Política en Cuba

Comentarios a la Constitución ¿socialista? V

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

En lo referente a la estructura estatal que refrenda el aun proyecto de Constitución, poco puede decirse que no hayamos comentado ya (1) (2). Llama poderosamente la atención el poco debate que suscitó lo referente al tema en el seno de la Asamblea Nacional en las dos ocasiones en que el documento fue debatido.

Más que respuestas, el último proceso de debate parlamentario arrojó inquietudes en el seno de la población:

¿por qué un presidente designado y no electo? ¿por qué no se previó un mecanismo de control constitucional en sede judicial?

-a pesar de que, como en lo personal me consta, diversas voces pidieron al unísono el establecimiento de alguna estructura de esta naturaleza-,

¿por qué la Fiscalía y la Contraloría estarán subordinadas al jefe de Estado?

Durante el proceso de consulta popular, un colega abogado señalaba refiriéndose al requisito que se impone para optar por determinados cargos públicos, que la exigencia de no poseer ninguna ciudadanía extranjera resulta discriminatoria hacia aquellos cubanos que por una razón u otra ostentan alguna extranjera. Pero postura del constituyente está a tono con la que prolifera en el derecho comparado. Por cuestiones elementales, ya de nacionalismo o de preservación de la soberanía, se establece esta prohibición.

Los propios Estados Unidos de América mantienen esta postura para la elección de cargos especialmente importantes como lo es la presidencia de la Federación.
En su momento, esta regla tuvo como fin el evitar que algún súbdito de su graciosa Majestad británica pudiera hacerse con la jefatura de estado de la naciente Unión y propiciar desde adentro el retorno de las antiguas colonias al seno de la Madre Inglaterra.

La misma lógica es aplicable, en lo pertinente, a cualquier otro escenario nacional.

En el caso cubano, la existencia de un elevado porciento de la población que detenta una ciudadanía foránea, podría crear tensiones en este sentido. Existen disímiles causales que explican este fenómeno: históricamente Cuba fue un país receptor de inmigrantes, por lo que no es de extrañar que muchos cubanos descendamos en modo cercano de extranjeros.

Otro supuesto, nada raro en un país que se precia a sí mismo de internacionalista, es que los cubanos tengan descendencia mientras se encuentran en el exterior. Al momento de retornar a casa, los nuevos cubanitos, también ostentarían, por una razón absolutamente ajena a su voluntad, una ciudadanía foránea.

Diversas y harto conocidas son las razones que llevan a los cubanos a adquirir una ciudadanía extranjera, y no es este espacio el propicio para agotar el tema, solo agregaremos a modo de reflexión, que quizás hubiese sido más adecuado para el caso cubano mantener el requisito de ser ciudadano cubano por nacimiento y obviar lo referente a otras ciudadanías, de cara a la posibilidad de optar por los cargos de elección popular en cuestión.

Existe en el proyecto un mutis que desentona respecto a las modernas tendencias del Derecho constitucional:
en ningún momento el texto se pronuncia respecto al Banco Central de La República, y por tanto, tampoco hace alusión a la autonomía ni a las potestades que deben reconocérseles.

En contraste con el proyecto constitucional cubano, destacan textos regionales de técnica mucho más acabada, como el venezolano y el boliviano y en menor medida el ecuatoriano.

¿Quién nombrará al presidente y la junta directiva de esta institución? ¿Qué potestades podrá ejercer? ¿Qué garantías existen en cuanto a su autonomía?

La ausencia de un pronunciamiento, deja a la ley ese menester. El principal inconveniente de dejar una reserva absoluta de ley -es decir, que el legislador futuro esté encargado de regular todo lo concerniente al tema sin que la Constitución lo obligue a desarrollar determinadas pautas- es que justamente aquellos más próximos al legislador, son quienes suelen ser las principales amenazas para la autonomía de la institución bancaria.

Pírrica victoria nos apuntamos aquellos que no estuvimos de acuerdo con el procedimiento dedocrático de selección de los gobernadores provinciales. Haciendo ademán de dar su brazo a torcer, pero cambiando para que todo se mantenga igual, el texto constitucional exige la ratificación del candidato presidencial por parte de los delegados municipales. Tomando en cuenta nuestra tradición de amplios consensos,

es de suponer que pocas veces le será negado al presidente el beneplácito municipal.

Hay otros aspectos más técnicos, que quizás escapen al escrutinio del ciudadano común.
Uno de los elementos más elogiables de nuestra maquinaria judicial es la incorporación de la figura del juez lego.

Esta persona, no es más que un ciudadano común y corriente sin especiales conocimientos de derecho cuya función es garantizar la participación ciudadana en la administración de justicia.

Previamente al dictado de la sentencia, los tribunales comunes deben esclarecer dos tipos de cuestiones: ¿qué fue lo que pasó? -o sea, cuestiones relativas a los hechos- y la trascendencia jurídica de los mismos -es decir, cuestiones de derecho-.

Por otra parte, los Tribunales Supremos -no solamente en Cuba sino en casi todos los países- no suelen resolver cuestiones referentes a los hechos, sino aquellas relativas a la interpretación y aplicación de la ley – cuestiones de derecho-.

En este sentido, la presencia de personas no entendidas en derecho resultan de escasa utilidad. Los tribunales de instancia -que en Cuba son los municipales y los provinciales- deben celebrar una vista, es decir un juicio, donde se ventilan cuestiones propias de la vida cotidiana que bien pueden ser entendidas por cualquier persona. Por su parte, el análisis que deben realizar los jueces del Tribunal Supremo es en extremo técnico y requiere de un dominio de las ciencias jurídicas exquisito, por lo que realmente poco podrían aportar los jueces legos.

Tomando en cuenta lo anterior, coincido con el criterio de otros profesionales del derecho en que la presencia de estos ciudadanos no es imprescindible en el Alto Tribunal por lo que la postura que adopta al respecto el proyecto de Constitución, al igual que la vigente, no es la más atinada.

Un aspecto que ciertamente dejaría desconcertado a más de un jurista foráneo -y a algunos cubanos también-, es la posibilidad prevista en el artículo 208, de que miembros en activo de las Fuerzas Armadas puedan ejercer el derecho al sufragio pasivo -ser electos-.

El inevitable riesgo de politizar el ejército ha llevado a la mayoría de las Constituciones a prohibir, muy sabiamente, el ejercicio de este derecho a los uniformados en tanto se encuentren en servicio.

El contexto socio-político cubano hasta ahora no se ha tornado lo suficientemente polémico como para provocar un cisma a lo interno del ejército, pero ante el posible advenimiento de un escenario político mucho más polarizado, sería mejor precaver que tener que lamentar.

La cláusula de intangibilidad prevista en el artículo 229 me hacen recordar aquella frase pronunciada por cierto personaje tristemente célebre:

todo ha quedado atado y bien atado, pero al igual que al autor de esta expresión, poco éxito le auguro en un futuro a la cláusula.

Debe aclararse que el rechazo a la intangibilidad no supone necesariamente oposición a lo que ella encierra. La disposición atenta abiertamente contra la soberanía popular: una norma debe su imperio y vigencia a la voluntad del soberano (el pueblo), la cual supuestamente encarna. La cláusula per se, no puede erigirse en su día en freno inexpugnable de la voluntad que supuestamente la sostiene.

El texto que se someterá a los cubanos ciertamente aventaja mucho a su antecesor. Aunque quizás se ha perdido una oportunidad preciosa para avanzar con paso firme y decidido en materia de institucionalidad, derechos y democracia, el articulado legal representa muchos retos para la sociedad.
Un indicador claro de la salud y vigor de la pujante sociedad civil cubana, será su capacidad efectiva de emplazar a las élites gubernamentales en pos del cumplimiento efectivo de esa Constitución que ellos mismos promovieron.

Tal vez sea relativamente fácil vaticinar qué ocurrirá el 24 de febrero, pero la Cuba que nos espera más allá del 25, aún está envuelta por un halo de misterio…

Leer parte IV

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