Opinión,  Teoría

Teoría del valor, respuesta a crítica desde Cuba (1)

Polémica

Por: Rolando Astarita

MarxiEsta nota es una respuesta a “El valor de cambio. Notas a propósito de un artículo de Rolando Astarita”, de Miguel Alejandro Hayes Martínez, publicado en  La Trinchera, Cuba, el 10/05/18 (http://www.desdetutrinchera.com/2018/05/548/). Dada su extensión, la he dividido en dos partes.

Lo que dice Hayes Martínez

Mi crítico escribe: “según Astarita, los austriacos niegan la existencia de la ‘sustancia común’ de los valores de cambio”. Luego: “Para Astarita es indudable,-y lo demuestra con toda una serie de citas y razonamientos-, la existencia de esa “sustancia común” de los valores de cambio. Según su tesis, estos son reducibles a la susodicha sustancia, a una medida común: el valor, por tanto, a su trabajo”. Hayes Martínez sostiene que el propio Marx desmintió las ideas que le atribuyo en la nota. Para probarlo, cita las “Glosas marginales al ‘Tratado de economía política’ de Adolph Wagner, donde Marx dice: “Yo no hablo en parte alguna de la ‘sustancia social común del valor de cambio’; digo, por el contrario, que los valores de cambio… representan algo que les es común, algo que es ‘en absoluto independiente de sus valores de uso”.  Más adelante escribe:

“Al parecer muchos pensaron que el valor de cambio, llevaba escondido elementos cuantitativos que permitían la tan necesaria conmensurabilidad del cambio. Quien piense así ha construido el camino teórico al revés. Por eso, ese razonamiento termina por decir que es el trabajo esa sustancia común. Respecto a eso, Marx afirma: Yo no digo que la sustancia social común del valor de cambio sea el trabajo. (4 pág. 171). También sostiene que, según Marx, el valor, “al quedar separado de su elemento referencial (el valor equivalencial), queda solo como algo que la sociedad le atribuye cierto valor, reconocimiento, identidad, poder, porque lo valida como valor de uso”. Después afirma que las “esencias (valor) son de sustancia puramente social, lo cual quiere decir, que es un reconocimiento al papel que juega la mercancía en la sociedad. La identidad (valor), resulta de cómo los hombres reconocen racionalmente los resultados del trabajo, lo que como elemento consciente, está determinado por factores de índole cultural, histórica, e incluso pulsionales”. Esto es, la sustancia “puramente social” que es el valor se explica “por un reconocimiento al papel que juega la mercancía en la sociedad”. Hayes Martínez también nos recuerda que “la lógica formal, establece su identidad de la forma, estableciendo la comparación en términos de cantidad. De esa misma manera han procedido muchos (como Astarita) a buscar esa cantidad -en este caso de trabajo- que permita establecer la comparación”.

A lo que agrega que “Marx en un primer momento, en su análisis desde la forma, compara cuantitativamente una mercancía con otra (tanto de A por tanto de B). Desde ahí, construye su noción de contenido (valor), que no intenta cuantificar nuevamente. No existe momento del tomo primero donde Marx equipare dos mercancías en términos de horas, sino en su forma, cantidades de mercancías. Eso contribuye a demostrar que esa o sustancia común no existe, al menos como tal sustancia (…). El hecho de que el cambio se explique  en términos de valores de uso, está mostrando como el contenido de ese cambio se entenderá a partir de los papeles de esas formas (valores de uso) en la sociedad”.

Veamos ahora lo que afirma Hayes Martínez a la luz del capítulo 1 del tomo 1 de El Capital. En la segunda parte de la nota analizaré las Glosas sobre Wagner, de hecho el único texto que cita Hayes Martínez en su crítica.

Lo que escribió Marx y Hayes Martínez dice que no escribió

En lo que sigue las referencias son tomadas de la edición Siglo XXI de El Capital. Voy a mostrar que, según Marx, y contra lo que afirma Hayes Martínez: a) los valores de cambio son reducidos, de hecho, a sustancia común en el intercambio; b) que esa sustancia común es el valor; c) que el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario objetivado en la mercancía; d) que Marx da importancia a la determinación cuantitativa del valor. Además, y por la negativa, se verá que Marx no sostiene que el trabajo sea la sustancia común de los valores de cambio.

Empecemos entonces con los pasajes más significativos del capítulo 1 de El Capital.

En la p. 45 Marx explica que “los valores de cambio vigentes de la misma mercancía expresan un algo que es igual” (énfasis agregado, 3ª y 4ª edición), y distingue entre forma y contenido: “… el valor de cambio únicamente puede ser el modo de expresión, o ‘forma de manifestarse’ de un contenido diferenciable de él” (ibid.). Obsérvese que si es forma o modo de manifestarse, no puede ser lo mismo que el contenido que manifiesta.

Luego, en la p. 46, dice que existe “algo común, de la misma magnitud” en dos cosas distintas, tanto en 1 quarter de trigo como en a quintales de hierro. Y agrega: “por consiguiente, son iguales a una tercera…  Cada una de ellas, pues, en tanto valor de cambio, tiene que ser reducible a esta tercera”  (énfasis agregado). Un poco más adelante: “es preciso reducir los valores de cambio de las mercancías a algo que les sea común, con respecto a lo cual representen un más o un menos” (énfasis agregado). Señalemos en este punto que estos pasajes están en concordancia con la noción de medida, contenida en la Ciencia de la Lógica, de Hegel. Es que la medida en Hegel es la categoría de transición hacia la esencia, desde la esfera del ser. Y en Marx la medida nos lleva desde el valor de cambio –proporción cuantitativa en que se intercambian las mercancías- al valor (tiempo de trabajo socialmente necesario) que gobierna las relaciones de cambio. Por eso no son casuales los ejemplos presentados por Marx, tomados de Hegel, sobre las relaciones cuantitativas en que se combinan los elementos químicos, para ilustrar las cuestiones referidas a la magnitud del valor. Algunos autores deberían alardear un poco menos de “pensamiento dialéctico” y aplicarlo un poco más al análisis científico.

Prosigamos ahora con el capítulo 1 de El Capital. En las pp. 46-7 procede Marx a esa reducción por medio de la abstracción: “Si hacemos abstracción de su valor de uso, abstraemos también los componentes y formas corpóreas que hacen de él [el producto del trabajo] un valor de uso” (énfasis agregado). Realizada esta reducción, Marx examina “el residuo de los productos del trabajo” y dice que de ellos solo ha quedado “una misma objetividad espectral, una mera gelatina de trabajo humano sin consideración a la forma en que se gastó la misma”. O sea, ha llegado a ese “algo en común”, por el que se estaba preguntando desde que definió el valor de cambio como la relación cuantitativa en que se intercambian las mercancías.

A continuación escribe: “En cuanto cristalizaciones de esa sustancia social común a ellas, son valores” (énfasis agregado). Y esa sustancia social común es trabajo objetivado: “Un valor de uso o un bien, por ende, solo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano” (p. 47). En ninguna parte encontramos que el valor se explique “como algo que la sociedad le atribuye cierto valor, reconocimiento, identidad, poder, porque lo valida como valor de uso”. Eso lo afirman aquellos que defienden una teoría del valor basado en la utilidad, o el valor de uso; pero no Marx. Véase, además, que Marx explícitamente habla de “sustancia común”. Sin embargo, Hayes Martínez dice que en Marx “esa sustancia común no existe, al menos como tal sustancia…”. ¿Qué quiere decir esto de “como tal sustancia”? ¿Acaso que no se trata de una sustancia física? Pero eso está dicho por Marx una y otra vez (véase aquí, para una discusión). El tiempo de trabajo socialmente necesario objetivado es, según Marx, una sustancia social. Pero que sea “social” no niega su carácter de sustancia común. ¿A qué viene entonces el agregado de “como tal sustancia”? La respuesta es que Hayes Martínez rechaza, en esencia, el razonamiento, de Marx, que lleva a concluir que el trabajo es la sustancia en común que subyace en el intercambio mercantil. En otros términos, se trata del rechazo, simple y puro, de la teoría del valor trabajo. En este respecto, Hayes Martínez está por detrás de Ricardo, y muy cerca de las teorías subjetivas del valor (ampliamos sobre este aspecto en la segunda parte).

En cuanto a la afirmación de Hayes Martínez sobre que el autor de El Capital “no intenta cuantificar el valor”, encontramos que en las pp. 47-8 Marx se pregunta cómo “medir la magnitud del valor”, y responde: “Por la cantidad de sustancia generadora de valor –por la cantidad de trabajo- contenida en ese valor de uso”. Agrega que esa cantidad de trabajo “se mide por su duración”, por “determinadas fracciones temporales como hora, día, etcétera”. También: “Es solo la cantidad de trabajo socialmente necesario, pues, o el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso, lo que determina su magnitud de valor” (énfasis agregado). Un poco después afirma: “las mercancías que contienen cantidades iguales de trabajo, o que se pueden producir en el mismo tiempo de trabajo, tienen la misma magnitud de valor. El valor de una mercancía es al valor de cualquier otra, como el tiempo de trabajo necesario para la producción de la una es al tiempo de trabajo necesario para la producción de la otra” (p. 49; énfasis agregado). Asimismo: “La magnitud de valor de una mercancía se mantendría constante… si también fuera constante el tiempo de trabajo requerido para su producción” (ibid.; énfasis añadido).

A partir de aquí, son numerosos los pasajes en los que Marx habla de la sustancia del valor y de su magnitud, junto a la reducción a esa sustancia común. En la p. 55: “El trabajo sastreril y el textil… son sustancia del valor de la chaqueta y del valor del lienzo solo en tanto se hace abstracción de su cualidad específica, en tanto ambos poseen la misma cualidad, la de trabajo humano”. En la p. 56 reafirma que “[c]omo la magnitud de valor de una mercancía solo representa la cantidad del trabajo contenida en ella, las mercancías, en cierta proporción, serán siempre, necesariamente, valores iguales” (énfasis agregado). En la p. 61: “… las magnitudes de dos cosas diferentes no llegan a ser comparables cuantitativamente sino después de su reducción a una misma unidad. Solo en cuanto expresiones de la misma unidad son magnitudes de la misma denominación y por lo tanto conmensurables” (p. 61, énfasis agregado). Obsérvese de nuevo que en ningún momento dice que esa “misma unidad” que hace comparables a los valores sea “la sustancia de los valores de cambio”.

Por otra parte, es claro que para Marx esa reducción a “unidad”, a ese “algo” o “sustancia”, necesariamente está implícita en el intercambio. Ya lo había anticipado y ahora lo desarrolla. Escribe, en p. 61: “siempre está implícito que el lienzo y las chaquetas, en cuanto magnitudes de valor son expresiones de la misma unidad, cosas de igual naturaleza” (énfasis agregado). Luego, en la p. 62: “Si decimos que las mercancías, en cuanto valores, no son más que gelatina de trabajo humano, nuestro análisis las reduce a la abstracción de valor…” (énfasis agregado). “Nuestro análisis” se refiere al estudioso.  Pero en el intercambio, de hecho, también se equiparan trabajos, y por eso se reducen a lo que tienen de igual. Escribe Marx: “al igualar la chaqueta, en cuanto cosa que es valor, al lienzo se equipara el trabajo que se encierra en la primera al trabajo encerrado en el segundo… Pero la equiparación con este [del trabajo del sastre con el trabajo de tejer] reduce el trabajo del sastre, en realidad, a lo que en ambos trabajos es efectivamente igual, a su carácter común de trabajo humano” (énfasis agregado).  Y termina la página insistiendo en que la expresión de equivalencia de las mercancías “reduce” los trabajos heterogéneos a lo que les es común.

Más abajo, en p. 73, Marx reivindica la observación de Aristóteles sobre que la relación de intercambio 5 lechos = 1 casa “implica… que la casa se equipare cualitativamente al lecho, y que sin tal igualdad de esencias no se podría establecer una relación recíproca, como magnitudes conmensurables, entre esas cosas que para nuestros sentidos son diferentes” (énfasis agregado).  Poco después cita aprobatoriamente la pregunta que hace Aristóteles “¿Qué es lo igual, es decir, cuál es la sustancia común que la casa representa para el lecho, en la expresión de valor de este?” (énfasis agregado). Nótese que Marx dice que, en la relación de intercambio, la casa (valor de cambio del lecho) representa para el lecho sustancia común. En ningún lado habla de alguna “sustancia común del valor de cambio”, ya que en ese caso el valor (contenido) y el valor de cambio (forma) serían indistinguibles. Pero la distinción entre forma y contenido del valor, y el análisis crítico de su relación, está en la base misma de la crítica de Marx a la Economía Política clásica, y en particular, a la teoría del valor de Ricardo; así como en su crítica a Wagner, como veremos más abajo.

Luego, en p. 90, Marx vuelve a explicar que en el intercambio, de hecho, los seres humanos equiparan productos heterogéneos reduciéndolos a trabajo abstractamente humanos: “… el que los hombres relacionen como valores los productos de su trabajo no se debe al hecho de que tales cosas cuenten para ellos como meras envolturas materiales de trabajo homogéneamente humano. A la inversa. Al equiparar entre sí en el cambio como valores sus productos heterogéneos, equiparan recíprocamente sus diversos trabajos como trabajos humanos. No lo saben, pero lo hacen” (énfasis agregado).

En definitiva, lo que Hayes Martínez dice que escribió Marx tiene poco que ver con lo que Marx escribió en el capítulo 1 de El Capital, dedicado al análisis crítico de la mercancía y del valor. Tengamos presente que ese capítulo fue revisado y corregido por Marx para otras tres reediciones de su obra. Nunca cambió el sentido fundamental de su escrito. Tampoco lo hizo en los textos que quedaron en borrador, desde los que conformaron los volúmenes 2 y 3 de El Capital, hasta los Grundrisse, pasando por Teorías de la plusvalía, por su abundante correspondencia, y escritos políticos. En todos ellos encontramos, con matices, las mismas ideas fundamentales: que el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario objetivado; que se expresa a través del valor de cambio; y que, por lo tanto, la plusvalía es trabajo no pagado, apropiado por el capitalista. Por supuesto, cualquiera puede estar en contra de la teoría de Marx. Pero es inadmisible inventar cualquier cosa para hacerle decir a Marx (o a cualquier otro autor) lo que se nos ocurre que debe decir.

Tomado de Rolando Astarita

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