituciones culturales del entorno, tiene colgado al pescuezo un solapín donde aparece su foto, consta su nombre, dice que es vecino del Centro Histórico de La Habana Vieja y, sobre todo, aclara:

Soy una mascota

Para alejar las posibles intenciones de los empleados de Zoonosis, por eso se les identifica.
No están disfrazados de peloteros ni sus dueños cobran por permitir que les tiren fotos: ellos son libres, y como tales deambulan por Obispo o Mercaderes, por Obrapía o San Ignacio, por la Plaza de San Francisco, la de Armas o la Plaza Vieja. Sus cuidadores son los mismos que velan el patrimonio de ese lugar de privilegio, a los que se suman cuantos transeúntes, visitantes o moradores deseen, principalmente en donativos con alimentos. Y con el cariño que inspiran esos pequeños cuadrúpedos que nos acompañan desde las noches de los tiempos y a los cuales nunca les reciprocaremos con suficiente justeza su lealtad y su amor para con nosotros.
Hermosa iniciativa, otra de las muchas a las que nos tiene acostumbrados, de la Oficina del Centro Histórico, digna no solo de ser elogiada, sino también, ¿por qué no?, de ser imitada.

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