Opinión

Novelas cubanas con actores callejeros

Por: Julio Pernus

Recorría las calles de Guanabacoa, cuando vi a un conocido discutiendo con su pareja. Ella, de unos 17 años, le decía a viva voz: “eres un cochino, porque desde hace rato te comes a mis espaldas a la sucia esta”; en ese momento de la bronca, descubrí que la muchacha señalada también era parte de aquel reality show. Detrás, había dos seguidores del estilo Chocolatero que entusiasmados por el ambiente iniciaron un coro que decía: “la galleta, la galleta…”.

Para no hacer la historia muy larga, el muchacho, que tendría unos 22, cogió a la mujer por el pelo y le gritó: “déjate de foco delante de la gente, que tú eres una perra; si no te cuadra mi sistema, pírate.” Entonces llegó la policía y calmó todo aquel circo. Un extraño que andaba por ahí, musitó: “todos esos espectáculos son por falta de jama.” Yo agregaría también, por falta de una buena educación formal.

Antes de escribir este texto, una amiga de la Iglesia me relató avergonzada: “Julio, ¡qué clase de pena le hice pasar a un conocido en plena calle!” Según ella, mientras caminaba por la acera, sentía la voz de alguien que le hacía una especie de silbido. Luego, cuando se disponía a cruzar, ese hombre le dijo: “No seas tan orgullosa, salúdame que nos conocemos y estás riquísima.” Ella, que no pudo aguantar más, se viró de frente a ese señor – 27 años mayor – y le replicó: “Tú lo que no tienes es cara, porque me andas vacilando, haciéndote el de los tragos; pero el domingo cuando vea a tu esposa con tus hijos en la Iglesia le voy a relatar tu hazaña, descarado.” En realidad nunca le dijo nada a su familia, pero, según me contó, desde aquel día él no se atreve a mirarla.

En nuestra nueva Constitución se plasmó el tema de la violencia de género, pero no se llegó a insertar el feminicidio, un punto que deberá tenerse en cuenta en futuras legislaciones.

Casi al finalizar quisiera compartirles un meme que forma parte de una compaña cívica en contra del acoso a las mujeres en Cuba. Se puede seguir fácilmente poniendo en internet el hashtag o etiqueta #Evoluciona. La misma hace referencia al diálogo entre una joven y su ensimismado piropeador: “Esas groserías que me dijiste no son un piropo, eso se llama acoso callejero. No nos conocemos y no te pedí opinión sobre mi cuerpo; tus groserías no son “románticas”; mi autoestima no es asunto tuyo. Tú interés ni siquiera es por mí, es por tu necesidad de demostrar poder y control. Tu machismo es violencia, entiéndelo y hazte cargo.”
Gritarle a una mujer o serle infiel, no nos hace más hombres; mucho menos pegarle y ni siquiera irrespetarla con piropos groseros. Ellas merecen todo nuestro cariño y comprensión. Los espacios públicos no deben funcionar como teatros ambulantes del siglo XXI, donde se escenifiquen las mejores novelas cubanas con actores callejeros.

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