Opinión

Yo zanganeo, tú zanganeas…todos zanganeamos

Por: Hugo el búho
De gana se pone a insultar el Boltaire. Nada le sale a ese pobre. Lo único que consiguió es que el paro se prolongue y con más bronca que antes. Estado de excepción dijo. Como que le fuéramos a hacer caso; ni el perro le para bola, peor el pueblo –que harto de tanto privilegio a banqueros, nebotces y empresarios- decidió seguir en las calles.
Se acabó la zanganada dijo el presidente más vago del que uno tenga memoria. Lo que el vago no sabe y no entiende es que cualquier insulto que venga desde el poder no hace más que invertir el significado y que uno lo asuma con orgullo y hasta con alegría. ¿Se acordará el vago de los forajidos y el coronel? Ese pobre, qué va recordar ni entender nada.
Así que –sin querer queriendo- el Boltaire nos puso nombre de combate, y ahora los zánganos harán su propia revuelta. No le quedó más remedio que ir a esconderse en las faldas del Nebot, porque tiembla él, y tiembla su equipo de gobierno. No esperaban los cuantiquitos que la gente se levante con tanta rabia. Habrá que decirle gracias. Porque gracias a él y sus ministrillos, los estudiantes salieron del letargo de años, sobre todos los de la Universidad Central, que por miles fueron a gritarles en la cara lo que se merecen. Y esperen nomás, que los mejías, los montúfar, los Montalvo y otros colegios van a salir a protestar en la capital, así les nieguen asistir a clases.
Y no acaba ahí. La CONAIE, al que Correa pretendió dividir, se alza con más fuerza que nunca. Las bases están renovando las viejas dirigencias que no estuvieron a la altura y se acercan a la capital mientras bloquean carreteras.
¡Tiemblen cuánticos que se les viene la noche! Esta lucha es del pueblo, nadie tiene porqué adueñarse de la misma.
Protestamos contra Moreno, Otto, Nebot, Lasso, Correa. Que se hagan a un lado los oportunistas.
¡Ah, nos vemos en las calles!
Los medios de comunicación pasan la novela de las 8
No se enteran de nada. No quieren enterarse. Los dolaritos que pauta el gobierno en los medios de comunicación privados vale más que cualquier verdad. Y claro, las caras conocidas de la Hinostroza, del Pinargoti, del Vera, del Vivanco y de unos cuantos pichicuatos más solo dan cuenta de un periodismo que avergüenza.
Repiten el discurso del presidente hasta el cansancio y se casan con las mentiras de la élite empresarial. Teleamazonas y Ecuavisa son un retrete mediático de lo peor: apestan. El país se incendia, pasen la novela de las 7; los manifestantes son reprimidos brutalmente, pasen la novela de las 8; los indígenas avanzan a Quito, pasen la novela de las 9; el paquetazo es un machetazo para los más pobres, pasen un reportaje de cómo dañan el patrimonio.
¡Pichicuatos!
Lo bueno es que la gente comprendió que ya no hay cómo hacerles caso. Que hablen nomás y saquen sus reportajes de porquería en la que acusan de vándalos a los protestantes y lloran por unas piedritas patrimoniales y el caos y la violencia. Sigan con las novelas, con los programas cómicos, con los concursos, sigan nomás. El pueblo entendió que las redes sociales existen para algo y es ahí donde el gobierno y los medios tienen la batalla perdida.

No

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